El secreto encanto de la burguesía lumpen

leopoldo lavín
leopoldo lavín

El Mercurio ya había editorializado en el sentido de que la fiscalía tenía que cortarla con las investigaciones acerca de la corrupción política empresarial en PENTA, SQM, CORPESCA y CAVAL. En más de una ocasión repetía majaderamente que no les hacían bien a la “política” ni a las instituciones y que había cosas más importantes de qué ocuparse. Antes que nada había que “combatir la delincuencia de mayor incidencia cotidiana”.

El Mercurio se guarda de hablar de las buenas prácticas en una Democracia y de los que atentan contra el principio de probidad. No se refiere a los que han contravenido y siguen contraviniendo las llamadas “leyes de la República” y no paran de corroer la confianza pública en las instituciones. Y si menciona al régimen político democrático, que por definición significa participación del pueblo en las decisiones y en la elección de sus autoridades, lo hace con la intención de afirmar su carácter elitista.

Bien sabemos que como eficiente portavoz de los intereses empresariales, al Decano de la prensa nacional le preocupa de manera prioritaria, además de la plena satisfacción de los intereses de los grandes propietarios de capitales nacionales y extranjeros, la preservación del poder ideológico de éstos en la sociedad. Ser considerados actores decisivos en los grandes temas o reformas es lo que les da legitimidad para definir los contornos socio-económicos y políticos del país en el cual reinan, explotan y corrompen impunemente desde 1973 a la fecha —con el beneplácito de todos los gobiernos postdictadura. De ahí que el gran empresariado tiene que involucrarse en la lucha de ideas y en la cruzada para ganarla. Razón de más para financiar sus propios intelectuales, medios y fundaciones. Obvio, es para defender la concepción capitalista-liberal-individualista posesiva del mundo y la sociedad. Sobre todo cuando su representación política partidaria de primera línea está en crisis y es experta en el harakiri político.

Por lo mismo apuntan también a tender puentes a la coalición de turno en el Gobierno con el fin de detectar afinidades y neutralizar algunas iniciativas democráticas espinudas. En términos prácticos: darle una cobertura política favorable a la plana mayor de la Nueva Mayoría (los Eyzaguirre, Valdés, Girardi, Walker, Pizarro, Escalona, Insulza, Quintana, etc).

Por lo tanto, toda investigación judicial que deja desnuda la criminalidad y delincuencia de cuello y corbata de la elite empresarial y su dimensión estructural conviene ponerla en sordina según el espíritu de los comentarios de los redactores mercuriales.

En su editorial de este viernes 23 de octubre, el tradicional medio impreso de la gran burguesía chilena aplaude “el prometedor anuncio  de la fiscalía para buscar una mayor coordinación con los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial para hacer frente en forma integral al problema de la delincuencia”, pero sin mencionar ninguna vez el término Democracia ni lo que es bueno para ella. No olvidemos que el nuevo Fiscal Nacional Jorge Abbot fue designado en opacas condiciones y sospechosas negociaciones.

Habría que preguntarse de inmediato de qué delincuencia se está hablando. Porque quienes se han destacado desde hace algunos años y con titulares de prensa desde marzo del presente por violar las escuálidas leyes del financiamiento de la política, en un país donde ésta ha sido totalmente capturada por los imperativos de un modelo neoliberal que los favorece, puesto que la elite política en su conjunto no tiene propuestas de sociedad democrática alternativa son, precisamente, connotados empresarios y, más encima, pinochetistas de la primera hora. Por algo manipulan un proceso constituyente auténticamente democrático que conduzca a la elección de de una Asamblea Constituyente ciudadana. No obstante, no hay ninguna mención en aquella editorial acerca de la necesidad de erradicar las prácticas políticas corruptas de la misma casta político-empresarial. Para dignificar la política.

La estrategia comunicacional de las organizaciones patronales

La estrategia comunicacional adoptada por los poderosos sectores empresariales fue, desde hace dos meses, salir a cara descubierta y sin intermediarios a dar la pelea contra las mediocres iniciativas legales del gobierno que los incomodaban en lo tributario y laboral. Este debía intentar reformar algo y buscar otros focos de agrado. Poco importa si el resultado no es el prometido, ni menos el esperado por el pueblo ciudadano. Tampoco por los trabajadores que casi nada confían en estas negociaciones y transacas políticas. Porque quienes se han visto directamente afectados por los escándalos de corrupción (por las prácticas de cohecho, uso de información privilegiada con el fin de especular, emisión de boletas falsas para hacerse financiar, evasión de impuestos) ha sido la casta política binominal. Dañada en su legitimidad de “representantes”. Y no tan así los propietarios de las grandes fortunas cuyas organizaciones empresariales de corte gremial e ideológico organizan festividades, cenas y talleres para figurar y, con la complicidad de los medios afines, suplantar a sus partidos en la escena política.

