Afganistán busca su destino

"Nunca llegó con las tropas invasoras la tan cacareada democracia, la defensa de los derechos de los afganos, la prosperidad del país..."

Por Opazo

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Columnas / Mundo

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Por Pablo Jofré Leal

El país centroasiático vive hoy el ataque político y mediático de los mismos que durante dos décadas sumergieron al país en muerte y dolor. Hoy, las potencias occidentales, fundamentalmente Estados Unidos, Gran Bretaña y la Unión Europea, pretenden hacernos creer que el triunfo de los Talibán representa un peligro para la democracia y las sociedades de Asia, Europa y el mundo.

La pregunta que surge es: ¿Ese peligro es hoy más concreto que ayer? ¿Los Talibán representan la ocasión de destruir a Afganistán y someter a su población a la destrucción de hospitales, escuelas, su infraestructura básica, junto a la muerte de sus hombres, mujeres y niños?

Si la respuesta es positiva de aquellos que durante 20 años han sido ciegos, sordos y mudos frente a la ocupación que sufrió este país centroasiático desde octubre del año 2001 a la fecha, entonces se hace más necesario que nunca dar la lucha política y comunicacional para contrarrestar esa ignorancia, influenciada por la maquinaria manipuladora y desinformativa de las cadenas de televisión, medios impresos y redes sociales que domina el mundo occidental liderado por el imperialismo.

El triunfo de los Talibán es la expresión palpable del cambio de rumbo de la región y la necesidad de buscar vías de desarrollo al margen de la presencia de los poderes que durante décadas han usufructuado, usurpado y expoliado las riquezas minerales e hidrocarburíferas de Asia Central. Y, también se observa, a partir de la dinámica política que podemos vislumbrar en esta agrupación, una maduración que pretende aunar a parte importante de la sociedad afgana y concretar la construcción de lo que han denominado “una sociedad más inclusiva” que ha implicado hablar de respeto a los derechos de las mujeres, ampliar un llamado de solidaridad con la lucha de los pueblos de la región por su autodeterminación frente a las agresiones, sobre todo del sionismo (Palestina) como del wahabismo (Yemen).

Un Talibán que a contrapelo de su propio discurso antinorteamericano llegó a acuerdos con el propio ocupante como fue la reunión realizada en Doha el año 2020 entre representantes del gobierno del ex presidente estadounidense Donald Trump con miembros de los Talibán (sin presencia de representantes del gobierno afgano de la época presidido por Ashraf Ghani) donde Washington se comprometió a retirar sus tropas y liberar a 5 mil prisioneros, militantes de los talibán, y además retirar de la lista negra de “terroristas” a sus principales líderes.

La derrota de Washington y la OTAN en materia militar significó admitir, después de 20 años y decenas de miles de muertos afganos y la destrucción del país, que “no haya una solución militar a los desafíos que enfrenta Afganistán”. Sólo esa declaración debería merecer la condena internacional frente a las mentiras esgrimidas para invadir y ocupar Afganistán desde el año 2001. Falsedades repetidas hasta el hartazgo, para presentar un acto ilegal como necesario y avalado por organismos internacionales. Nunca llegó con las tropas invasoras la tan cacareada democracia, la defensa de los derechos de los afganos, la prosperidad del país.

Cada una de esas declaraciones se hundieron bajo un baño de sangre que significó, al menos, la muerte de decenas de miles de afganos entre hombres, mujeres y niños (1) y billones de dólares destinados a una guerra cruenta. Lo que se intensificó fue la desestabilización de la región centroasiática, como parte de la política de máxima presión contra Irán, la política de cerco a Rusia, los proyectos destinados a perjudicar el desarrollo del proyecto de la Nueva Ruta de la Seda y el impulso de las actividades de grupos terroristas, que desde Afganistán eran enviados a nutrir las bandas terroristas contra Irak, Siria, Libia. Unido a ello el desvergonzado aumento en el cultivo, producción y comercialización de la heroína, que tiene a Afganistán como el principal exportador mundial de esta droga, según la oficina de las Naciones Unidas para el combate a las drogas y el delito.

