La Ciudadanización del Pueblo

A la derecha le gusta y aspira a una democracia sin demos, una democracia sin pueblo y con mucho poder

La Ciudadanización del Pueblo

Autor: Jorge Hernández Aguilera

Política es comunicar.

En la comunicación política no hay narrativas accidentales.

Todo punto, coma y guion son premeditados con inmensa cautela.

Lo que se nombra existe, y existe también la forma en que se nombra.

Dentro de las dos categorías, siempre vigentes; izquierda y derecha; neoliberalismo y antineoliberalismo; progresismo y conservadurismo; hay dos formas en las que se apela al electorado: Pueblo, por parte de las izquierdas y sociedad civil o ciudadanía por parte de las derechas.

¿Qué es el pueblo? ¿Quiénes forman parte de él?

¿Qué es la sociedad civil? ¿Por qué la retórica prianista se ancla en llamamientos, casi súplicas, de pedir que la sociedad civil suscriba sus postulaciones?

Pueblo somos todos.

Pueblo somos la mayoría nacional.

El reporte mundial de la desigualdad 2022, informó que en México el 10% más acaudalado concentra el 80% de las riquezas.

Es decir, pueblo somos el 90% restante. La gran mayoría.

Nos identifican en general dolencias similares, lamentos comunes y tristezas colectivas.

Por el contrario, la sociedad civil es un eufemismo que busca taladrar el PRIAN en el imaginario colectivo, haciendo política desde el aparente apartidismo. Esos son los mecanismos del neoliberalismo en cuanto al desarrollo de la política pública; en la que se busca ciudadanizar la política y no politizar a los ciudadanos.

La ciudadanización de la política ha sido un negocio sumamente rentable. Muestra de ellos son las riquezas que se generaron a partir del lucro desde asociaciones civiles o supuestas fundaciones que servían más bien como herramienta de ahorros fiscales e ilegales facturaciones, que como vía de fortalecimiento social. 

Apela Xóchitl Gálvez a la sociedad civil, a que no la dejen sola.

¿Por qué no apelar al pueblo?

Para la derecha hay subcategorías dentro de lo que he definido anteriormente como pueblo.

Para la derecha hay ciudadanos de primera, de segunda, de tercera y de cuarta…

Y ellos apelan a la sociedad civil o a la ciudadanía, apelan a la clase media o a la auto percibida clase media. Identifican, y describen, a los sectores pobres de este país como gentes irracionales, ignorantes y esclavos de las dádivas gubernamentales.

Para la derecha no tiene sentido hablarles a los pobres.

A los pobres se les compra, no se les convence.

Se les da limosna, no propuestas y proyectos gubernamentales.

El neoliberalismo tiende a las subcategorías para fragmentar las capas de la sociedad, y de esa forma, sea más difícil identificarse con el prójimo; sea casi imposible, vernos entre iguales.

Es el famoso y multicitado, divide y vencerás.

Apelar al pueblo no es una cuestión populista, es, ante todo, una visión humanista.

En el pueblo somos más, estamos los más.

La palabra democracia proviene etimológicamente del griego DEMOS que significa pueblo y KRATOS que significa poder. El poder del pueblo.

A la derecha le gusta y aspira a una democracia sin demos, una democracia sin pueblo y con mucho poder.

Foto: Archivo El Ciudadano

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