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El MIR / Agosto 1965

Y desde aquel día de agosto no han pasado ni cincuenta ni cien años….

El hombre sin oficio y sin escuela sigue levantándose por las mañanas apesadumbrado y triste, y él sale con hambre también, sale al combate por el pan y la vida. Y aquel hombre cuando regresa a su casa es la misma que dejó por la mañana, nada ha cambiado, todo sigue suspendido en el tiempo. Sigue sirviendo el desayuno en la casa de los ricos, sus patrones, la hija del campesino. Siguen llegando los pobres del campo a vender sus gallinas flacas a los mercados allá en el sur, que huele a carbón de espino.

Nada ha cambiado tampoco en las tierras de Lautaro, donde la dignidad mantiene por siglos la demanda de la tierra justa y en nuestra memoria… Moisés Huentelaf.

Y aquellos revolucionarios de esos días calendarios de agosto no estaban equivocados. Chile era y es un país sometido al capitalismo violento y agresivo, miles y miles de analfabetos, vastos sectores excluidos de la educación y la salud, salarios miserables, huelgas obreras, disparos y muertos, de la cultura miles de marginados, el arte solo para unos pocos, las promesas de la revolución en libertad de esos tiempos eran solo pintura azul, para las murallas.

Quedan muchos aún de los que empezaron a recorrer aquel camino y luego partir a la suma de voluntades, llenos de la más natural contradicción, mucho debate, miedos incluso y pareados con la esperanza, se lanzan a escribir en el muro de los tiempos que así, tal como estaba Chile y como ahora, así no es… aceptable.

Y de aquellos que no están otros cuentan la historia, sus historias, los detalles de sus días. Todos vendieron caras sus vidas, les costó a sus asesinos detectarlos, esos tiempos de caza al hombre y cuando los encontraron se ensañaron, los mataron vendados y amarrados, el enemigo no es valiente, el enemigo uniformado es un cobarde, disparaban a escondidas y por la espalda, luego mentían… sucia especie.

Nuestros camaradas en esos calendarios de agosto de 1965 no mintieron, dijeron que se habían entregado a la causa de hacer una revolución y dar pasos hacia el socialismo, sencillamente porque era lo justo, era lo que había que hacer, y el intento por cambiar la sociedad era de una urgencia imperiosa, de eso se trataba, de eso se trata todos los asuntos sencillamente.

La izquierda chilena nunca había conocido inicios tan alegres y convencidos, quien podría poner en duda de querer libremente en paz, de transitar un país humano, justo y socialista, a eso nos invitaron esa notable generación de militantes del hombre, gente de izquierda, se decía en aquellos tiempos… esos revolucionarios.

Se fueron juntando los necesarios, todos llegaron convencidos que era ese el camino, que la alternativa revolucionaria tenía su espacio en la política chilena y encontraría entre tanto y tanto esperanzado, la traicionada clase obrera y campesina de siempre. Y se pusieron MIR, después llegarían los colores de la bandera, tendría un himno y sus canciones de combate, sus consignas aguerridas.

Provenían de varios sectores, Vanguardia Revolucionaria Marxista, el Partido Socialista Popular, líderes del movimiento sindical allí estaba Clotario Blest, el Dr. Sepúlveda, y otros gestos altaneros y voluntades de la izquierda tradicional, anarquistas, troskistas, comunistas, socialistas… el MIR nacía para tomar la bandera de la lucha obrera.

Estados Unidos intenta Playa Girón y salen entonces miles a protestar y entre ellos los solidarios Bauchi, Tranquilo Romeo, Tati Allende, J. Gutierrez, Saavedra, Ulloa, todos a la calle. Miguel no llega a cumplir los veinte años cuando se pone frente al rector de la Universidad de Concepción D. Stitchkin para acusarlo del trato despótico hacia los estudiantes. Todo un tiempo de hombres libertarios, visionarios jóvenes con sus años de estudio en el convencimiento, de que sí era posible aunar tanta fuerza nueva y dispersa, tanta valentía y trascendencia. No le dieron tregua  a la pereza, no se rindieron a los días malos y lentos que pudieron haber existido.

Dura fue la batalla contra el reformismo en esos tiempos de la misma forma que contra el progresismo actual. Es la hora de saludar y recordar entre tantos al Amir, el Chalao, Duro Pablo, El Peneca, al Catalán Febrero recorriendo Schwager, Lota, Coronel, al Chino Carlos hablando con los Huilliches en Puaucho, Loma de la Piedra, allá en la costa de Osorno… entre tantos y tantos.

Hacía menos de un año que Salvador Allende había perdido las elecciones presidenciales, en una batalla contra el PDC y la CIA, la Embajada de los EE.UU convertidos en comandos de campaña del freismo, a la cual asistían altos oficiales de las FF.AA. para cobrar su sueldos. Pronto llegarían los años del Che en Bolivia y todo un continente luchando por alcanzar la independencia. Africa da su batalla para vencer el colonialismo y Cuba se coloca en el centro de la alternativa, su voz barbuda llena a todo un continente y más allá.

El día 15 de agosto de 1965, en un local de clase obrera, en un sindicato nació el MIR. Pasaron muchas cosas para que se llegara a esa fecha, hubo que discutir mucho, cientos de veces las voces sonaron muy alto, todo era entendible, todo aquello era fundamental, trascendente, inevitable y debía nacer para la historia, una causa justa los llamaba a reunión… Praga tenía razón.

La lucha reivindicativa tomaba fuerza nuevamente y el Partido Demócrata Cristiano con Eduardo Frei llenaba las calles de muertos, allí está la masacre de El Salvador, Pampa Irigoin, aparecerá el grupo móvil. Recordemos esa larga huelga de profesores, las batallas por la reforma universitaria, y claro Miguel Secretario General. Fueron muchas las luces en aquellos tiempos, también sus días tristes y de lágrimas cuando fuimos a enterrar a Arnoldo Ríos, asesinado por la espalda por un militante de la Jotacece en la ciudad de Concepción.

Hubo lealtad de parte del MIR frente al hombre que fue elegido presidente en aquel septiembre de 1970. El programa del MIR no era el de la Unidad Popular, pero ambos colocaban la superación de la pobreza, volver la dignidad de todos los pobres del campo y la ciudad, la recuperación del cobre, la generosidad no tiene precio, las únicas deudas a pagar son las de la solidaridad.

Muchas son las explicaciones para entender lo que vino posteriormente, eso quedará para nuestros historiadores, pero es siempre bueno recordar por estas fechas la alegría con se vivía en estos tiempos, como si fuera el mejor y para que los familiares de nuestros camaradas detenidos desaparecidos y ejecutados sepan que aquí nadie olvida nada, que cada nombre lo sabemos de memoria, que le enseñaremos a los hijos de los hijos, las canciones que ellos cantaron. Así queda el aporte a la historia, así se aportó a la cultura, que es sin duda alguna una forme de ver el mundo y tratar de haber metido mano.

Y de todos los días que me quedan, nada será más importante que haber sido militante del MIR.

Por Pablo Varas

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