martes, octubre 22, 2019

Procedimientos policiacos en Chile: Hay espacio para mejorar la legislación y la práctica

Desde abril del 2004 me he convertido en un experto en los procedimientos policíacos chilenos. Me apresuro en agregar que no he cometido ningún crimen. No obstante, en esa fecha el ciudadano estadounidense nacido en Chile, Fernando Goitía (RUT N° 3.466.987-5) se mudó a la casa en frente de la nuestra en Viña del Mar.

Se trata de un tipo medicamente reconocido como psicópata y pedófilo, con dos intentos ya registrados de asesinato y violencia sexual contra su hijo, violencia doméstica contra las tres esposas que ha tenido (incluyendo una en los EEUU, en donde también abusó de sus hijastros), para no hablar de un fraude cometido contra una aseguradora en Luisiana (EEUU).

A pesar de todo esto, no sólo no ha sido inquietado por ningún tribunal chileno que se haya ocupado de su caso, sino que además se le permite mantener variado armamento en su casa.

Esto no debiese ser sino otro ejemplo de injusticia en Chile, aun cuando es altamente sospechoso que las autoridades estadounidenses -tan inclinadas a examinarte hasta los zapatos en los puestos fronterizos- no hayan hecho nada cuando el tipo pretendió durante años ser el Cónsul honorario de los EEUU en Viña del Mar, llegando incluso a poner el escudo estadounidense en la entrada del edificio en que vivía.

Sin embargo, una vez que se mudó a nuestro barrio, ha literalmente aterrorizado los alrededores, apuntando especialmente a algunas familias (incluyendo la nuestra porque rehusamos dejarnos intimidar). El decide quién estaciona donde, se expone en modo indecente ante los vecinos, abusa del prójimo con insinuaciones sexuales, inventa crímenes imaginarios cometidos en contra suya y su propiedad, y merodea en torno a un jardín infantil que se instaló en nuestra calle a principios de este año.

¿Qué tiene que ver todo esto con los procedimientos de la policía? Bueno, el tipo considera las fuerzas de policía como su guardia pretoriana, convoca la policía local casi diariamente invitándola a entrar en su casa para largas conversaciones privadas. Como muchos psicópatas sabe como mostrarse encantador, como intimidar y como manipular la gente y las acciones judiciales.

Intentando terminar con esta pesadilla sin fin he estado en contacto con innumerables personas y autoridades, desde el más modesto policía hasta secretarios de Estado y buena parte de la prensa.

Me temo que no he avanzado mucho porque el problema sigue allí. No obstante, haciendo todo esto he observado muchos defectos en el modo en que se hacen las cosas en Chile con relación a los procedimientos policíacos.

Algunos de ellos tienen que ver con defectos de la legislación pertinente, y otros son materia de organización institucional y de enfoque. Esta nota intenta abordar algunos de estos temas.

LAS FUERZAS DE POLICIA EN CIFRAS

Hay dos policías en Chile: los Carabineros uniformados, y la policía civil encargada de las investigaciones criminales conocida como “Investigaciones”, o más frecuentemente bajo su nuevo acrónimo “PDI”.

A mediados del 2008 las fuerzas de Carabineros incluían casi 42 mil agentes, de los cuales 11% eran mujeres. Carabineros opera unos 5.400 vehículos de todo tipo, más de 2.300 motos, 60 lanchas a motor y 14 helicópteros. También dispone, luego de un laborioso proceso de selección, de un avión de vigilancia fronteriza. También mantiene más de 1.300 caballos (que aún son el medio de transporte ideal en muchas aéreas remotas), unas 44 mulas (se ruega no bromear) y más de 250 perros.

La PDI cuenta con más de 7.800 agentes, dotados de casi 2 mil vehículos.

En conjunto, las dos fuerzas de policía tienen más personal que el ejército y la fuerza aérea reunidas. Su presupuesto para el 2009 supera los mil seiscientos millones de dólares, incluyendo U$ 600 millones en pensiones para el personal en retiro.

Hasta que una nueva legislación no ponga la policía bajo la responsabilidad del Ministerio del Interior, sigue dependiendo del Ministerio de Defensa en donde un subsecretario civil preside los destinos de cada una de las dos instituciones. Los guardias de prisiones, conocidos por un nombre que presta a confusión, como “Gendarmería”, dependen del Ministerio de Justicia.

Bajo los estándares regionales, no precisamente excepcionales, la policía  chilena está mejor organizada, es más profesional y es menos corrupta (lo que no significa, hablando de Chile en general, que no haya corrupción).

Sus agentes trabajan largas jornadas, tienen bajos niveles de salario, y solo recientemente se ha mejorado su nivel de equipamiento, incluidos los  dispositivos que mejoran su protección contra delincuentes cada vez mejor armados.

ASIGNACION Y UTILIZACION DE RECURSOS

Las dos policías pretenden, con alguna justificación, que su número y recursos están por debajo de lo necesario y demasiado dispersos.

