La auto derrota moral e intelectual de la elite peruana

Por Itzamná Ollantay
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Columnas

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Escribo esta nota mientras cerca de 32 millones de peruanos pasan una de las noches más oscuras de su historia bicentenaria: Sin Presidente de la República, sin Junta Directiva del Congreso Legislativo.

Mientras, las familias de los dos jóvenes asesinados a mansalva por el democrático Estado represor viven el duelo en la incertidumbre total, al igual que centenares de heridos y detenidos. ¡El Perú se durmió con “Jesús en la boca”. Sin saber si el gobierno con el que amanecerá mañana será peor o moderado ladrón!

El patriotismo folclórico promovido/obligado en las escuelas, y el “orgullo virreinal” implantado desde Lima republicana están por los suelos. ¡Con la élite política actual, Perú es una noticia indeseada en el exterior!

¡Todos sus prominentes ciudadanos electos para la primera magistratura, desde la década de los 90 del pasado siglo, o están presos, procesados, o suicidados! Y, Merino, el gallero que llegó a ser el último Presidente apenas duró 5 días. Fue obligado a renunciar por la convulsión sociojuvenil, y denunciado penalmente por el asesinato de dos jóvenes…

Lo más ridículo y doloroso de esta coyuntura recargada que evidencia el fracaso moral e intelectual de la élite política, económica y cultural peruana fueron y son las respuestas explicativas que hizo y hace dicha vetusta élite rústica sobre las actuales protestas sociales: “Son grupos terroristas de izquierda que buscan desestabilizar la democracia peruana”, explican. No se enteraron que en el Perú, la izquierda guerrillera desapareció hace tres décadas, y que la izquierda política es incapaz de llenar plazas y calles…

Es más, la juventud de la era neoliberal peruana no tiene mayor noción sobre izquierdas, ni derechas. Mucho menos de guerrillas urbanas. ¡Quienes protestan no son enemigos internos del Perú! ¡Son hijos e hijas del Perú neoliberal que jamás quiso comprender que la moral y el pensamiento son tan importantes como el libre mercado! Pero, ni modo. Esa élite mató el proyecto de Perú como país, como nación, y convirtió a Perú en una simple marca comercial.

El Perú llegó a esta auto derrota moral e intelectual porque sacrificó la educación con sentido social y privilegió el adiestramiento para el libre mercado. ¡Perú, es uno de esos países donde se suprimió la materia de filosofía de la currícula escolar en las últimas décadas!

Las escuelas y universidades privadas (que abundan como puestos de comida chatarra) no forman ciudadanos, forjan aspirantes a “empresarios”. Incluso ni las universidades públicas forman profesionales para el bienestar común…, con pensamiento crítico… Por ello quizás, en los hechos, la peruanidad sea más una “marca comercial” que ciudadanía.

El libre mercado no sólo debilitó al Estado peruano, y corrompió aún más a su ya corrupta oligarquía, sino que desorganizó casi por completo a la población peruana. Al grado que, ahora, cuando el país necesita canales/nodos para la concertación, no existe ninguna organización política, ni social, ni económica… con necesaria autoridad moral e intelectual para mediar en ello.

Quedaron en el recuerdo nostálgico el legado intelectual de la pléyade de situados pensadores peruanos que en su momento alumbraron al Perú y a toda Latinoamérica.

La élite política, económica y cultural peruana, muy a pesar de tener el control hegemónico de lo público y privado, fue incapaz de idear/construir un Estado nación. Intentaron imitar/pensar desde Lima modelos de “desarrollo” para todo el Perú plurinacional, pero fue un fracaso.

El Perú, dos siglos después de la vigencia del Estado republicano, sigue siendo un archipiélago de pueblos en el que conviven sin encontrarse, ni conocerse entre sí, diversos pueblos dominado por una oligarquía intelectualmente envejecida que es incapaz de comprender la plurinacionalidad, incapaz operar en la era de la hiperconectividad sociodigital.

Esta vergonzosa realidad obliga a las y los peruanos a sospechar de los mitos/promesas neoliberales que se irradian desde los centros de conocimiento hegemónicos.

¡No es verdad que los 32 millones de peruanos se convertirán en empresarios y pasarán a formar parte de los consorcios peruanos Romero, Breca, Graña, Gloria…! Como tampoco es verdad que los títulos universitarios o tarjetas bancarias necesariamente sean una garantía de bienestar sostenible.

Urge recuperar y reeducar en el pensamiento/actitud descolonial. Construir una cultura política plural. Sospechar la fetichización del interés individual y apostar por el interés social. Salir del mito del desarrollo e imaginar horizontes como el Buen Vivir…

Esto requiere un golpe de timón, no sólo en la conducción del Estado, sino en los proyectos de vida personal/familiar. Perú necesita cambios profundos y estructurales con la participación decisiva de todos los pueblos, sectores y generaciones. Y eso se llama proceso de Asamblea Constituyente para consensuar nuevos fundamentos, nuevos horizontes y nuevas reglas de convivencia.

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