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JECAR……te contaré

Por todas las fechas nos acordamos más de ti, y es sencillamente porque el tiempo nos va dando la razón, son mucha las tareas pendientes, son incontables las deudas que se tiene con la esperanza de las grandes mayorías. Chile sigue siendo un país pobre, bastan algunos minutos para ver los cordones marginales donde el desarrollo y la equidad no tienen el nombre de las calles.

Estar en la primera línea por esos años ochenta no era un asunto menor. Muchas veces te vimos marchando triste en tantos y tantos funerales de esos tiempos, y todos por sobradas razones siempre eran con olor a pueblo, a gente sencilla que se levantaron para sostener que la dignidad es sobrada razón para enfrentarse a la miseria que gobernaba en esos tiempos. Funerales de compañeros ingresados clandestinos, ese compromiso de volver al combate, militantes que transitaron por las calles que nunca olvidaron. Te recuerdan tus palabras para los familiares de los detenidos desaparecidos, para los ejecutados en falsos enfrentamientos.

Recordamos la alegría de tus visitas a la cárcel pública, cuando llevabas y contabas las noticias del partido, de lo que hacían nuestros compañeros en la resistencia popular, de cómo se combatía en las poblaciones, de los acuerdos en el Movimiento Democrático Popular, esos años de protestas. No fueron muchos tus escritos pero todas las palabras las guardamos porque son nuestra historia, es y son también la historia tuya.

Muchas veces la prisión posibilitó encuentros con otras organizaciones, no todos los caminos fueron fáciles, y se dijeron todo lo que había que decir, pero cuando los silbatos indicaban que debíamos volver a las celdas, nos quedaba la alegría de haber estado a la altura de los tiempos, y allí te vimos aportando construyendo puentes para que la lucha contra la dictadura se haga más concreta y consecuente.

La memoria se hace flaca con el paso de los años, muchos de esos tiempos se fueron, encontraron un rinconcito. Se fueron arropando con vestidos ajenos pero confortables, más cómodos, y cuando ya somos sencillamente una foto de los tiempos pasados y expresada como una cultura.

Como no recordar los agostos, cuando llegabas con el Toño Román, el Pancho Olea para abrazarnos en la certeza del proyecto, de que los que caminaban por entre rejas y candados guardábamos el fuego.

Intuíamos que nuestros compañeros retornados clandestinos caminaban por las calle de todo Chile invitando a mantener el fuego para esos malos vientos.  Muchos pensábamos que eran las calles de Concepción, Valdivia, Temuco era posible, Antofagasta también. Como no recordar a esos que iban buscando pasajes entre los cerros de Valparaíso tratando de construir, eso que es tan fundamental, tan parecido a lo que dicen los libros, a eso a los que nos convocaba Miguel.

Y la dictadura nos daba un golpe y había que ir a su entierro. Todos tuvieron la posibilidad de decir que no, pero el compromiso es otro asunto, eso es justamente un compromiso con la vida. Nada más digno que tratar de cambiar las ruedas de la historia, gesto potente lo constituye aportar a la transformación de la sociedad, cuantas veces hablamos entre pasillos, rejas y candados de la urgencia del hambre en la Escuela Santa María de Iquique, de las balas que dispararon las Fuerzas Armadas en contra de obreros y campesinos. Los rebeldes calendarios con memoria siempre.

Cuando los agentes de la dictadura te dispararon hasta que se cansaron y tu cuerpo quedó en una calle de Santiago, mirando a las estrellas como lo contó Agueda, seguimos entendiendo que esta batalla se mantenía como un asunto impostergable. Algunos miristas ya había encontrado su nicho en lo que estaba instalando y allí se han quedado, hasta los días actuales, cómodos, tranquilos y seguros sin necesidad de cuestionarse, eso no es necesario cuando el modelo te coloca el pan en tu mesa.

Pero no todo está perdido. Los miristas sencillos que aún están en las poblaciones, los que sobrevivieron a los años de la dictadura tienen todo el tiempo para hablar de ti, es que el Jecar no era un asunto menor en esos tiempos y en las vidas de tantos.

Como darse por vencido cuando andabas contando historias de victoria y de puros sueños lindos…….. como olvidarte cuando te gustaban los tangos.

 Por Pablo Varas

El Ciudadano

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