La presencia invasora de Estados Unidos y fuerzas de la OTAN en Afganistán se expresa por objetivos muy distintos a los señalados para el cuidado de su imagen y aparecer como defensores de una libertad que nunca es tal. La esencia de esta agresión radica en varios puntos, entre ellos: primero, dar impulso a nuevas guerras y con ello dinamizar el complejo militar industrial. Segundo, impulsar una presencia militar vecino a la República Islámica de Irán generando más desestabilización contra este país. Tener una base militar de envergadura cerca de Paquistán, la India y la Federación Rusa. Generar una presencia militar de envergadura, de dominio palpable, que le diera un control en una zona que está teniendo dinámicas de integración política, económica y militar alejada de las influencias europeas y norteamericanas, donde China tiene un papel relevante. Así, Washington, en el panorama geopolítico descrito, actúa en función de desestabilizar no sólo al país invadido, sino también a todo su entorno.

Mientras estadounidenses y británicos se han ido con la cola entre las piernas, los países de la región: Irán, Rusia, China, con todas las diferencias que tienen con los Talibán (mapa en el cual aparece, igualmente, Turquía, que quiere ampliar sus grados de influencia en su renovación de la política de profundidad estratégica), son plenamente conscientes que sólo el camino de fortalecer los lazos de cooperación con el nuevo poder en Afganistán permitirá estabilizar la región centroasiática y con ello Asia Occidental.

El presidente ruso, Vladimir Putín, cuyo gobierno sigue considerando a los Talibán como un grupo terrorista, afirmó que “los 20 años de guerra y presencia de Estados Unidos en Afganistán fueron una tragedia. Los soldados estadounidenses estuvieron presentes en este territorio por 20 años y en ese tiempo trataron de ‘civilizar’ a las personas que viven allí, para inculcar sus propias normas y estándares de vida. El resultado es solo tragedias y pérdidas para Estados Unidos y más aún para las personas que viven en Afganistán» (2).

Han sido veinte años con fuerzas extranjeras dominando la vida política de Afganistán, destruyendo toda posibilidad a mediano plazo de reconstruir relaciones entre las distintas tribus y clanes que habitan el país. Generando resquemor, destrucción de lazos, inseguridad, desconfianza.

A diferencia de Estados Unidos y sus aliados occidentales, los gobiernos de Rusia y China, a pesar de sus diferencias con los Talibán -insisto-, permanecen en el país y se han entrevistado con sus líderes, quienes han garantizado la seguridad de sus representaciones diplomáticas, personal y ciudadanos afincados en Afganistán, incluso con perspectivas de mayor acercamiento dependiendo de sus acciones, como sostuvo el responsable especial para el Kremlin sobre Afganistán, Zamir Kabulov: “Nadie pretende darse prisa en este asunto” (3).

Las declaraciones de Moscú y su negativa a condenar a los Talibán siguiendo en ello la política occidental, permite visualizar que Rusia ha decidido tener una conducta definida como ”relativamente conciliadora” hacia las nuevas autoridades del país centroasiático, al reconocer su victoria y al mismo tiempo pedirles un ”diálogo nacional” para formar un gobierno representativo.

En el caso chino, recordemos que bajo el patrocinio del gobierno de ese país, un mes antes de la entrada de los Talibán a Kabul, se reunió en la ciudad china de Tianjin al confundador de los talibanes, Mulá Abdul Ghani Baradar, con el ministro de Exteriores chino, Wang Yi. Allí quedó explicito que la política exterior del gigante asiático está signada por lo que haga o deje de hacer Estados Unidos y que reconoce al movimiento afgano como un interlocutor válido, asegurando, además, que no se efectuarán operaciones militares desde suelo afgano a la zona fronteriza entre ambos países.