Hace poco en el CEP (el Centro de Estudios Públicos de Eliodoro Matte), empresarios que posan de mecenas de intelectuales de derecha se reunieron con la plana mayor del Gobierno de la NM y la Presidenta para intercambiar propósitos afines y buenos procedimientos. La entrevista en El Mercurio del domingo 6 de septiembre pasado del ministro de la Secretaría General de la Presidencia Nicolás Eyzaguirre estableció las premisas del diálogo. Por su intermedio, el Gobierno de M. Bachelet le dijo a los empresarios y a la derecha que renunciaba a todo cambio estructural porque le temía a los conflictos que se generaban con ellos y que les compraban la agenda de la “seguridad ciudadana”. Había que bajar el foco.

El CEP de Eliodoro Matte y compañía quiere parecerse a las grandes organizaciones patronales francesas y alemanas que hacen lobby público “chic bon goût” con “papers” de organismos internacionales, estudios de universitarios extranjeros y comentarios de periodistas “subvencionados”.

Estas ceremonias con el empresariado son más que un rito escénico para recargar de legitimidad al Gobierno. Si es evidente que se trata de una campaña comunicacional convergente entre el Ejecutivo y la oligarquía patronal, con el concurso de los medios tradicionales impresos (La Tercera, El Mercurio y La Segunda) son también el momento en que los políticos y altas autoridades del Estado hacen muestras de obsecuencia y rinden pleitesía a los dueños de Chile. ¿No les dijo acaso la Presidenta a los sponsors del CEP, con el ánimo de reducir la “incertidumbre” que “una nueva constitución no afectará el derecho de propiedad”?. En una clara muestra del manejo inminente del proceso constituyente y de que éste deberá necesariamente desembocar en el Congreso para que el producto constitucional final corresponda a las expectativas de la clase empresarial y a la casta política actual.

Entre el lobby y el bullying

Quienes hacen alarde de ser innovadores en el plano empresarial, en un contexto global incierto como premisa para ganar —según reza la ideología de la “innovación”— son reaccionarios al cambio en el plano de los derechos sociales. Es una característica propia de sectores burgueses que ya habíamos llamado en julio de 2006 en una columna nuestra la “lumpen burguesía” (1). Algunos miembros de la elite empresarial como Florencio Correa del grupo Besalco y presidente de la Comisión Infraestructura de la Cámara Chilena de la Construcción hacen alarde de su ignorancia supina al declarar: “la desigualdad no es mala y el que dice lo contrario comete un error garrafal” (en La Segunda, del viernes 16 de octubre). Será con la chichita de Axel Kaiser (autor de un libro impregnado de clichés neoliberales contra la igualdad social) que se está curando …

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Como si tales dichos empresariales no hablaran por sí mismos, el vespertino La Segunda del jueves 22 de octubre relataba que en la mesa de honor de la cena anual de la SOFOFA, presidida por Herman von Mühlenbrock (considerado por La Segunda “más asertivo y directo” que  Alberto Salas presidente de la CPC, la organización patronal gemela) el tono no fue el del intercambio de ideas sino que el del acoso verbal en contra del presidente de la Corte Suprema:  “¿Qué pasa con el poder judicial que no está haciendo su trabajo, liberando a los bandidos?, se repetía en torno a Sergio Muñoz, según escribe la periodista. Entre el lobby y el bullying. Un espectáculo de mal gusto; estéticamente propio de un régimen político capturado por los poderes económicos.

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Hay que tenerle poco respeto a su propia investidura para meterse voluntariamente en las patas de los caballos. Cabe preguntarse qué hacía allí entonces el presidente de la Corte Suprema. ¿No deben  preservarse incluso las apariencias de autonomía de un poder del Estado llamado hoy a hacer su trabajo para que los delitos de la casta político-empresarial no queden impunes?. Y como si fuera poco parece que de paso, a Muñoz lo convencieron y pautearon para que declarara en entrevista a toda página en El Mercurio de este domingo 25 de octubre que “para profundizar los derechos no es necesario modificar la Constitución”; interviniendo para favorecer la opinión de la elite empresarial sobre un tema que la preocupa de sobremanera (2).

El empresariado neoliberal y refractario al cambio tiene su ministro de Finanzas

En la cena de la SOFOFA, una instancia dónde según algunos iniciados “los privados en un clima distendido dan cuenta sin ambages de sus inquietudes”, al ministro de Hacienda Valdés (PPD) se le vio en animada charla con el mismo Herman von Mühlenbrock, el capo de la SOFOFA, que hace poco despotricó contra lo que él llamó el “fortalecimiento artificial de la actividad sindical” frente a la misma presidenta M. Bachelet.

Días después, Rodrigo Valdés (él, que con su comparsa del PPD Guido Girardi declaraba en sendos reportajes en El Mercurio que no había plata para construir hospitales ni equiparlos (3)) viajaría a Wall Street a decirle a la plutocracia financiera que en Chile la regla fiscal del déficit cero se respeta al pie de la letra. Y que está dispuesto a aplicar medidas de austeridad. Tal declaración encantará tanto a los neoliberales globales como a los empresarios chilenos.

