Cinismo sin límites

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arevalo De insólita, no de otra forma puede calificarse la conducta de los voceros políticos y demás trompeteros venezolanos y extranjeros que con desvergüenza total pregonan malos augurios y peores deseos a los venezolanos y al sistema democrático revolucionario.

 

Censurar al Gobierno del Presidente Maduro por una presunta “detención arbitraria y violenta” del encauzado Ledezma es poco menos que un chiste. En realidad, para el caso se aplicaron las medidas dictadas en acato a las leyes y procedimientos de un juez ante una solicitud de la Fiscalía con suficientes elementos e indicios probatorios.

 

Efectivamente hubo violencia por parte de la policía pretoriana de Ledezma que desaforadamente, y luego que a este se le había ubicado en el vehículo de traslado, dispararon al aire para armar el consabido Show.

 

También el trompeterismo internacional acusa al Gobierno de golpear a Ledezma. En tres oportunidades, en apenas en tres días, alcaldes opositores y familiares, así como su abogado, han declarado abiertamente que “Ledezma está bien, tranquilo y sereno”; “no existen evidencias de haber sido golpeado”. Por supuesto, los medios nada de esto informarán.

 

Es clara la campaña de doble cinismo; de un lado desinformar y mal informar y del otro, sujetarse a la estrafalaria tesis de que Maduro por re o por fa, porque a los EEUU le da su real gana, debe entregar el Poder. Son quince años de resistencia, y vamos a más quienes soñamos con una sociedad justa, inclusiva a prueba de balas contra los cañonazos neoliberales, y además, anticapitalista y antiimperialista.

 

Una primerísima obligación política y moral de un gobernante democrático es precisamente salvar la Democracia, esto es no dejarse derrocar. Seria indigno no hacerlo. El Presidente Maduro aprendió del Presidente Chávez y este a su vez de Arbenz, Allende, Mogshader, Lugo y Zelaya, entre centenas de casos en los que los poderes fácticos mundiales arrollan y maltratan pueblos.

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Y es que de tanto airear mentirillas, condenas y maldiciones, y sin recato alguno, terminan los trompeteros coincidiendo y aupando al  “torcedor de brazos” y de cara al viento sin pestañar se acogen a la propuestas de Uribe; Dios los cría…así de simple.