Las tensiones de la FED, los bonos, las tasas y la inflación subyacente

Mario-BrionesSi UD fuera parte de la élite global que ha sido capaz de aprovechar al máximo el aumento artificial de los precios de las acciones, probablemente UD sería uno de aquellos que se despiertan cada mañana con una gran sonrisa, sabiendo que las acciones  y sus activos bursátiles suben y suben en las bolsas producto del dinero gratis. La familia de los Rothschild llevan siglos despertándose cada mañana con una sonrisa, sin embargo, algo los puso en alerta que les borró su acostumbrada sonrisa, porque desde la Casa Rothschild  se ordenó una venta agresiva de valores de renta variable, para generar un excedente en dinero que permitiera destinar £ 2,8 mil millones de libras esterlinas a la compra de oro, aumentando la acumulación de posiciones de resguardo en dicho metal, en un 8%.

Difícilmente es posible lograr un diagnóstico probable del comportamiento de la economía real para determinar si lo que ocurre está bien o está mal, porque los mercados globales están  funcionando en medio de una farsa total, donde todo parece estar intervenido y si UD no es de la “cosa nostra” financiera no tiene cómo saber si lo que ocurre está bien o mal. Los principales  hechos que se producen en la actualidad provienen de la manipulación de los bancos centrales, cuyo actuar ha fomentado la acumulación de riqueza en la elite, a pesar de la ineficacia de las políticas seguidas, en un intento desesperado por salvar un modelo económico neo liberal que sigue hundiéndose.

Cuando banqueros británicos como los Rothschild, que llevan siglos operando en el negocio bancario, hacen observaciones como las que señalo, debemos entender que algo grave está ocurriendo para decir, “Los seis meses de revisión han visto los bancos centrales que siguen lo que es sin duda el mayor experimento en la política monetaria en la historia del mundo”, o esta otra frase, “En tiempos como estos, la preservación del capital en términos reales sigue siendo un objetivo tan importante como cualquier otra en la gestión de los activos de la empresa “,  y luego señalan,  “que una serie de vientos en contra también podría descarrilar los mercados, incluyendo el riesgo geopolítico muy incierto”.

Estamos en una fase de agotamiento estructural  del modelo económico que tiene al mundo en ascuas, pero que no lo van a reconocer. Recientemente el Financial Times actualizó un dato, diciendo que el valor de los bonos con rendimientos negativo en el mundo alcanzó los US$ 13,4 billones, efectivamente son 13,4 millones de millones de dólares, originado por las políticas de tasas  negativas en la compra masiva de bonos por parte de los principales bancos centrales del orbe, situación que viene a confirmar la existencia de una gran burbuja en los bonos. La dimensión de este problema ha sido tal, que los principales bancos centrales, Banco of England, Banco de Japón, BCE, ya no encuentran en el mercado bonos adecuados para seguir expandiendo y aplicando su inoperante política de flexibilización cuantitativa.

Se ha perdido toda relación entre los aumentos de la capitalización bursátil y el crecimiento mundial del PIB, lo que convierte en inútil a muchos indicadores económicos para determinar qué sucede en la economía real. Por el contrario, los datos de los bonos señalan que en una semana estos aumentaron en US$ 300 mil millones de dólares. Si relacionamos dicho incremento con los últimos datos que dan cuenta de las exportaciones en Japón que en julio anotaron su mayor caída desde la crisis financiera del 2008, con importaciones cayendo  un 24,7%, y que la expansión económica se estancó entre abril y junio. La política del Banco de Japón está resultando un total fracaso, considerando que el gasto fiscal y las reformas estructurales conocidas usualmente como “Abenomics”, han resultado inútiles para sacar a Japón de la deflación y generar crecimiento. Quienes apostaban por una política similar seguida en EEUU., para hacer despegar la  economía, han recibido un balde de agua fría con dichos datos.

Nadie paga por prestar dinero, eso es una deformación que no está en la teoría de ninguna escuela de economía. Si está ocurriendo es porque se  espera que el bono suba aún más, es decir, se está armando una de las mayores especulaciones en  la ganancia de capital sin precedentes en la historia. Los días de crecimiento de la riqueza en los términos que hemos conocido en la historia humana están llegando a su fin. Se ha dicho en todos los tonos, sin embargo, algunos siguen analizando la situación como si fuera una competencia entre optimistas o pesimistas.

Los movimientos de capital hacen pensar que el problema central  actual es abocarse a proteger el capital, tanto si es inversionista o  se trata de  los fondos de un trabajador en riesgo de perder los esfuerzos de toda una vida en un golpe bursátil.  John Kingston, director de Global Market Insights en S&P, opinó la semana pasada que, “Sin embargo, movernos a un entorno de tipos negativos, en cualquiera de las circunstancias que analizamos, es una clara señal de desesperación dada la lista de potenciales daños económicos que se deriven de esta política”.

En la historia no existen registros que muestren rendimientos negativos. Las tasas de interés están siendo deprimidas de manera intencional por las autoridades monetarias. Los bonos son sobrevalorados por una demanda anormal y artificial de los bancos centrales. El objetivo de ellos es monetizar la deuda para impulsar el consumo y el crédito que estimule la economía, es decir, la misma solución que causó la crisis anterior de exceso de deuda y un consumo basado en el crédito en la economía global.

