Discurso piñerista y distorsión mediática de los 33 mineros

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Cuando el Presidente Piñera se presenta más preocupado por la imagen internacional de Chile que por anunciar medidas legales concretas para remediar la situación de precariedad y desprotección generalizada en la cual viven la mayoría de los trabajadores, está poniendo en entredicho sus propias declaraciones. De paso nos revela que adolece del síndrome del wishfull thinking: tomar sus deseos por la realidad.

Queda claro el problema de divorcio con el mundo real que tiene el Presidente cuando declara al cotidiano británico Times que,  “Chile será recordado y reconocido no por Pinochet, sino como un ejemplo de unidad, liderazgo y coraje, fe y éxito”. Porque cuando estos términos ocultan las vivencias de los mineros, al referirse ellos mismos a sus días de encierro en el socavón 700 metros abajo, en términos de solidaridad, cooperación y  esperanza construida compartiendo comida, penas y alegría por igual, vemos que la elección de los términos utilizados por el Presidente-empresario no son neutros sino que reflejan propósitos.

La reconstitución de los hechos impone una evidencia, ¿le quedaba acaso otra opción al presidente y acaudalado empresario de un país exportador  de minerales, territorio no sólo abierto a la explotación voraz de los recursos naturales de las grandes multinacionales y que mantiene, desde la dictadura pinochetista, una de las peores legislaciones laborales que se conocen en el mundo, no haber hecho todo lo humana y tecnológicamente posible para rescatar a los 33 trabajadores enterrados vivos por la desidia empresarial?

Por lo tanto, ¿liderazgo de quién?, ¿de Piñera, de Laurence Golborne, de la tecnología minera transformada en demiurgo, o capacidad de los propios trabajadores de organizarse solidariamente ante la adversidad para salir adelante y enfrentarse al imperio mediático irrespetuoso que espectaculariza la realidad y fragmenta y succiona información para deformar las vivencias?

¿Olvidó Piñera el perentorio “sáquenos de aquí Ministro” de uno de los mineros, recordándole, a L. Golborne, el hombre del poder empresarial minero en el Gobierno, la responsabilidad de su Estado ante la catástrofe?

Si establecemos un par de enlaces  lógicos en nuestras mentes, ¿no aprehendemos que si los mineros estuvieron enterrados vivos fue debido a la aplicación concreta y práctica de la ideología empresarial del lucro y la ganancia a toda costa de la cual Piñera es, en la vida real junto con los Luksic y un puñado de magnates mineros más, uno de sus máximos exponentes? De una ideología que le da al Estado un rol subsidiario en la fiscalización de las condiciones de seguridad en el trabajo y de una legislación deficiente.

Es un problema grave. El Presidente prefiere hacer propaganda apoyándose en el bombardeo mediático (en parte para ocultar la huelga de los Presos Políticos mapuche) de los medios, en vez de dar signos concretos que la situación de los trabajadores chilenos va a cambiar. Ya no basta con decir,  “Aquí no habrá impunidad”  o “los empresarios deben cuidar sus trabajadores” para que los mineros y trabajadores en general dejen de vivir cotidianamente el riesgo permanente de la muerte… cuando trabajan.

En efecto, la misma realidad vino a desmentir la euforia mediático presidencial del reality show, cuando al día siguiente del rescate, un joven minero de 26 años perdió la vida en otro accidente minero más.

Pero lo que más impacta es la tentativa tanto del Estado como del dispositivo mediático de deformar la experiencia colectiva de los mineros y de trastocar los valores forjados en la unidad solidaria por la supervivencia. Al esfuerzo colectivo mutuo, solidario y cooperativo se le opone la exaltación del individuo al que se le ofrece dinero para vender su relato. Tal tratamiento informativo busca dividir  la experiencia colectiva poniendo énfasis en las personalidades individuales y no en la práctica de la puesta en común del esfuerzo individual. Es el grupo el que da fuerza; el individualismo divide y fragiliza.

