La muerte invisible: ¿volverá el mundo a usar armas biológicas?

Por Denis Lukyanov

La historia de las armas biológicas se remonta a los tiempos de la antigüedad. Por ejemplo, los romanos usaron diferentes enfermedades contra sus adversarios cuando cercaban otras ciudadelas. La táctica era muy simple. Lanzaban los cadáveres de los soldados que habían muerto de una dolencia contagiosa, como por ejemplo la peste o la viruela, contra un castillo, relató en una entrevista con Sputnik el exmiembro de la comisión de la ONU de las armas biológicas, Ígor Nikulin.

De la misma forma, Jani Beg, uno de los jefes de la Horda de Oro —uno de los estados que sucedió al imperio mongol—, usó la peste contra los habitantes de una de las colonias genovesas en Crimea, Cafa —actualmente Feodosia—. Los residentes de la ciudadela se negaban a rendirse y el kan no conseguía tomarla por la fuerza porque estaba bien defendida. Acabó lanzando el cadáver de un soldado que había estado enfermo, lo que provocó un brote de peste, agregó.

Los ingleses usaron la viruela como arma cuando estaban en guerra contra las tribus indígenas en América del Norte. Cuando estas mantenían el asedio sobre uno de los fuertes enemigos, durante las negociaciones los ingleses les obsequiaron con mantas en señal desde buena voluntad. Sin embargo, estaban infectadas y esperaban, con ellas, contagiar la viruela a los indígenas y vencer, prosiguió el entrevistado.

¿Cómo elaboraron los países la convención?

Al acuerdo actual le antecedió el Protocolo sobre la prohibición del empleo en la guerra de gases asfixiantes, tóxicos o similares y de medios bacteriológicos, mejor conocido como el Protocolo de Ginebra, que fue firmado en junio de 1925. Pero en la década de 1960 tuvieron lugar varios incidentes que llevaron a la comunidad internacional a esbozar un nuevo acuerdo. Como consecuencia, la mayoría de los países aceptó el nuevo tratado y lo ratificó, entre ellos EEUU y la URSS, subrayó.

A finales de los 80 surgió el sistema de control sobre la prohibición de armas biológicas. Hasta se creó un grupo de trabajo trilateral compuesto por Rusia, EEUU y el Reino Unido que ejercía el control sobre el cumplimiento de la convención. Para 2001 estuvo prevista la firma de un protocolo sobre las medidas de control y la creación de una organización internacional que se asemejaría a la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas, señaló Nikulin.

«No obstante, las partes estadounidense y británica de hecho frustraron las negociaciones y se negaron a firmar el nuevo protocolo», aseguró el entrevistado.

La actual convención sirve como declaración conjunta, pues no existe ningún control internacional sobre el cumplimiento de las cláusulas de la convención de 1975. «Ese es un gran problema en la actualidad para todos», puso de relieve.

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El control sobre las armas biológicas, casi inexistente

El control sobre las armas biológicas es posible, pero para ello será necesario crear un grupo de trabajo trilateral que disponga del beneplácito internacional. Pero por ahora ni los estadounidenses ni los británicos se han puesto de acuerdo, relató.

«Hoy es importante regresar a la confianza que existía a finales de la década de 1980 y a principios de la de 1990. Si surge un caso sospechoso que pueda estar vinculado a armas biológicas, se necesita una investigación internacional. Es necesario reaccionar de alguna manera a estas situaciones», pronunció.

Sin embargo, ni EEUU ni Reino Unido permiten a nadie visitar sus instalaciones microbiológicas. Lo cual preocupa enormemente porque nadie está al tanto de lo que existe en ellas, lamentó.

Ya en junio de 2019 el viceministro de Exteriores ruso, Serguéi Riabkov, señaló que la posición de Estados Unidos respecto a la Convención de armas biológicas es «hipócrita». Entonces declaró que no entendía qué impedía a Washington desbloquear las negociaciones sobre los mecanismos de verificación para dicha convención. El viceministro añadió que, al mismo tiempo, EEUU desea tener acceso a las instalaciones microbiológicas de otros países.

Según el diplomático, Estados Unidos deliberadamente trata de socavar el sistema internacional existente que regula este ámbito. El viceministro aseveró que los especialistas coinciden en que los mecanismos de verificación servirían para aumentar la efectividad y mejorar la convención existente.

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¿Es posible crear un arma bacteriológica artificialmente?

Actualmente hay quienes creen que el virus SARS-CoV-2 fue creado deliberadamente y que en algún momento se descontroló y se difundió por el mundo. Estas personas consideran que el virus no pudo haber evolucionado por sí mismo y que se creó para ser usado como arma biológica. Sin embargo, muchos expertos a su vez creen que la teoría está lejos de ser verdad.

Especialistas de diferentes países insisten en que el SARS-CoV-2 no pudo ser creado de manera artificial y en que este coronavirus es la evolución de los coronavirus que existían anteriormente. Así que por ahora no queda claro cuál es el origen real de este nuevo virus. Las opiniones son muy diferentes y en algunos casos incluso se convierten en objeto de distintas teorías conspiranoicas.

En otras palabras, hay quienes aseguran que las armas bacteriológicas pueden ser creadas en un laboratorio teniendo en cuenta las capacidades de la ciencia moderna. Pero la información sobre estos proyectos —de existir de verdad— evidentemente no es pública. Si esto resultara ser cierto, la Convención de 1975 no estaría funcionando. Algo que nadie puede asegurar hasta el momento.

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