Pero nunca está de más hacer comparaciones para demostrar el carácter neoliberal y pro empresarial de una coalición de gobierno como la Nueva Mayoría; en la cual participan —como si nada— partidos de “izquierda” institucional como el Partido Comunista, el MAS, la IC y la progresista RD de Giorgio Jackson.

Un poco de política reformista comparada

En Canadá, el tradicional Partido Liberal (PLC) se movió programáticamente a la izquierda para ganar el pasado lunes 19 de octubre el gobierno con mayorías parlamentarias (sistema uninominal) reafirmando o confirmando así una tendencia objetiva anti neoliberal en muchas democracias occidentales cuyas ciudadanías sufren y rechazan las políticas de austeridad de las derechas conservadoras. La sorprendente clave del éxito se debe en gran parte a que los estrategas políticos del tradicional partido —de capa caída en años pasados por escándalos de corrupción— decidieron ir contra la corriente: enviaron mensajes claros a los electores en el sentido de que no iban a respetar durante tres años la sacrosanta regla neoliberal del déficit cero  del FMI, del Banco Mundial, de Wall Street y del Consenso de Washington.

“Tener déficits presupuestarios para invertir en educación, investigación y tecnología o en infraestructuras hospitalarias y viales por ejemplo, es invertir en el futuro” justificó Paul Martin, ex Primer Ministro del Canadá (PLC) y empresario naviero, contraviniendo así el dogma neoliberal y declarando lo contrario de lo que defiende el dogmático Valdés (Girardi lo mismo también en entrevista en El Mercurio) y el conjunto de la clase empresarial.

Los estrategas del PLC leyeron bien lo que acababa de suceder en Inglaterra donde se aprecia un viraje a la izquierda así como en la ciudadanía de varios países. En el partido laborista británico este giro en la subjetividad ciudadana se tradujo en la elección a su cabeza de Jeremy Corbin y de su plataforma de izquierda.

El partido del joven diputado Justin Trudeau, el hijo del constructor del Estado Benefactor canadiense Pierre Elliot Trudeau (que en los sesenta desafiaba la política estadounidense al querer romper el bloqueo contra Cuba en un kayak), optó por claras políticas de corte keynesiano (crear empleo vía obras públicas y financiamiento en programas sociales; pensiones de vejez y salud pública) para enfrentar al conservador Stephen Harper (del Partido Conservador Canadiense) con sus 10 años de políticas neoliberales e inicio de planes austeritarios, mientras que el partido socialdemócrata tradicional (Nuevo Partido Demócrata, NPD o NDP en inglés) con muchas opciones de ganar, quiso abarcar ancho y para hacerlo se movió al centro derecha.

En Chile, la NM se farreó las reformas prometidas. Desaprovechó ese viraje a la izquierda en la subjetividad pública que coincidió con lo que llamamos un nuevo ciclo de luchas ciudadanas del cual las movilizaciones del 2011 fueron su expresión o mejor dicho lo definieron. Nunca hubo voluntad ni estrategia política ni menos capacidad de enfrentar los conflictos propios de un proceso de cambios con los enemigos de la transformación social.

El gran historiador inglés Edward P. Thompson en su libro “Miseria de la Teoría: Contra Althusser y el marxismo anti-humanista” (versión francesa de 2015) desarrolla la idea que en las democracias occidentales el proceso social, en ciertos períodos, “se coagula para dejar sólo un delgado arroyo de reformismo timorato (cada reforma individual se hace separadamente, después de  un esfuerzo increíblemente desproporcionado). Y esto en el mejor de los casos. Lo más a menudo el modo de producción capitalista coopta y asimila simplemente estas reformas (muchas veces producto de luchas pasadas); les asigna nuevas funciones y las transforma en ‘sus propios órganos’” (la traducción es libre).

La capacidad electoral de las fuerzas neoliberales y conservadora es correlativa a la debilidad de las fuerzas de oposición democráticas, anti neoliberales y anticapitalistas que no logran, pese a condiciones favorables, darse una plataforma programática y acciones movilizadoras que les permitan enfrentar unidas a las fuerzas neoliberales y a las del social-liberalismo. Este postulado es tan válido en Chile como en otras latitudes.

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(1) http://g80.cl/noticias/columna_completa.php?varid=516

(2) http://impresa.elmercurio.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2015-10-25&dtB=25-10-2015%200:00:00&PaginaId=6&bodyid=3

(3) http://g80.cl/noticias/columna_completa.php?varid=21144

(4) Edward P. Thompson, “Misère de la théorie : Contre Althusser et le marxisme anti-humaniste”, Ed. L’Échappée, 2015.

 

 

 

 

 

 

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