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La compra de bonos continúa en la actualidad. El Banco de Japón y BCE son  los mayores compradores de bonos, unos 10 billones de yenes y 80 mil millones de euros mensuales respectivamente. El Banco de Inglaterra anunció que ha reanudado las compras de bonos (QE), por temor al efecto Brexit y que agregarán 60 mil millones de libras en bonos del gobierno en los próximos seis meses, además de comprar otros £ 10 mil millones de deuda corporativa. La FED no ha informado que haya suspendido la compra de bonos que adquieren con los intereses de la deuda que ha comprado antes. Este conjunto de expansión monetaria ha aumentado peligrosamente la posibilidad de un quiebre financiero.

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Las ganancias corporativas están al mínimo y  la gente común en Estados Unidos cree que los trabajos para sostener a la familia se han reducido, que el acceso a la universidad se hace más difícil para sus hijos, que los puestos de trabajo que se crean, con gran difusión, son temporales, mal pagados y con un crecimiento salarial  que se ha estancado como lo ha sido en los últimos 20 años, además de una inflación subyacente que está subiendo los precios de los alimentos afectando los ingreso del trabajo, en parte paliado por la baja de los combustibles.

Jerry Haworth, director de Capital Advisors de Londres dijo que “los bancos centrales han estado tratando de reducir la volatilidad inyectando dinero en la economía, pero al final eso va a ser contraproducente”, “Va a ser un caos”.  Este tipo de opiniones se vuelven cada vez más comunes, cuando se reconoce  que el dinero gratis abunda. Es obvio que el exceso de dinero creará inflación y llegará el momento de, ¿cómo controlar la inflación? El instrumento para eso es aumentar las tasas y si las tasas escalan,  el caos será una realidad en los mercados de las acciones, las inmobiliarias, las materias primas, las monedas  y en la “bomba” de tiempo de los bonos. El ex presidente de la Reserva Federal, Alan Greenspan, ha dicho que “las tasas de interés comenzarán a levantarse  pronto, quizás rápidamente”. “Ellos tienen que empezar a moverse hacia arriba y cuando lo hacen, podrían moverse hacia arriba y sorprendernos con el grado de rapidez que puede ocurrir”, es la opinión de Greenspan.

Esta larga novela parece estar llegando al final. Willian C. Dudley presidente de la FED de Nueva York, Dennis Lockhart  de la FED de Atlanta  y John Williams presidente de la FED de San Francisco son partidarios de subir las tasas sobre la base de que la economía está a punto de ir a toda marcha, en cambio, James Bullard presidente de la FED de San Louis ha dicho que en esencia  no había ninguna razón para sugerir que los EE.UU. se ha desplazado desde el bajo crecimiento y del ciclo de inflación baja. Eso significaba que las bajas tasas siguen siendo apropiadas.

Esta circunstancia pareciera estar produciendo un quiebre en los integrantes de la FED, que se refleja en las opiniones de sus autoridades con explicaciones que rayan más en actos de fe de tipo religioso que opiniones macizas basadas en análisis económico, como la expresión del presidente del Banco de la Reserva Federal de Nueva York, William Dudley, con altos estudios  en economía que dijo, “Confiamos razonablemente en que el crecimiento será de 2% o más en el segundo semestre del año”.

En ese mismo sentido, lo más reciente que ha dicho el vicepresidente de la FED, Stanley Fischer está basado en esperanzas  cuando expone,  “Espero que el crecimiento del PIB se recupere en los próximos trimestres, ya que la inversión se recupera de un parche sorprendentemente débil y el arrastre de la apreciación del dólar”. Es el  mismo personero que hace poco dijo que “la FED, tenía que tener cuidado de no ser demasiado lenta en el aumento de las tasas de interés”, lo cual evitó de repetir en el discurso del domingo 21 de agosto.

La FED sigue estando confundida y dividida sobre las perspectivas para decidir un aumento de tasas a corto plazo. Las elecciones en noviembre de este año en Estados Unidos hacen más compleja la decisión que podría desatar  una  turbulencia financiera que sería mundial, subiendo las tasas, en especial para los demócratas quienes tienen más opciones de ganar las elecciones y no quieren que eso suceda, lo cual postergaría la crisis hasta principios del 2017, generando presión política, social y  sobre todo resultados impredecibles en los mercados mundiales.

Mientras todo sigue en “stand by”, se espera que Janet Yellen, la presidenta de la Reserva Federal de EE.UU., adopte un discurso más definido en la próxima reunión de Jackson Hole el próximo fin de semana, que pudiera ser menos ambiguo para orientar si subirán las tasas antes de lo que espera el mercado. No debemos olvidar que los efectos reales de las tasas toman tiempo  en corregir una amenaza inflacionaria. Sin embargo, cualquier atraso posteriormente puede acelerar más nuevos aumentos de las tasas ante un desborde inflacionario. Si las tasas suben antes de las elecciones presidenciales de noviembre, se estaría confirmando la seriedad de la situación y los efectos podrían frenar la economía, subir el precio del dólar, además de otros efectos que impactarían tanto a la economía norteamericana como a los mercados mundiales y eso lo saben todos en la FED.

Por Mario Briones R.

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