La promesa de los Talibán, en este último punto, refiere a que se frene y combata cualquier posibilidad que el Movimiento Islámico de Turquestán Oriental (ETIM, por sus siglas en inglés), un grupo uigur al que Beijing acusa de terrorista y de actuar en la región de Xinjiang, pueda efectuar operaciones terroristas, siendo visualizado por China como una amenaza directa a su seguridad nacional.

Irán, vecina en su frontera occidental con Afganistán, ha señalado que es fundamental prestar atención a la situación de su vecino y que desde Teherán se hará todo lo posible para promover el diálogo y la paz que permita contender con los resultados de una ocupación de 20 años, que ha generado refugiados, desplazados, destrucción y muerte.

El portavoz de la Cancillería de Irán, Said Jatibzade señaló que “esperamos que la comunidad internacional y las instituciones responsables presten mucha atención al tema de los desplazados, especialmente en el contexto del brote del coronavirus, y se apresuren a cumplir con sus deberes inherentes: ayudar a estas personas desplazadas sin perder el tiempo, protegiendo a los afganos, en particular los civiles, durante los rápidos acontecimientos que se suceden en el país, además de urgir a que todas las partes muestren moderación y no permitan que grupos violentos abusen de la geografía de Afganistán”.

”La República Islámica de Irán tiene muchos puntos en común históricos, de civilización y culturales con Afganistán y ha estado al lado del pueblo vecino musulmán con todas sus fuerzas, a pesar de las dificultades y limitaciones en todos los períodos críticos e importantes de su historia. […] estaremos a su lado como siempre en este momento crucial y haremos todo lo posible para lograr la paz y la tranquilidad”. (4)

El grupo Talibán asegura que el futuro gobierno de Afganistán estará en concordancia con los intereses nacionales y los deseos del pueblo afgano. El portavoz, Zabiolá Muyahid, destacó que las relaciones con la población han mejorado significativamente. Asimismo, dijo que las relaciones con Estados Unidos serán en base a las normas internacionales. Hace unos días, en una entrevista con Iran Press, Muyahid dijo que el gobierno del futuro de Afganistán será inclusivo. Por otra parte, en cuanto a las relaciones internacionales, dijo que las establecerá en base a las normas internacionales, señalando que lo que no se aceptará es la continuidad de las hostilidades. Muyahid dijo que el próximo gobierno establecerá lazos con todo el mundo, e instó a los países europeos que han optado por no reconocer a Talibán, a optar por la cooperación y la diplomacia en lugar de buscar enemistades.

Asimismo, aseguró que Talibán no permitirá ataques a embajadas y las protegerá, y que frenará el tráfico y el cultivo de drogas, hecho que, según el alto dirigente, se fortaleció hasta alturas descomunales, durante la presencia de las fuerzas foráneas.

En general, al analizar declaraciones de cancillerías de los diversos continentes, se advierte desconfianza respecto al nuevo gobierno de los Talibán hasta que se concreten las promesas efectuadas respecto al carácter inclusivo de su gobierno y la dirección que llevará en el plano internacional. Hoy, el centro de las preocupaciones, signadas por la propia población afgana, es la situación económica, y que será también el área fundamental para trabajar por el gobierno de los Talibán, que al parecer será presidido por el Mulá Baradar que luchará por “evitar el colapso de la economía y luchar contra la sequía y los estragos de una guerra de 20 años. Los mismos temas demandados por la gente”.

Por su parte, la Organización de las Naciones Unidas (ONU), por voz del representante especial adjunto del Secretario de las Naciones Unidas para Afganistán, Ramiz Alakbarov, advirtió sobre la catástrofe humanitaria que se avecina para Afganistán después de 20 años de ocupación y que se enmarca en una pandemia sanitaria por el Covid 19, la sequía que asola su territorio y la escasez de ayuda internacional (5). La Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) a su vez, ha solicitado a los países vecinos de Afganistán que no impidan la llegada de refugiados, y que no cierren sus fronteras, para así evitar los pronósticos de una catástrofe humanitaria.

