Los trabajadores chilenos

El movimiento sindical tiene serios problemas para articular una posición común y, lo que es más grave, carece de capacidad para responder en forma inmediata y contundente a los abusos de la patronal y a la incapacidad del gobierno para legislar en función de los intereses de las mayorías.


Se ha trabajado bajo premisas equivocadas. Se ha pensado que el solo anuncio de jornadas de protesta y/o paralización de actividades y la adhesión a éstas de unas cuantas “personalidades de la vida política” hará que la población, y en especial los trabajadores, dejen por algunas horas su rol de esclavos del capital y vayan tomando conciencia del rol que juegan en la sociedad. Ignorando experiencias históricas, en especial el proceso de organización y lucha de los trabajadores pampinos, se ha optado por una organización de camarillas, de dialogo con los actores tradicionales y de desconocimiento cuando no desprecio al rol que juegan las bases de la organización.

Tal parece que existe un acuerdo tácito en querer medir desde el termino de la dictadura hacía acá la relación gobiernos – trabajadores. Parece que quisieran olvidar que gracias a la lucha de un movimiento sindical organizado y parlamentarios con conciencia social verdadera, se pudo desarrollar una legislación laboral que era ejemplo en A. Latina y que entre otras normas establecía la indemnización sin tope de años de servicio, el reintegro de los despedidos arbitrariamente, la autorización de los ministerios del Trabajo y Economía cuando se pensaba despedir a mas de 10 trabajadores que se debía autorizar ministerialmente el despido superior a 10 trabajadores, la prohibición de entregar a contratistas o subcontratistas los trabajos inherentes a la producción principal o permanente, entre otras.

Están equivocados quienes promueven un sindicalismo dialogante y dependiente de los contactos con el poder político. Por ahí no hay solución. No la hay con la mediación de la Iglesia, no la hay con autoridades políticas que declaran que hay que fomentar la organización y ampliar la negociación colectiva y no se dan cuenta que tenemos una legislación mucho peor que la que existió hasta 1973. No habrá soluciones con quienes se abandonaron al modelo y reniegan de lo que existió en materia laboral.

Pero no solo en ese lado hay errores. También se equivocan quienes levantan las consignas de lucha en todos los planos y no se preocupan de generar las condiciones materiales para afrontar esa posibilidad y ganar. Decir hasta la ultimas consecuencias obliga a estar listos para reaccionar si se llega a esas últimas consecuencias.

Recursos monetarios y alimenticios, contactos con otras fuerzas sociales, incorporación y participación de la familia,. Nada debe quedar al azar. Si se sigue concibiendo la lucha como simple desfile de consignas y se termina aceptando como acuerdo algo muy distinto de lo que se definió como “piso mínimo” cuando se inició la movilización, se corre el riesgo de perder la poca credibilidad que aún tienen los trabajadores y que se estanque el desarrollo del movimiento.

Por doloroso que parezca no puede menos que concluirse que al movimiento le falta de verdad una organización que aglutine y dirija. No se pueden seguir mostrando los dientes, es momento de morder. No podemos seguir lamentando en nuestras oficinas lo que sucede a tal o cual sector, debemos salir a la calle a expresar la solidaridad, a explicar el conflicto, a decir por que exigimos respeto a nuestros derechos.

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Lo sucedido en los últimos días da la razón a nuestros planteamientos. Salvo “declaraciones públicas”, poco o nada se ha hecho en apoyo a las demandas y denuncia de las persecuciones que afectan a los trabajadores salmoneros, bancarios y temporeros de la fruta.

Para los patrones está todo bien.. Quien quiera trabajar en las condiciones que ellos lo establecen, es libre de hacerlo y recibirá lo que el mercado estableció como remuneración. Si hay descontento y éste se expresa de cualquier forma, los patrones pedirán y la autoridad política y judicial no tardará en hacer su interpretación de la ley, que salvo honrosas excepciones, permitirá al dueño del capital seguir explotando y abusando. La reciente resolución de las Cortes de Apelaciones a favor de CODELCO va en esa dirección.

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Por eso es que no puede mantenerse mas esta situación de apatía, este “no estar ni ahí” con los problemas de los demás.

El despido de mas de 1300 trabajadores bancarios es una realidad. Poco importan argumentos como el que los trabajadores no quieren luchar contra el despido porque ganan buenos sueldos y las indemnizaciones que se recibirán no son menores. El problema no es solo de platas, es de dignidad, de respeto. Se arremete a los trabajadores y no podemos guardar silencio. Por esta vía de la patronal mañana serían miles mas los que pierdan sus empleos ¿y acaso las monedas duraran toda la vida?, o está la certeza que encontrarán empleos similares en el corto plazo?.

La negativa a dar derecho a negociación a los salmoneros y otras áreas donde hay un patrón común y una serie de empresas satélites, debe terminar. Hay que modificar la ley para permitir la negociación en los llamados “holdings”. Hay que buscar el mecanismo para que ningún trabajador esté impedido de negociar o recibir los beneficios de la negociación que puede desarrollarse en su sector.

La imposibilidad de negociar a los contratistas y subcontratistas en todas las áreas debe motivar propuestas, como mecanismos especiales de negociación para sectores como estos, con una duración equivalente a la duración de la obra, con un tiempo de existencia de la empresa menor, con plazos mas breves para el desarrollo del proceso.

Hemos resuelto salir a la calle a expresar solidaridad , pero también nuestro objetivo es llamar a la unidad del movimiento sindical. Si estamos de acuerdo en el rechazo a la explotación y en la necesidad de que se generen mejores condiciones para que los trabajadores crezcan en dignidad y justicia debemos comenzar a ser solidarios con nuestros hermanos de clase. Nadie que este en conflicto debe quedar abandonado a su suerte.

No solo lo anterior es importante, debemos hacernos cargo de una vez de las propuestas para cambiar la situación que nos agobia y eso solo es posible con el trabajo unido de profesionales asesores y de trabajadores organizados, de militantes y no militantes, creyentes y no creyentes. Nadie sobra en esta lucha.

CGT MOSICAM

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