Enseñar no es fácil

Pero si enseñar es fácil. Eso debe pensar el grupo de burócratas y tecnócratas que se encargan de enrostrarle al país lo malos que serían los profesores de Chile. No tienen la culpa de pensar que enseñar es fácil, pero si tienen la culpa de no cuestionarse en lo más mínimo en qué consiste la labor de enseñar.

La labor docente no había sido estudiada en profundidad sino hasta la década de los 80. Antes de eso, lo que se encuentra es una mezcla entre estudios psicológicos y económicos. Ambas líneas de trabajo consideraban que la docencia era una actividad automática y/o entrenable que produciría resultados objetivos. No fue sino hasta que más profesores, o más bien profesoras, se involucraron en la discusión académica que nuevas voces comenzaron a describir lo que hacen los profesores. Ello no sólo cambio las percepciones sobre la docencia, sino que también impulsó el desarrollo de nuevas líneas y metodologías investigativas para entender en mayor profundidad qué es esto de enseñar. Y resulta que enseñar no es fácil.

No es fácil enseñar. No es fácil enseñar, pero sí que parece fácil hacerlo. La sociología nos entrega una explicación para esta percepción: el aprendizaje de observación. Esto significa que las percepciones que todos nosotros formamos de la docencia se establecen con mucha fuerza después de 12 años de escolaridad obligatoria. Doce años expuestos a las más variadas prácticas docentes. Doce años organizando, inconscientemente y como estudiantes, los patrones que definen la docencia. Muchos profesores que estudian pedagogía por cuatro o cinco años, al enfrentarse a sus primeras experiencias como docentes, re-editan los comportamientos que observaron como estudiantes. Ello les afecta en la percepción de aprendizaje práctico que le entregó la universidad, pero también impacta el círculo de reproducción de prácticas docentes que no se experimentan como docente, sino como estudiante. Es decir, cuando no se aprende a enseñar, se busca imitar experiencias de aprendizaje sin entender por completo el sentido del diseño pedagógico que hay detrás de ello.

No es fácil enseñar. Cuando no se comprende el sentido de la enseñanza y se diseña política educativa sin observar las dimensiones pedagógicas, se va directo al fracaso de la política. En ciencias cognitivas, la investigación comparativa entre profesores novatos y expertos señala que existen formas muy distintas de organizar la información de los contextos pedagógicos. Pero eso no es gratuito ni automático. Que existan profesores expertos con resultados educativos exitosos requiere de sistemas de organización de la experiencia que generen principios no solo de explicación de comportamientos humanos en contextos educativos, sino también de principios de acción frente a esos comportamientos. Esa es una gran diferencia entre los profesores expertos y los expertos de la tecnocracia educativa. La tecnocracia experta se mueve en base a delegar acciones prescritas y automáticas al estilo de “una talla que le queda bien a todos”. Los profesores expertos buscan por sobre todo la inclusión de los niños al proceso de aprendizaje. La mediocridad de la tecnocracia actual reside en que no se detiene a comprender los procesos educativos en su variabilidad de dimensiones, sino que entrega recetas generales para problemas que no se sabe si existen.

Enseñar no es fácil. La ciencia cognitiva también indica que una persona que es experta no necesariamente enseña mejor. Un ingeniero experto sabrá mucho de matemáticas, pero ello no le faculta de forma automática para enseñar matemáticas de manera efectiva. Un científico experto tampoco será automáticamente un excelente profesor de ciencias. A ello le llaman la ceguera del experto. El experto pierde una dimensión importante de su propia cognición: no sabe como supo todo lo que sabe. Un profesor experto debe estar cuestionándose ello todo el tiempo. ¿Cómo es que un niño que no sabía leer/escribir/sumar/restar/pintar puede aprender? Sin esa reflexión, es muy difícil ser un profesor exitoso.

El proyecto de carrera docente enviado por el gobierno al congreso obvia las dimensiones de la práctica docente que he descrito acá. Es más, asume la enseñanza como un procedimiento simple con un resultado medible. El proyecto es producto de expertos ciegos. Cuento conocido en esta democracia antipopular. Pero hay que recordarles: enseñar no es fácil, y no será más fácil porque pongan garrotes y zanahorias en el sistema.

Por Iván Salinas Barrios (@ivansalinasb)

Químico y candidato a Doctor en Enseñanza y Educación de Profesores, Universidad de Arizona, EEUU

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