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Chile: voto y anarquismo, una opinión proactiva

Las elecciones en tiempos de revuelta son una táctica de vuelta a la normalidad

Por Wari

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Columnas

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Las elecciones en tiempos de revuelta son una táctica de vuelta a la normalidad. Tan es así que el sistema parlamentario resuelve formalmente sus crisis con elecciones. Por ello las elecciones que vienen en Chile son una forma que tiene la élite chilena de forzar la normalidad en el país. A esta altura eso lo sabe todo mundo, no solo lxs anarquistas.

La única elección que podría ser distinta y, que de hecho, es contradictoria con las otras es la elección de constituyentes. La convención constitucional, la nueva constitución que salga de ahí, podría cambiar incluso la periodicidad de las elecciones, su formato, su sistema de reparto de cargos electivos, todo. Del formato cuatrienal actual podría pasar a uno trienal o bianual. O resolver que los cargos se designarán por sorteo, que las fechas de las elecciones serán distintas, que el organismo encargado del tema electoral será otro que el Servel. Es decir, la elección de constituyentes pone en jaque y en entredicho las otras elecciones, las municipales, regionales y presidenciales.

Si la maquinaria política fuese honesta, nos hubiese dicho, nos hubiese contado ese detalle. Pero no es honesta y busca que creamos que seguimos en los 30 años que no eran 30 pesos. Todas esas elecciones municipales, regionales, presidenciales, debieran ser declaradas una broma o un “por mientras” en espera de los resultados de la convención constitucional. Pero no, nos quieren convencer de que las cosas no han cambiado. Que seguimos en el mismo loop aburrido de las mismas elecciones de siempre que nada eligen.

La elección constituyente es la única elección disruptiva, forzada, no querida en estos ahora más de 30 años. Por ello le bajan el perfil, la quieren llenar de gente normalizada, que dé una vuelta en círculo para volver al mismo sitio. Quieren una constitución que no instituya nada. Frente al sueño de alguna gente progresista de “rodear la constituyente”, la vieja élite quiere “llenar la constituyente” para que no pase nada.

La realidad por suerte es más eficiente, y la anormalidad que se vive desde octubre de 2019 encuentra su cauce. Y es posible, solo posible, que alguna gente que cumple ciertos requisitos de anormalidad, es decir, que no es ex-nada (no es ex militante de partido, no es ex ministra, no es ex alcalde o ex diputada) que no forma parte ni quiere formar parte de la élite, que no tiene compromisos con el militarismo ni con el patriotismo, que es parte orgánica de movimientos sociales que han estado en la lucha estos 30 años, bueno, es posible que esa gente entre como constituyente y prosiga la revuelta ahí dentro.

Porque ese llamado a “rodear la constituyente” no es más que una actualización del viejo lobby, cosa de profesionales y pitutos, algo absolutamente domesticado por la élite, Inútil para cambios de verdad, cambios que se producen cuando la gente honestamente pone sus intereses sobre la mesa y no los que la élite quiere.

Una opción entre rebelde y revolucionaria para esta temporada electoral es no votar en ninguna elección que no sea la constituyente. Y en esa elección por gente que cumpla esos requisitos de no ser ex – nada. En algunas listas, en algunos lugares, hay gente así. Que capaz y deje “la embarrá” dentro de ese espacio físico que será la convención constituyente. Yo no voto, por ejemplo, por razones de objeción de conciencia, y creo que, por ejemplo, la Pancha FranciscaFernández, del movimiento feminista, que se candidatea a la constituyente en el distrito 10, cumple con esos requisitos. Como ella, habrá otras en otros lugares.

Aun así, romper con este forzamiento electoral a la normalidad no es suficiente, no alcanza. Los ricos sostienen las campañas de sus representantes, financian la vuelta a la normalidad. ¿Qué estrategia social de quitarle la riqueza que los ricos nos roban hay? Aparte de retirar el 10, 20, 30, 100% de los dineros de las AFPs para entregarlos a las pocas asambleas autogestionadas, ollas comunes, sindicatos combativos que quedan. ¿Qué iniciativas de conflictividad social contra los poderes viejos y nuevos (narco, energéticas “verdes”) se pueden sostener mediante luchas escalonadas? Es decir, cómo contrarrestar la normalidad que apesta con una anormalidad que instituye y propone.

Una opinión anarquista proactiva sería no votar y llamar a no votar en nada que no sea la constituyente y en ésta por perfiles bien concretos que rompan la convención y la vuelvan una asamblea que coordine con las asambleas ya existentes. Y eso, con ánimo de molestar y con toda la desconfianza del mundo puesto que, con todo, es una elección, es decir todo lo contrario a la participación política real y concreta que propone el anarquismo.

Por Pelao Carvallo

6 de mayo de 2021


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