Juan Guaidó: “El capitán Araya” venezolano

Juan Guaidó es como aquellos ingenuos que creen que sus amigos de Facebook van a asistir a su entierro, por desgracia en el mundo real las cosas ocurren de otra manera, y se termina la vida con dos dientes, dos amigos y dos millones de deudas.

Cual pésimo e improvisado tenor, cada vez acuden menos ciudadanos a sus llamados a las concertaciones políticas, (la última, el sábado 11 de mayo, en el barrio Las Mercedes, el más elegante de Caracas), y se contabilizan sesenta personas, seguramente, menos cantidad de los amigos del facebook del diputado Guiado, (basta ir a Youtube y ver el video correspondiente).

Por mucha buena voluntad que yo le ponga, no logro convencerme de Guaidó sea el presidente interino de Venezuela, pues el cargo le queda muy grande y sus discursos son la monotonía y misma, unidos a su falta de creatividad. En la última manifestación anunció que pediría la cooperación del ejército de Estados Unidos.

Como el lenguaje canfinflero, siempre hay que interpretar el significado de las frases del diputado, en este caso debiera interpretarse cooperación y no invasión. Por lo demás, da la impresión de que Donald Trump prefiera atacar a Irán que hacerlo con Venezuela, pues le traería más dividendos para sus ambiciones presidenciales, en el año 2020. Si comparamos a Trump con los imbéciles que lo asesoran, es decir, Pompeo, Bolton y Abrams, Trump sería un “intelectual y con mucho sentido común”

Es cierto que los gobernantes yanquis les importa muy poco el respeto a los derechos humanos y a los organismos multilaterales, ni siquiera el Congreso norteamericano, y son capaces de invadir un país saltándose las instancias constitucionales y las de derecho internacional, pero al parecer, Trump no se atreve a saltarse el Acuerdo de la Cámara de Representantes, que se ha pronunciado claramente en contra de una invasión militar contra Venezuela.

Guaidó es como el “capitán Araya, que llama a la gente y la deja en la playa”: Nicolás Maduro ha ordenado la prisión para sus principales asesores, entre ellos el primer vicepresidente de la Asamblea Nacional, Edgar Zambrano, y Guaidó sólo se limita a reclamar.

En cualquier país del mundo un ciudadano que llame a una potencia extranjera a invadir su país sería condenado a cadena perpetua por el delito de alta traición. Los “halcones” que llaman a la invasión no saben las consecuencias que acarrearía para Venezuela y los demás países de América Latina una invasión yanqui.

En primer lugar, abría que saber qué modalidades tendría, por ejemplo, una operación quirúrgica rápida exigiría el factor sorpresa, que ya no existe (como en Irak, sería necesario desarmar todas las conexiones aéreas y antiaéreas y aún así, estuvo acompañada de la invasión terrestre; el triunfo de Israel sobre Nascer no se va a repetir nuevamente).

En segundo lugar, el ejército venezolano no es comparable al de Granada y de Panamá, (la invasión a este último país duró tres meses), y la de Venezuela podría extenderse fácilmente hasta por cuatro años. En tercer lugar, geográficamente Venezuela tiene selvas y montañas donde puede asentarse una guerrilla que dure medio siglo, además de atentados urbanos que hagan la vida imposible a los gobiernos en las grandes ciudades. Además, los países vecinos sufrirían una invasión de inmigrantes que complicaría esos gobiernos, con las secuelas de racismo y xenofobia.

En cuarto lugar, Estados Unidos tendría que recurrir a ejércitos mercenarios – Black Wáter, sumado a los de Colombia y Brasil – a fin de evitar, como ocurrió en Vietnam, la aparición de cadáveres de soldados norteamericanos en bolsas de basura. En quinto lugar, tanto la invasión como la reconstrucción posterior, costaría billones o trillones de dólares.

En sexto lugar, si alguien quiere buscar un símil respecto a una posible invasión venezolana tendríamos que recurrir al de Siria: los norteamericanos despreciaron al dictador Al Hassan, y han terminado por dejar a este país en manos de los rusos, (nada más insensato que el creer que Maduro es un lego en materia táctica, y sobre todo, minusvalorar la asesoría cubana y rusa).

En séptimo lugar, tanto Maduro como Guaidó podrían caer fácilmente en su propia trampa y creerían en las mentiras de la guerra psicológica: en el caso de Guaidó, creía que las mentiras de Pompeo y Bolton eran verdades cuando el día 30 de abril reciente le dijeron que sería seguido por la rebelión del ejército, comandado por Vladimir Padrino López, (algunos creen que fue una trampa tendida por Maduro). En el caso de Maduro, creyó en su propio Servicio Secreto, el SEBIN, cuyo jefe se pasó a Guaidó, y que hoy, asilado en Estados Unidos, canta mejor que un ruiseñor.

En octavo lugar, en la guerra un aspecto es la planificación y otra la realidad: en la primera guerra mundial se pasó de la guerra rápida a las barricadas, que duraron varios años.

Así, Guaidó, además de ser un “capitán Araya” es un mentiroso compulsivo e irresponsable, pues va a conducir a su país a la desolación y muerte.

Por Rafael Luis Gumucio Rivas (El Viejo)

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