Luchando por lo imposible es como se llega a lo posible

Se podrían llenar miles de páginas sobre los crímenes de USA en el mundo: bloqueos a Cuba y Venezuela, golpes de Estado en casi todos los países de América Latina, bombas atómicas lanzadas a poblaciones civiles en Japón. Hay que agregar la destrucción de Vietnam, caos en Haití, masacres en Guatemala y República Dominicana, genocidio en Palestina, bases militares en Colombia, Chile, Perú, Argentina, Honduras, El Salvador, Panamá, etc…

En 1885, Josiah Strong publicó Our Country (“Nuestro país”), ratificando la premisa básica del “Destino manifiesto”: Estados Unidos es la encarnación de “la mayor de las libertades, del cristianismo más puro y de la civilización más elevada”. Como consecuencia, “deberá inculcar sus instituciones al género humano para difundirlas por toda la tierra”. La “supremacía estadounidense” requeriría de una política promotora de la expansión global que, a la vez, permitiera creer que no se trataría de imperialistas, sino de benefactores de la humanidad. El primer lugar lo ocuparía el sector privado en la conquista del mundo. El gobierno y los militares ocuparían un aparente segundo plano, a fin de facilitar la expansión económica a través de negociaciones para disminuir las restricciones de los distintos países “beneficiados”. En forma cuidadosa quedaría claramente establecido que el poder militar estadounidense estaría listo a intervenir en caso de verse amenazados los intereses comerciales de su país. Es así como USA siempre ha justificado las acciones militares como defensa propia y no como agresiones. Si el capitalismo está basado en el orden natural de las cosas, entonces la expansión estadounidense también forma parte del orden natural. Si USA es una nación cristiana, entonces la expansión es un acto de caridad. Si Dios bendice a los justos con la riqueza y maldice a los pecadores con la pobreza, entonces Dios propicia la expansión económica. Si Dios escogió a USA entre todas las naciones, entonces USA tiene el derecho de ejercer el poder en el mundo.

En América Latina, ya en el siglo XIX, USA empleó la fuerza militar para quitar a México los territorios de Texas y lo que hoy se conoce como Nuevo México, Utah, Nevada, Arizona, California y una parte de Colorado. Más tarde, USA simuló ayudar a Cuba a conseguir la independencia de España y estableció la base naval de Guantánamo que hoy es prisión política y centro de torturas. En el mismo período, USA se apoderó de Hawai, Puerto Rico y Filipinas.

A inicios del siglo XX USA separó el territorio colombiano dando origen a un “Estado independiente”: Panamá. Su objetivo era construir -y controlar- un canal que uniría los océanos Atlántico y Pacífico, estableciendo bases militares y la Escuela de las Américas. Desde 1925, USA invadió Nicaragua en dos ocasiones, dejando a cargo del país a la dinastía Somoza hasta 1976. República Dominicana fue invadida en cuatro oportunidades. En 1915, USA intervino por segunda vez Haití, manteniendo allí sus tropas durante 19 años. Entre los años 1900 y 1933, USA intervino cuatro veces en Cuba, dos en Nicaragua, seis en Panamá, una en Guatemala y siete en Honduras.

En 1947 se implantó el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) entre USA y 20 países de América Latina, imponiéndose la Doctrina de Seguridad Nacional para “defender” a Occidente de la URSS. Ese mismo año y con el mismo objetivo se fundó la Central de Inteligencia Americana (CIA). En 1956 se creó la primera escuela de torturas en Paraguay, bajo la dictadura de Stroessner. El 1° de enero de 1959 los guerrilleros cubanos dirigidos por Fidel Castro entraron a La Habana para iniciar una sociedad alternativa al capitalismo. USA da inicio a un bloqueo económico, político, ideológico y comunicacional que se mantiene hasta hoy.

Entre el 2-8-1990 y el 28-2-1991 se desarrolló un conflicto bélico de 34 países liderados por USA en contra de Irak, en respuesta la anexión iraquí del Estado de Kuwait, denominado Operación Tormenta del Desierto.

