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Girardi, escucha, “piano piano si va lontano…”

A 136  kilómetros por hora conducía el chofer del parlamentario Guido Girardi cuando el automóvil en que “volaban” fue interceptado por una pareja de Carabineros en esa Ruta 68 que une el poder ejecutivo y el legislativo de nuestro país. Ruta que cualquier cristiano demora  alrededor de noventa minutos en recorrer y que al parecer no posee límites de velocidad para algunos destacados ciudadanos.

Es que aunque en Chile todos somos iguales, algunos son “más iguales que otros” y pueden pasarse por donde les plazca las leyes, poniendo incluso en riesgo la vida misma y la de muchos(as). Este hecho confirma que Guido Girardi ya dejó atrás los feos recuerdos de ese enero del 2007 cuando chocó de frente – en un veloz Subaru Legacy – con un camión en el tramo que une Rapel con Navidad; accidente que lo dejó en coma un mes, sin un riñón para toda la vida y con serias lesiones al diafragma. Una lección-lesión que haría comprender hasta al político más porfiado.

Girardi Lavín, que en esta ocasión tuvo más de Lavín que nunca, declaró luego de este nuevo impasse con el velocímetro: “(ahora) yo no iba manejando, y si vas sentado atrás, no siempre vas mirando el marcador”. Perdone Doctor pero, ¿Es ese aparato el único referente de velocidad exagerada? y si es así ¿Cómo puede usted saber que la comitiva que lo adelantó merecía también la infracción? ¿Será acaso porque la velocidad no sólo se cuenta en un relojito diseñado para eso sino que también se percibe de otras formas?

La velocidad  se ve, se siente y se escucha. La velocidad máxima en carretera es de 120 kilómetros y el que sobrepasa esa máxima y es sorprendido tiene que asumir su error. Aunque hayan pasado diez por el lado a 180. Al que le tocó le tocó, como en todo y muere de viejo y no de sapo. Y aunque sea una mala suerte ser víctima de esa “ruleta rusa” del control en carretera, el parte se paga sin chistar, sin llamar a la Subsecretaria para transformar mi error en un evento mediático que perjudica a quienes hicieron valer la ley.

Un trato “poco deferente” hacia el parlamentario Girardi Lavín fue el causante de las revocadas sanciones a los dos carabineros involucrados. Un trato “poco deferente” que consistió en no agachar la cabeza y besar los pies del infractor al darse cuenta de que era el chofer de un representante de la cámara alta. El funcionario de  Carabineros “no pescó” cuando le mostró su identificación parlamentaria, señaló Girardi al describir el hecho que lo hizo llamar a la Subsecretaria de la Institución, Javiera Blanco, para denunciar el “maltrato” recibido. El problema, eso si, no es que la haya llamado, el problema es que no todos(as) la podemos llamar para quejarnos por sanciones o situaciones similares.

La igualdad, materia por la que en muchas ocasiones ha luchado Girardi desde el parlamento (tres veces como Diputado y hoy como senador hasta el 2014), en esta ocasión brilla por su ausencia. Por otro lado, cuando de reconocer infracciones se trata, parece que hay una tendencia a “flexibilizar” la ley de acuerdo al cargo que se detenta. Ejemplos de este tipo de comportamiento sobran en nuestra memoria colectiva y no precisamente en la época “democrática” de nuestra nación, sino que en un tiempo pasado y oscuro, que el Senador PPD Guido Girardi, de trayectoria ecologista y antipinochetista, esperemos, no desearía volver a experimentar.

Ana María Lazo

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