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El racismo y la discriminación no pueden pasar

“Cada uno de los miembros de mi familia, de ambos lados, fue exterminada. Mis dos padres estuvieron en el levantamiento del ghetto de Varsovia, y es precisa y exactamente por las lecciones que mis padres me enseñaron a mí y a mis 2 hermanos, que no voy a ser silenciado cuando Israel comete sus crímenes contra los palestinos“.
Norman Finkelstein

“Mis camaradas en el ghetto de Varsovia cayeron con las armas en sus manos en su última y heroica batalla. No se me permitió caer junto con ellos, pero les pertenezco a ellos, en su fosa común. Con mi muerte, quiero expresar mi más profunda protesta contra la inacción con la que el mundo observó y permitió la destrucción del pueblo judío“.
Última carta de Shmuel Ziegelboim, representante del partido socialista hebreo “Bund” ante el gobierno polaco en el exilio de Londres, quien se suicidó en protesta por la inacción del mundo ante la masacre de los resistentes en el ghetto de Varsovia por parte de los nazis, el 12 de mayo, 1943.

Nuestro país no deja de ser gracioso. Bastó con que el personaje de un lagarto dijera un chiste racista en televisión y los aludidos reclamaran, para que toda la máscara de coherencia de la izquierda nacional se cayera a pedazos en medio de reclamos aludiendo a que “sólo se hace un escándalo porque son judíos”, y “¿qué hubiera pasado si el chiste hubiera sido sobre otro grupo social o racial?”. El problema es que precisamente las respuestas a esas preguntas develan lo triste de nuestra realidad y nadie pareciera preguntarse qué pasaría si fuera sobre un chileno, y el chiste se hiciera en Suecia.

El problema no es que la comunidad judía reclamara en contra del chiste en cuestión –algo totalmente justificable dado el tenor de lo dicho y lo abierta que se mantiene no solamente para la nación judía, también entre gitanos, homosexuales e izquierdistas europeos, entre otros, la herida del holocausto-, sino la indolencia de muchos que se asumen como pertenecientes a una sensibilidad de izquierda frente a insultos tan dolorosos relativos a un drama tan reciente. Resulta terrible la ignorancia detrás de esa reacción, y lo fácil que es para tantos el caer en estereotipos racistas ante lo sucedido, repitiendo lugares comunes que a lo largo de los siglos han justificado matanzas y abusos.

Hagamos historia. En la Europa cristiana los pogromos antijudíos eran la forma favorita de los poderosos de evadir las crisis económicas y políticas en un chivo expiatorio simple y comprensible para las masas populares ignorantes. Los prejuicios hacían fácil blanco a los judíos: que eran ricos, que eran los que habían crucificado a Cristo, que eran satánicos entre otros. El primero se repite en este momento, graciosamente tanto por algunos izquierdistas como por grupos fascistas y neo-nazis en Chile, en Europa y el resto del mundo.

El holocausto significó una atrocidad como pocas veces se había visto. La aplicación de todo el desarrollo tecnológico logrado, para la exterminación sistemática de indeseables: judíos, gitanos, comunistas, anarquistas, socialdemócratas, personas con deficiencias mentales, homosexuales etc. Entre una de las más dolorosas ironías que se me vienen a la mente cuando leo comentarios racistas y justificatorios de la discriminación, es el recuerdo de tantos honrados militantes de organizaciones de izquierda hebreos, que murieron en las cámaras de gas de los campos de concentración, o bajo las balas y cadenas de los tanques nazis en el ghetto de Varsovia.

El antisemitismo irracional no se puede justificar como no podemos quedarnos impávidos ante las atrocidades que hoy sufren los niños y los débiles en las tierras de Palestina o Afganistán, ante los abusos que se cometen en contra de las mujeres por parte de sectas radicales islamistas en África, o ante las burlas y la discriminación que sufren tantos inmigrantes día a día en las calles de nuestro país.

¿Con qué cara el día de mañana salimos a la calle reclamando por el cumplimiento de la ley Zamudio y en contra de la discriminación contra los homosexuales, si hoy no somos capaces de rechazar una muestra tan grande de desprecio hacia la dignidad del ser humano, pero al mismo tiempo tan naturalizada, como un chiste en televisión? El drama cotidiano es que este tipo de humor es normal, se ve en los chistes contra minorías sexuales en el Festival de Viña y en los chistes en contra de los peruanos en la Plaza de Armas de Santiago. En las burlas diarias a los inmigrantes en la calle y en el rechazo a un indígena mapuche por su acento, idioma o color de piel.

Lo importante es que la izquierda entienda que no importa si quien sufre la discriminación es un anciano judío y pobre en la Europa de los años 40, o un niño palestino en la Franja de Gaza el año 2013, si es un joven mapuche en Temuco o un inmigrante peruano en Santiago, un homosexual o una mujer de color en Estados Unidos, el problema es el mismo, el conflicto es el mismo, y la respuesta debe ser la misma.

Nos encontramos ante una oportunidad única de mirarnos al espejo y enfrentar de una vez por todas todos los prejuicios y toda la discriminación que está naturalizada en nuestra sociedad. Si, el reclamo de la comunidad judía en Chile fue escuchado porque muchos de sus miembros tienen una posición privilegiada que permite que sus palabras sean escuchadas. Aprovechemos esta situación para que el reclamo y los abusos que sufren otros que no tienen ese privilegio, efectivamente se tome en cuenta y pueda convertirse en una fuerza que nos permita transformar nuestra realidad. Luego de tantos conflictos, de tanto sufrimiento, de tantos abusos, no tenemos derecho a cerrar los ojos y seguir adelante sin enfrentar con valentía un problema que es de todos, y cuya respuesta necesariamente debe ser colectiva.

Por Felipe Ramírez

Ex Secretario General de la FECH 2012

Publicado en Perspectiva Diagonal

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