Tras los atentados del 11 de septiembre de 2011 se acusó a Osama Bin-Laden, líder del grupo terrorista Al Qaeda y refugiado en Afganistán, como responsable de estos atentados. Afganistán se negó a entregarlo a USA, por lo que el Congreso de USA autorizó al presidente Obama a atacar a Afganistán. Esta ocupación terminó sin resultados recientemente en el gobierno de Biden.

A inicios del siglo XXI USA facilitó armas al Estado Islámico para que derrocara al gobierno de Siria, presidido por Bashar Al Assad. El Estado Islámico atacó a Irak y a Siria. A petición de Irak, en 2014 USA ingresó a esta guerra supuestamente para defender a las minorías cristianas y, especialmente, para resguardar las instalaciones económicas y militares norteamericanas. Las víctimas iraquíes han ascendido a más de un millón. La “guerra total” contra el terrorismo desatada por George W. Busch significó una guerra de dos décadas, con presos en Guantánamo en forma indefinida, sin acusaciones ni juicios. Se ha sumado Abú Ghraib, en Irak, donde se acumularon violaciones de derechos humanos tales como abusos físicos y sicológicos, torturas, violaciones y asesinatos a civiles, con el  fin de atemorizar a las poblaciones. Estas guerras desarrolladas por USA posteriores al 11–9-2011 han provocado el desplazamiento de más de 50 millones de personas desde Afganistán, Irak, Pakistán, Yemen, Somalia, Filipinas, Siria y Libia. Libia posee campos petroleros. Su líder, Gadaffi no tenía aliados.  USA atacó y asesinó a Gadaffi, dejando al país debatiéndose en el caos hasta el presente.

La Ley Patriota del 26 de octubre de 2011 ha permitido al FBI vigilar a los estadounidenses, posibilitando la censura para reprimir voces críticas en medios de comunicación, la academia y toda la sociedad de USA. Por su parte, las agencias gubernamentales como el Departamento de Defensa, la CIA, la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) y el FBI han intensificado las acciones de espionaje en todo el mundo, a través de intercepciones telefónicas ilegales e injustificadas sobre los ciudadanos y las empresas, incluyendo a gobernantes. A lo anterior se agrega el control del ciberespacio. Dado que USA no ha ratificado los tratados de derechos humanos, sus acciones no son sometidas a juicio.

Se podrían llenar miles de páginas sobre los crímenes de USA en el mundo: bloqueos a Cuba y Venezuela, golpes de Estado en casi todos los países de América Latina, bombas atómicas lanzadas a poblaciones civiles en Japón. Hay que agregar la destrucción de Vietnam, caos en Haití, masacres en Guatemala y República Dominicana, genocidio en Palestina, bases militares en Colombia, Chile, Perú, Argentina, Honduras, El Salvador, Panamá, etc…, etc…, etc… La paz no puede realizarse sin justicia y sin verdad y no puede alcanzarse contra la humanidad. La humanidad quiere vivir humanamente. Un paso básico es que los pueblos sepan la verdad sobre sus destinos y digan su palabra. La guerra desatada en Ucrania es expresión de la política de expansión de la OTAN. Por tanto, hoy se vive la definición entre un mundo unipolar dominado por USA -y con Europa sometida-, o un mundo multipolar, con varios centros de poder. Tienen validez las palabras del profeta Isaías (Is. 59, 13) a ser enrostradas a los líderes de las potencias y especialmente a USA: “Vuestras manos están manchadas de sangre y vuestros dedos, de iniquidad; vuestros labios hablan mentiras, vuestras lenguas murmuran perfidias”.

Por Hervi Lara

Integrante del Comité Oscar Romero, SICSAL-Chile, y del Observatorio por el Cierre de la Escuela de las Américas

Columna publicada originalmente el 18 de noviembre de 2022 en El Derecho a Vivir en Paz.


Síguenos y suscríbete a nuestras publicaciones

Comparte ✌️

Comenta 💬