Con su poder de deformar lo ocurrido, la ideología dominante marcada por los valores del individualismo y con el concurso de los medios y del relato periodístico banal quiere apropiarse de la experiencia de los trabajadores y disolverla.

El Estado y el dispositivo mediático comienzan a contar “su” versión de la gesta de los 33 mineros.  Así es como el Presidente Piñera querrá pasearse ufano en una Europa convulsionada por la movilización de los trabajadores en contra de los planes de austeridad y los recortes presupuestarios de los gobiernos de derecha. Querrá contar él, a su manera, los hechos vividos por otros.

Piñera resaltará los valores que su clase empresarial busca imponer y proyectar sobre las experiencias compartidas de los trabajadores: “la abnegación”, el “sacrificio”, el “liderazgo” personal y no el colectivo, el “individualismo” a la hora de negociar contratos. Serán los propios mineros quienes seguirán  luchando esta vez porque su experiencia colectiva y solidaria por la supervivencia triunfe y perdure. Porque aparezcan  los valores de la tradición de unidad y lucha de los trabajadores chilenos. Que son en gran parte una vivencia de clase: de la clase trabajadora solidaria ante  las prácticas competitivas, individualistas y afanadas por el lucro de los empresarios mineros.

Por Leopoldo Lavín Mujica

El discurso piñerista y la campaña de distorsión mediática de las vivencias de los 33 mineros

Por Leopoldo Lavín Mujica

Cuando el Presidente Piñera se presenta más preocupado por la imagen internacional de Chile que por anunciar medidas legales concretas para remediar la situación de precariedad y desprotección generalizada en la cual viven la mayoría de los trabajadores, está poniendo en entredicho sus propias declaraciones. De paso nos revela que adolece del síndrome del wishfull thinking: tomar sus deseos por la realidad.

Queda claro el problema de divorcio con el mundo real que tiene el Presidente cuando declara al cotidiano británico Times que, “Chile será recordado y reconocido no por Pinochet, sino como un ejemplo de unidad, liderazgo y coraje, fe y éxito”. Porque cuando éstos términos ocultan las vivencias de los mineros, al referirse ellos mismos a sus días de encierro en el socavón 700 metros abajo, en términos de solidaridad, cooperación y esperanza construida compartiendo comida, penas y alegría por igual, vemos que la elección de los términos utilizados por el Presidente-empresario no son neutros sino que reflejan propósitos.

La reconstitución de los hechos impone una evidencia, ¿le quedaba acaso otra opción al presidente y acaudalado empresario de un país exportador de minerales, territorio no sólo abierto a la explotación voraz de los recursos naturales de las grandes multinacionales y que mantiene, desde la dictadura pinochetista, una de las peores legislaciones laborales que se conocen en el mundo, no haber hecho todo lo humana y tecnológicamente posible para rescatar a los 33 trabajadores enterrados vivos por la desidia empresarial?

Por lo tanto, ¿liderazgo de quién?, ¿de Piñera, de Laurence Golborne, de la tecnología minera transformada en demiurgo, o capacidad de los propios trabajadores de organizarse solidariamente ante la adversidad para salir adelante y enfrentarse al imperio mediático irrespetuoso que espectaculariza la realidad y fragmenta y succiona información para deformar las vivencias?

¿Olvidó Piñera el perentorio “sáquenos de aquí Ministro” de uno de los mineros, recordándole, a L. Golborne, el hombre del poder empresarial minero en el Gobierno, la responsabilidad de su Estado ante la catástrofe?

Si establecemos un par de enlaces lógicos en nuestras mentes, ¿no aprehendemos que si los mineros estuvieron enterrados vivos fue debido a la aplicación concreta y práctica de la ideología empresarial del lucro y la ganancia a toda costa de la cual Piñera es, en la vida real junto con los Luksic y un puñado de magnates mineros más, uno de sus máximos exponentes? De una ideología que le da al Estado un rol subsidiario en la fiscalización de las condiciones de seguridad en el trabajo y de una legislación deficiente.