Personalmente creo que es ridículo que no participen de los ingresos de la Ley del Cobre, cuando están utilizando su equipamiento cotidianamente en su lucha contra el crimen.

Sea como sea, a ojo de buen cubero el despliegue de los recursos disponibles parece mucho menos que óptimo. Esto se debe en buena parte a las jerárquicas tradiciones políticas.

Así, si el Presidente de la República o el Ministro de Industrias de Mongolia visitan algún pueblo o viajan de A a B, puede que no sea necesario tener cientos de policías a lo largo de  la ruta y en torno al área de la visita.

Una eficiente protección de los vehículos, más algunos agentes en el lugar de destino, debiesen ser más que suficientes para garantizar la seguridad de las personalidades.

Del mismo modo, la respuesta a cualquier eventualidad debiese ser coherente con la situación y los riesgos previstos. Poco después de mi llegada a Chile en 1991, hubo el caso de un  militar que vino a un Hotel de Santiago en el que su ex polola estaba trabajando como recepcionista, le disparó y luego se suicidó. No había nadie más involucrado, los actores del drama estaban muertos y no había peligro para nadie. No obstante, las informaciones televisadas esa noche mostraron una docena de vehículos policiales en el lugar. ¿Para qué?

Otro caso más reciente provocó el despliegue de 250 agentes para vigilar la llegada a Chile de un pedófilo extraditado desde Brasil. El tipo no era  precisamente el jefe del cartel de Tijuana. ¡Ya me gustaría que enviasen el 1% de esa fuerza para protegernos a mí y a mi familia de nuestro vecino pedófilo!

MULTIPLICACION DE ROLES

Las dos fuerzas de policía, supuestamente, tienen delimitados sus roles y responsabilidades. No siempre funciona y, aun cuando poco frecuentes, se conocen casos en que ambas llegaron al lugar del crimen la una contra la otra.

Carabineros tiene una amplia gama de funciones asignadas que van de la vigilancia  fronteriza a la entrega de convocaciones judiciales, el control de tráfico, las patrullas  callejeras, intervenciones familiares, etc. Su Director General, Eduardo Gordon, ha tomado las riendas de la presidencia de Ameripol, que agrupa policías de 15 países de América Latina, previamente a cargo de su fallecido predecesor.

Investigaciones se ocupa de las funciones de Interpol en Chile y su Director General, Arturo Herrera, sirvió como jefe interino de Interpol de enero a octubre del 2008 y es uno de los tres vicepresidentes regionales (para las Américas) hasta el 2009.

Aun cuando se han tomado algunas medidas para reducir los trabajos  administrativos en las tareas de Carabineros, aun parecen estar encerrados en un restrictivo padrón de procedimientos que tocaré más adelante. También se les ha agregado la tarea de renovación de la tenencia de armas, trámite que se hacía anteriormente en la Dirección General de Movilización Nacional.

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Las llamadas “nuevas amenazas” ponen una carga suplementaria en las fuerzas de policía: ellas incluyen  el cibercrimen,  el terrorismo y las pandillas internacionales. Se dice que los carteles mexicanos están presentes y activos en Chile (me pregunto si están disponibles para un “contrato”…), y sus colegas de Rusia y el resto de Europa del este no deben andar lejos.

SELECTIVIDAD DE LA RESPUESTA

En Chile no hay legislación que castigue a quienes son una molestia para la policía, como la que en Gran Bretaña sanciona el crimen “hacerle perder el tiempo a la policía”. Aunque ahora hacer falsos llamados a los servicios de urgencia es un delito, cualquier llamada que no sea estrictamente una broma debe ser atendida.

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Volviendo al ejemplo de nuestro vecino, cada día convoca a las magras fuerzas de nuestra Tenencia para quejarse de automóviles estacionados en sitios que no le gustan, o para informar de crímenes imaginarios cometidos contra él o la sociedad por vecinos a quienes les guarda rencor, o para quejarse porque otros policías no atendieron sus exigencias con la debida diligencia.

Para hacerlo llama directamente a la Tenencia o al número local de emergencia del Plan Cuadrante. El número adecuado para llamar es la línea 133, pero según la propia policía funciona mal en nuestra región. No obstante, de acuerdo a una conversación que tuve con la Sra. Javiera Blanco, subsecretaria de Carabineros en el Ministerio de Defensa, el número 133 está siendo objeto de una prueba con software que posterga las llamadas provenientes de números que se repiten. Una mejora sin duda, pero no una solución.

Así, nuestros carabineros locales tiene que abandonar la lucha contra el  crimen real (lo que, coincidencia o no, ha aumentado en nuestro vecindario) para venir diariamente, o incluso varias veces al día, a ocuparse de las perjudiciales fantasías  de nuestro vecino.

Aun cuando ellos, o sus jefes, se muestran comprensivos para con nuestra  difícil situación y pretenden estar al corriente de la realidad, insisten en que la ley les obliga a responder a todas las llamadas. La consecuencia de no hacerlo, dicen, es ser acusados de no respetar las disposiciones vigentes.

