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La propaganda y la mentira presidencial, una forma de gobernar

Primer año de un gobierno que nos llenó de buenos slogan en campaña, pero ha estado muy lejano de cumplir lo prometido. No solo queda en eso, también vimos hechos de sangre, donde se ve involucrado el ejecutivo, los ricos se han hecho más ricos, el tono patriarcal también fue muy evidente y observamos cómo se aplicaron distintas formas de violencia.

En un rol en que el Presidente siempre le ha gustado destacarse, como es la economía, los números son alentadores para un grupo elite y el famoso crecimiento no llegó a la gran mayoría de los bolsillos. Así fue como vimos que los Bancos chilenos ganaron casi tres billones de pesos en 2018, aumentando su ganancia en un 4,1% respecto al año anterior, mientras las remuneraciones de los chilenos subieron apenas 1,2%, su menor nivel en tres años.

El trabajador también se ha visto afectado, ya que en empleo no vimos grandes mejoras ni garantías importantes, desde la expectativa que en campaña, le ofrecieron a la gente. En el Gran Santiago, por ejemplo, el desempleo alcanzó el 9,4% o en Antofagasta con un 9,5%, logrando su cuarto peor resultado desde el año 2010, efecto que se repite en varias localidades. Y a nivel nacional, la desocupación fue de un 6,8%, también sintiendo un aumento. Esto sin mencionar el intento de eliminar la indemnización por años de servicio y reponer el reemplazo de huelga. O las pensiones que recibieron las mujeres, donde el 50% de ellas recibieron pensiones que no superan los 134.417 pesos.

Tampoco el Presidente ha sido pulcro en cuanto a las relaciones con el mundo, sin duda la no adhesión al Pacto Global de Migraciones mostró un indicio de una política poco humana con el inmigrante y fielmente seguidora a las iniciativas Estados Unidos y de las ideas de Donald Trump, y de ahí la salida de Unasur. También vimos cómo se desempeñó como el guardaespaldas de Guaidó e interprete al español de Trump, en el tema de Venezuela. Algo que más que ayudar a encontrar soluciones, generó divisiones al interior del país. Esto sin olvidar el bochorno en la visita de Piñera a la Casa Blanca, donde exhibió un papel impreso que tenía las banderas de Chile y Estados Unidos.

Pero esto son solo pequeños datos, sin profundizar en los proyectos de gran propaganda, pero sin ningún funcionamiento práctico, como  “Aula segura” o Nuevo CAE (Sistema de financiamiento solidario). Y sin olvidar puntos importante que han pasado desapercibidos, como que en las comunas pobres del país se realizan más de 100 bingos al mes, para cubrir necesidades de salud o el problema de la alimentación y sobrepeso de los alumnos, donde los estudiantes del sector oriente de la capital muestran mejor condición física que los del sector poniente, y que el 60% de los alumnos de quinto básico sufren de obesidad, en el caso de los niños de prekinder – kinder y primero básico, aumentó en un 1,3 por ciento.

Así mismo es imposible dejar fuera las piñericosas, que muestran el machismo imperante en la presidencia, que se sintió fuerte en campaña con las palabras “Me acaban de sugerir un juego muy entretenido. Todas las mujeres se tiran al suelo y se hacen las muertas, y nosotros, los hombres nos tiramos encima y nos hacemos los vivos” o su polémica metáfora para explicar el Plan de Desarrollo para la región de Tarapacá, “Vamos a aplicar el viejo y sabio principio de la minifalda: que tiene que ser lo suficientemente larga para cubrir lo fundamental y lo suficientemente corta para mantener la atención”.

Sin duda es un año que no obtuvo resultados concretos, comparándolos con las propuesta de “tiempos mejores”. Claramente el Gobierno mostró que su conducción se basa en las encuestas, con propuestas llenas de slogan, pero altamente vacías de contenido, generando una mentira completa de la realidad, con una venia importante de los medios, que no han sido ni inquisidores ni capaces de generar una contra pregunta, más bien, haciendo eco del relato oficialista.

Lamentablemente, ya comenzando este segundo año, vemos una continuidad en esta forma de trabajo, donde la gente está siendo silenciosamente afectada.

Por Cristóbal Mardones

Secretario RM del Partido Humanista

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