Es un problema grave. El Presidente prefiere hacer propaganda apoyándose en el bombardeo mediático (en parte para ocultar la huelga de los P.P mapuche) de los medios, en vez de dar signos concretos que la situación de los trabajadores chilenos va a cambiar. Ya no basta con decir, “Aquí no habrá impunidad” o “los empresarios deben cuidar sus trabajadores” para que los mineros y trabajadores en general dejen de vivir cotidianamente el riesgo permanente de la muerte… cuando trabajan.

En efecto, la misma realidad vino a desmentir la euforia mediático presidencial del reality show, cuando al día siguiente del rescate, un joven minero de 26 años perdió la vida en otro accidente minero más.

Pero lo que más impacta es la tentativa tanto del Estado como del dispositivo mediático de deformar la experiencia colectiva de los mineros y de trastocar los valores forjados en la unidad solidaria por la supervivencia. Al esfuerzo colectivo mutuo, solidario y cooperativo se le opone la exaltación del individuo al que se le ofrece dinero para vender su relato. Tal tratamiento informativo busca dividir la experiencia colectiva poniendo énfasis en las personalidades individuales y no en la práctica de la puesta en común del esfuerzo individual. Es el grupo el que da fuerza; el individualismo divide y fragiliza.

Con su poder de deformar lo ocurrido, la ideología dominante marcada por los valores del individualismo y con el concurso de los medios y del relato periodístico banal quiere apropiarse de la experiencia de los trabajadores y disolverla.

El Estado y el dispositivo mediático comienzan a contar “su” versión de la gesta de los 33 mineros. Así es como el Presidente Piñera querrá pasearse ufano en una Europa convulsionada por la movilización de los trabajadores en contra de los planes de austeridad y los recortes presupuestarios de los gobiernos de derecha. Querrá contar él, a su manera, los hechos vividos por otros.

Piñ

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Por Leopoldo Lavín Mujica

Cuando el Presidente Piñera se presenta más preocupado por la imagen internacional de Chile que por anunciar medidas legales concretas para remediar la situación de precariedad y desprotección generalizada en la cual viven la mayoría de los trabajadores, está poniendo en entredicho sus propias declaraciones. De paso nos revela que adolece del síndrome del wishfull thinking: tomar sus deseos por la realidad.

Queda claro el problema de divorcio con el mundo real que tiene el Presidente cuando declara al cotidiano británico Times que,  “Chile será recordado y reconocido no por Pinochet, sino como un ejemplo de unidad, liderazgo y coraje, fe y éxito”. Porque cuando éstos términos ocultan las vivencias de los mineros, al referirse ellos mismos a sus días de encierro en el socavón 700 metros abajo, en términos de solidaridad, cooperación y  esperanza construida compartiendo comida, penas y alegría por igual, vemos que la elección de los términos utilizados por el Presidente-empresario no son neutros sino que reflejan propósitos.

La reconstitución de los hechos impone una evidencia, ¿le quedaba acaso otra opción al presidente y acaudalado empresario de un país exportador  de minerales, territorio no sólo abierto a la explotación voraz de los recursos naturales de las grandes multinacionales y que mantiene, desde la dictadura pinochetista, una de las peores legislaciones laborales que se conocen en el mundo, no haber hecho todo lo humana y tecnológicamente posible para rescatar a los 33 trabajadores enterrados vivos por la desidia empresarial?

Por lo tanto, ¿liderazgo de quién?, ¿de Piñera, de Laurence Golborne, de la tecnología minera transformada en demiurgo, o capacidad de los propios trabajadores de organizarse solidariamente ante la adversidad para salir adelante y enfrentarse al imperio mediático irrespetuoso que espectaculariza la realidad y fragmenta y succiona información para deformar las vivencias?

