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¿Luchar por los sueños o conformarse con maquillajes?

¿Reflexión de fondo? ¿Deliberación? ¿Debate crítico? El riesgo de perder de vista lo esencial está presente en el contexto electoral actual de Chile. La precipitación para asegurarse la repartición de las instancias de poder hace perder la brújula. El cuoteo político está en marcha. Al mismo tiempo, continúa invisibilizándose el debate que desde los movimientos sociales se viene gestando en el convulsionado Chile actual.

En efecto, un laborioso proceso de construcción de una opción alternativa está en curso, levantando un cuestionamiento de fondo del modelo de representación política y de las relaciones de poder imperantes durante los últimos 40 años.

Construir un proyecto político auténtico, transformador, innovador y visionario, forjado desde los movimientos sociales y arrimado estrechamente a las necesidades urgentes del país – desde las localidades y los territorios – es el desafío actual. Está claro que esto sólo podrá ser posible dando un vuelco a la situación a través de un cambio de la institucionalidad vigente.

Tarde o temprano los partidos que se dicen por los cambios tendrán que enfrentar el desafío de refundarse mediante una reflexión teórico-práctica lúcida, que tenga en cuenta cabalmente este nuevo contexto y estas expectativas; las políticas de alianza deberán ser reconsideradas. La coyuntura no es la misma que la del 2005 que llevó al poder al gobierno de Michelle Bachelet. A pesar de sus esfuerzos para combatir la pobreza, su reformismo no consiguió terminar con la inequidad, y al contrario, consolidó el modelo, permitiendo el reinado de las directrices impuestas por las oligarquías financieras, perennizando el sistema binomial y la justicia militar y criminalizando la protesta social. Los resultados nefastos del proceso de democracia pactada demostraron ampliamente la ineficacia de la propuesta concertacionista. La estrategia de votar con una lógica utilitarista que aplasta toda posibilidad de alternativas reales, no es más que una forma de prolongar esta situación. La política del mal menor se ha demostrado una calle sin salida.

Ante la apatía política que rodea a la Concertación, desvirtuada por sus 20 años manteniendo y consolidando el modelo neoliberal dominante y que sólo augura un continuismo maquillado, otro tipo de poder se está efectivamente forjando, un poder ciudadano y territorial, comprometido por los cambios profundos del sistema, que resiste a la embestida extractiva dominante, reivindicando derechos sociales y ambientales, conquistando un espacio de participación y de decisión. Es un movimiento político – social que tiene claro que las propuestas cosméticas al modelo mercantil no son la solución. El proceso está en marcha a lo largo del país encontrando una importante forma de estructuración y de expresión en las asambleas ciudadanas territoriales, las cuales han ido gestando prácticas de poder popular y de democracia participativa aunando diversos actores sociales. La idea de asamblea constituyente va haciéndose camino renegociando el espacio sociopolítico.

«Es el tiempo de la política» decía Jacques Rancière. Es el tiempo de reconquistar las utopías y luchar por los sueños.

Hoy es posible soñar con un país diferente, declaraba Fielbaum. La realidad llama a multiplicar la voluntad de luchar sumando lenguajes de posibilidad, lenguajes críticos y lenguajes de esperanza, para hacer posible lo que se pinta como imposible y frenar la política de acomodamiento y conformismo, aceptando lo establecido y renunciando al potencial esencialmente transformador de la política y a su posibilidad emancipadora.

Interpelados por las elecciones, el reto es votar en base a la convicción, rescatando el sentido democrático popular y deliberativo del voto y pensando en el Chile que queremos y que soñamos.

Esta voluntad se ha ido manifestando en las tentativas de confluencia de las fuerzas sociales que promueven el pensamiento crítico y que buscar identificar los ejes de una alternativa de fondo, con principios claros y una plataforma programática. Por consecuencia, la estructuración de una fuerza democrática a partir de los movimientos sociales, merece ser considerada como una iniciativa esperanzadora en el panorama político chileno y como una perspectiva de desplegar una amplia organicidad política por los cambios profundos que Chile necesita ¿En ese sentido, la articulación que se ha forjado desde el movimiento estudiantil con el partido Humanista, el MAIZ, el Partido Izquierda Unida y otras fuerzas sociales será capaz de responder al reto de un compromiso profundo por un nuevo Chile, desterrando los vicios de los intereses partidistas o de grupo ?

¿Estas tentativas de convergencia en torno a la búsqueda de cambios estructurales sabrán realmente superar la estrategia de creación de alianzas utilitaristas?

Se trata de transformar la coyuntura electoral en oportunidad para relanzar el debate de fondo, para repensar el quehacer político y sumarse a los esfuerzos por articular las fuerzas en torno a un proyecto inspirador arraigado en los movimientos sociales de base.

Por Isabel Orellana
Profesora – Investigadora
Centro de investigación en educación y formación en medio ambiente y ecociudadanía
Facultad de Ciencias de la Educación
Université du Québec à Montréal

Junio 2013

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