Más allá de las lógicas preocupaciones frente al nuevo gobierno Talibán no olvidemos las fuerzas que han ocupado e invadido el país y que no quieren perder influencia en la zona. El interés de Estados Unidos y sus aliados incondicionales, entre ellos Gran Bretaña, es seguir teniendo presencia en una zona del mundo con una descomunal importancia geopolítica, económica, estratégica, de influencia en vastas zonas de Asia central, occidental, el Cáucaso sur y el extremo oriente, que genera en Washington la ambición de conservar poder e influencia, cada día más y más cuestionada, pero aún presente.

Una situación de inestabilidad que se une al peligro de revivir una guerra civil con el levantamiento de grupos opositores a los Talibán, agrupados en el llamado Frente de Resistencia Nacional Afgana, liderados por Ahmad Masud, quien ha convocado a una lucha frontal contra los Talibán, llamado este desde el norteño Valle de Panjshir, bajo la premisa de que “al contrario que sus proclamas, los talibán han demostrado que no creen en la Sharia (ley islámica), ni en el Corán, y tampoco obedecen las legítimas demandas del pueblo afgano… es la comunidad internacional responsable de facilitar la toma del poder por parte de los Talibán y observando en silencio los ataques de los insurgentes contra la provincia de Panjshir”. (6)

Esa permanencia de Washington se expresa en materia militar: tropas, bases militares en gran parte de la región, influencia económica y sobre todo, el interés estratégico de seguir presionando a la República Islámica de Irán, cercar a la Federación Rusa presionándola constantemente con el avance de la OTAN hacia sus fronteras occidentales. Una zona rica en hidrocarburos, en oleoductos y gasoductos. Un mercado donde se sitúa casi la mitad de la población mundial y dotado de enormes proyecciones y del cual Estados Unidos rehúsa desaparecer. Pero sobre todo, es una región que es cruce del enorme proyecto denominado “La Nueva Ruta de la Seda”, en el cual Washington no es un invitado, con todo lo que ello conlleva para la pérdida de influencia global del imperialismo.

En ese plano, su salida plena de Afganistán puede ser sólo circunstancial y ello implica estar alertas y acelerar la conformación de un bloque regional de oposición a la presencia occidental, que procure su salida de todos los países donde se encuentra inserto.

NOTAS

  1. El proyecto, “Costos de la Guerra de la Universidad Brown”, en Rhode Island, calcula que el costo acumulado de las operaciones de guerra en Afganistán y Pakistán es de 2.31 billones de dólares (billones en el mundo hispano), lo que para Estados Unidos serian 2.5 Trillones dos millones y medio de millones de dólares. Y escuche esto, esas enormes cantidades de efectivo no incluyen los gastos futuros más altos; la atención de por vida para los veteranos de Estados Unidos y sobre todo los pagos de intereses futuros sobre el dinero que el gobierno pidió prestado para financiar la guerra. https://www.latimes.com/espanol/eeuu/articulo/2021-09-04/afganistan-el-barril-sin-fondo-costo-300-millones-de-dolares-diarios-a-estados-unidos
  2. https://www.elmostrador.cl/dia/2021/09/01/presencia-de-ee-uu-en-afganistan-dejo-solo-tragedias-y-perdidas-dice-putin/
  3. https://www.dw.com/es/rusia-reconocer%C3%A1-o-no-al-gobierno-de-los-talibanes-seg%C3%BAn-su-comportamiento/a-58876546
  4. https://www.hispantv.com/noticias/politica/497442/iran-paz-taliban-afganistan
  5. https://www.hispantv.com/noticias/afganistan/498250/onu-catastrofe-humanitaria-eeuu#:~:text=La%20ONU%20advierte,estadounidense%20del%20pa%C3%ADs.
  6. http://www.hispantv.com/noticias/afganistan/498475/ahmad-masud-resistencia-levantamiento-nacional. Según señala en este artículo el medio iraní Hispantv, el valle de Panjshir es una zona geográfica famosa por ser el lugar de la resistencia ante las fuerzas soviéticas en la década de 1980 y ante los talibanes, que nunca lograron hacerse con ella.


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