¿Olvidó Piñera el perentorio “sáquenos de aquí Ministro” de uno de los mineros, recordándole, a L. Golborne, el hombre del poder empresarial minero en el Gobierno, la responsabilidad de su Estado ante la catástrofe?

Si establecemos un par de enlaces  lógicos en nuestras mentes, ¿no aprehendemos que si los mineros estuvieron enterrados vivos fue debido a la aplicación concreta y práctica de la ideología empresarial del lucro y la ganancia a toda costa de la cual Piñera es, en la vida real junto con los Luksic y un puñado de magnates mineros más, uno de sus máximos exponentes? De una ideología que le da al Estado un rol subsidiario en la fiscalización de las condiciones de seguridad en el trabajo y de una legislación deficiente.

Es un problema grave. El Presidente prefiere hacer propaganda apoyándose en el bombardeo mediático (en parte para ocultar la huelga de los P.P mapuche) de los medios, en vez de dar signos concretos que la situación de los trabajadores chilenos va a cambiar. Ya no basta con decir,  “Aquí no habrá impunidad”  o “los empresarios deben cuidar sus trabajadores” para que los mineros y trabajadores en general dejen de vivir cotidianamente el riesgo permanente de la muerte… cuando trabajan.

En efecto, la misma realidad vino a desmentir la euforia mediático presidencial del reality show, cuando al día siguiente del rescate, un joven minero de 26 años perdió la vida en otro accidente minero más.

Pero lo que más impacta es la tentativa tanto del Estado como del dispositivo mediático de deformar la experiencia colectiva de los mineros y de trastocar los valores forjados en la unidad solidaria por la supervivencia. Al esfuerzo colectivo mutuo, solidario y cooperativo se le opone la exaltación del individuo al que se le ofrece dinero para vender su relato. Tal tratamiento informativo busca dividir  la experiencia colectiva poniendo énfasis en las personalidades individuales y no en la práctica de la puesta en común del esfuerzo individual. Es el grupo el que da fuerza; el individualismo divide y fragiliza.

Con su poder de deformar lo ocurrido, la ideología dominante marcada por los valores del individualismo y con el concurso de los medios y del relato periodístico banal quiere apropiarse de la experiencia de los trabajadores y disolverla.

El Estado y el dispositivo mediático comienzan a contar “su” versión de la gesta de los 33 mineros.  Así es como el Presidente Piñera querrá pasearse ufano en una Europa convulsionada por la movilización de los trabajadores en contra de los planes de austeridad y los recortes presupuestarios de los gobiernos de derecha. Querrá contar él, a su manera, los hechos vividos por otros.

Piñera resaltará los valores que su clase empresarial busca imponer y proyectar sobre las experiencias compartidas de los trabajadores: “la abnegación”, el “sacrificio”, el “liderazgo” personal y no el colectivo, el “individualismo” a la hora de negociar contratos. Serán los propios mineros quienes seguirán  luchando esta vez porque su experiencia colectiva y solidaria por la supervivencia triunfe y perdure. Porque aparezcan  los valores de la tradición de unidad y lucha de los trabajadores chilenos. Que son en gran parte una vivencia de clase: de la clase trabajadora solidaria ante  las prácticas competitivas, individualistas y afanadas por el lucro de los empresarios mineros.

era resaltará los valores que su clase empresarial busca imponer y proyectar sobre las experiencias compartidas de los trabajadores: “la abnegación”, el “sacrificio”, el “liderazgo” personal y no el colectivo, el “individualismo” a la hora de negociar contratos. Serán los propios mineros quienes seguirán luchando esta vez porque su experiencia colectiva y solidaria por la supervivencia triunfe y perdure. Porque aparezcan los valores de la tradición de unidad y lucha de los trabajadores chilenos. Que son en gran parte una vivencia de clase: de la clase trabajadora solidaria ante las prácticas competitivas, individualistas y afanadas por el lucro de los empresarios mineros.