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Arrate debe pasar a la ofensiva

Si la tendencia se mantiene en sus líneas centrales, y si Enríquez-Ominami no manipula su propio ADN concertacionista para hacer campaña por Piñera en segunda vuelta, todo indica que Frei Jr. será de nuevo presidente de Chile. El escenario probable es que los ánimos caldeados se apacigüen y que después de arreglines y pactos en la madrugada del 14 de diciembre, se recompongan illico presto las relaciones entre las cúpulas del Concertacionismo freísta y las del neo-concertacionismo de Enríquez-Ominami. Pese a las riñas tribales es la misma matriz, el mismo habitus, los mismos intereses, que se reencontrarán. Guillermo Teillier acaba de declarar que él también estará en el baile.

Algunos ministerios para Enríquez y sus allegados, es un estratagema muy plausible como moneda de cambio para el regreso al redil.

Porque la estrategia comunicacional de M. Enríquez-O. para medirse con el liberal Piñera en segunda vuelta, cuya médula era parecer intransigente ante algunas taras del concertacionismo freísta, a todas luces, fracasó.

Evidente. Enríquez-O. buscó  y busca conservar su electorado de derecha sin plantear la necesidad de la transformación de las estructuras oligárquicas, ni el término de la concentración del poder económico capitalista. Tampoco insistió ni insistirá de manera convincente en la necesidad de una ruptura democrática con la institucionalidad postdictadura. Para lograrlo nunca convocó ni convocará a la constitución de un amplio movimiento ciudadano con potencial de cambio. Aquí no hay audacia juvenil; hay conformismo con los viejos paradigmas. Es el viejo miedo pánico al movimiento social que sigue espantando hoy a los políticos sistémicos de linaje progresista-liberal.

Centrar sus críticas en lo accesorio fustigando mediáticamente a Frei a partir de la retórica del cambio, o más bien del recambio generacional de las elites en el poder, no le dio los resultados esperados al candidato de la retórica díscola. Por supuesto, Piñera, el empresario neoliberal, tiene su 36% asegurado.

A la izquierda consecuente, que reconoce en Jorge Arrate buena parte de su discurso y crítica de fondo a las estructuras económico-sociales generadoras de desigualdad social, los avances retóricos acerca del cambio no le hacen mella. Tampoco la utilización propagandísticas que del nombre de Allende comienza a hacer Frei en sus discursos.

Pero lo que sí preocupa (a los ciudadanos de izquierda) es que Arrate prefiera aparecer como un simpático amaestrador de canes en la franja TV, en vez de politizar los debates en los espacios mediáticos. O que no le dé contenido rupturista a la propuesta y al “ser” de izquierda de Alejandro Goic en la franja.

Lo que no es predecible es el factor humano. El de la decisiones de la voluntad y el paso a la acción después del sereno análisis y diseño de los objetivos estratégicos.

Arrate debe destruir falsas ilusiones.  No le queda otra que ser el tribuno que dé buen uso a sus capacidades comunicativas.  Se espera que sea un crítico agudo y radical del sistema concertacionista. Y el pedagogo que recuerde infatigablemente que el capitalismo vive una crisis profunda y que en los años que vienen las mayorías asalariadas seguirán chocando, como hoy los profesores, con la intransigencia de los administradores criollos de la globalización capitalista.

Hay que tener la audacia y lucidez de mostrar de manera inteligente las aporías del sistema que silencia. ¿Cómo es posible que Andrés Velasco sea impopular en la cámara y popular en la calle? ¿Cómo es posible que a la Presidenta se la reconozca internacionalmente como feminista y que en Chile ella nunca haya intervenido pública y claramente en favor del derecho de las mujeres a ejercer su autonomía y libertad en las decisiones acerca de su cuerpo (a desdramatizar y promover el derecho al aborto)? ¿Qué progresismo es éste que no reconoce derechos de género fundamentales y acepta una profunda desigualdad social que se arrastra, gobierno tras gobierno?  ¿Cuál es la naturaleza política de un régimen donde han sido asesinados, detenidos y privados de sus derechos militantes de la etnia y Nación Mapuche?

La izquierda que apoya a Arrate ya integró lo esencial del “progresismo” à la mode, pero desde una perspectiva de conflicto entre intereses de clases. Por lo mismo, el 5 o 7% de Arrate es poco o casi nada.

Jorge Arrate lo sabe. El derecho a la diferencia significa que éstas sólo pueden ser vividas de manera legítima, auténtica y libre en un contexto de ausencia de dominación política, económica y social. Por lo mismo, el socialismo sigue planteando la transformación de las estructuras político-sociales de explotación y su reemplazo por formas solidarias y democráticas de vida. Urge una alternativa de izquierda y una propuesta de sociedad solidaria cara al porvenir.

En este sentido hay que despertar a la izquierda de estirpe libertaria y emancipadora que nunca comulgó  con las ruedas de carretas del “derrumbe de los muros y de todas las certezas”, ni con la retórica vacua de las renovaciones neoliberales socialdemócratas o la del “hay que hacer cambios” … para que, bien sabemos, nada cambie.

Las certezas de la izquierda son razonables y han cobrado plena vigencia. Del puro relato hay que pasar a la acción. La crisis civilizacional que hoy vivimos tiene sus raíces en el modo de producción y reproducción del capitalismo histórico. Las crisis son cíclicas y la financiera sólo una manifestación de los intentos capitalistas por aumentar sus utilidades afinando sus instrumentos especulativos e ignorando las necesidades sociales. Los capitalistas querrán seguir aumentando las tasas de ganancia y las maneras de hacerlo ya las analizó con elegancia y brío el Viejo Moro en Das Kapital. Por lo mismo las resistencias obreras y populares sólo comienzan. Basta con ver en otras tierras como ellas se rearticulan, configuran y avanzan para oponerse a las estrategias del Capital.

Armado de estas certezas, Jorge Arrate debe rediseñar su estrategia electoral. El candidato debe explicar los retos inmediatos que viven en Chile los jóvenes desocupados, el sindicalismo, los trabajadores, las mujeres y el pueblo mapuche. El candidato de izquierda debe pasar a la ofensiva. Sólo así despegará del miserable 5 a 7% de intenciones de votos y dejará su marca en la historia del socialismo chileno y en las luchas por un mundo mejor.

Por Leopoldo Lavín Mujica

www.leopoldolavin.com

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