Ante este argumento tengo que manifestar serias dudas. Primero, el hecho de que no haya leyes que sancionen a los culpables de tal acoso a la policía es una estupidez en sí mismo. Además por mi propia experiencia: cuando en dos ocasiones les llamé para informar que una decena de perros (no perros callejeros, sino animales de compañía soltados ilegalmente  por sus dueños temprano en la mañana) estaba jugando en un concurrido cruce de calles y podía causar un accidente, me respondieron que “no era su problema sino el del Municipio”.

Ampliando el punto, para aquellos que se quejan de que la TV pasa demasiado tiempo informando sobre crímenes, puede ser útil ponerle atención a lo que encuentran los reporteros. En los barrios pobres la gente se queja a menudo de que Carabineros no responde a sus llamadas telefónicas. ¿Acaso existen dos pesos y dos medidas para sancionar a los agentes que no responden a las llamadas del público?

En cualquier caso, si los jefes realmente saben, como pretenden, que las  llamadas del Sr. Goitía proceden del mundo de la fantasía, ¿Por qué debiesen sancionar a sus subordinados por ser razonables y mandarlo al diablo?

También debiese estarle prohibido a los carabineros que responden a las  llamadas intimar con quien les llama. El agente debiese operar a prudente  distancia. Relaciones amables e incluso cálidas entre el público y la policía que les protege son las bienvenidas.

Lo que no puede ser bienvenido y da pie a conjeturas es dar abrazos en la  puerta, entrar en la casa y pasar incluso horas adentro (dejando las motos y los coches patrulla abandonados, a menudo con las ventanillas abiertas).

Al menos un vecino ha visto sobres que cambian de mano, aun cuando no deseo hacer una montaña de este detalle.

Una vez que se toma en cuenta una denuncia, incluso si es tan seria como  acusar a los marcianos de haber roto tus ventanas, Carabineros tiene la obligación de informar la oficina del procurador (la “Fiscalía” en el nuevo código de procedimiento penal). Esa oficina decidirá luego si la denuncia es de buena fe y puede ordenar medidas específicas o investigaciones complementarias por parte de la policía.

En un episodio reciente, el Sr. Goitía llamó a mi hijo “maricón de mierda” mientras este estaba ayudándole a su madre a descargar las compras y sin mediar ninguna provocación. Como recibió en respuesta una merecida andanada verbal, el tipo interpuso una querella en nuestra contra que la Fiscalía estimó merecer una “orden de protección” para el psicópata.

(Chile es el único país en donde las víctimas son enviadas a prisión y los culpables reciben una cena de “desagravio” en la Casapiedra).

Por consiguiente Carabineros tuvo que venir frecuentemente a asegurarse de que no asesinábamos al Sr. Goitía. Por supuesto, la Fiscalía no estimó oportuno informarnos de esta situación (no sé lo que dice la ley al respecto).

Llegados a este punto, tendría más confianza tirando sin condones en un burdel con las nietas de Ataturk o de Ariel Sharon, sabiendo que una tiene el SIDA y la otra gonorrea, que en nada que tenga que ver con los Tribunales chilenos. Fueron los Tribunales chilenos, contra toda evidencia (pude hablar personalmente con los médicos involucrados), los que absolvieron a nuestro vecino de intento de asesinato y de abusos sexuales.

En temas más mundanos, como el tráfico y delitos similares, la selectividad parece ser la norma. Así los nuevos autobuses del Transantiago continúan subiendo y bajando pasajeros fuera de los paraderos impunemente, solo para citar un ejemplo.

ASUNTOS INTERNOS

Mi información en esto es poca y básica, pero parece que la policía en Chile no tiene un Departamento de “Asuntos Internos” independiente o al menos autónomo, para investigar las denuncias contra sus agentes o sus procedimientos.  Estas denuncias son tratadas en el seno de las mismas unidades concernidas (Región, Comisaría, Tenencia) por los superiores jerárquicos o por colegas de los involucrados en la denuncia. Si mi percepción es justa, esto no puede llevar a ninguna acción decisiva excepto en los casos más evidentes.

Al detener vehículos en aéreas urbanas en razón de alguna infracción a las reglas del trafico, Carabineros suele estacionar en doble fila y crear, junto con el trasgresor, un problema de tráfico aun mayor que el que intenta sancionar.

Ultimo, pero no menos importante, ladraré una vez más contra el hecho de que muchos policías conducen sus vehículos sin ponerse el cinturón de seguridad. El cinturón es una exigencia legal porque salva vidas, y en ningún caso un dispositivo facultativo.

La vieja excusa de que necesitan salir del vehículo rápidamente en caso de emergencia es una huevada, como el argumento con el que la parentela chilena de mi mujer trató de convencernos de no usar el cinturón de seguridad cuando llegamos a Chile: “en caso de incendio no puedes salir del auto”. ¡Pobre Chile! Tan cerca de Dios, como pretende… y no muy lejos de un tratamiento psiquiátrico intensivo

Por  Armen Kouyoumdjian  (traducción del inglés original gentileza de Luis Casado)

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