jueves, octubre 17, 2019

Verdad y Justicia ¿Otra vez?

El pasado miércoles 2 de diciembre, el juez Alejandro Solís entregó los primeros resultados de identificación de restos de personas detenidas desaparecidas por el caso Patio 29, luego de haberse conocido en 2006 errores periciales en los procedimientos identificatorios de 48 personas vinculadas con el mismo caso.

Los Derechos Humanos han constituido en nuestro país, desde el término de la dictadura, motivo de debate permanente dentro de la agenda que los gobiernos democráticos se han trazado con objeto de diferenciar su política: En esta estrategia se inscriben las comisiones creadas para certificar los casos de represión política en dictadura, los beneficios de reparación a los afectados, y las acciones con fines directamente históricos en la construcción de lugares para la memoria.

Al analizar los hechos, una buena estrategia es abordarlos en perspectiva, con una mirada que nos permita re-articularlos en su historicidad, de modo que lo meramente coyuntural se interprete en conexión con sus trayectos y sus itinerarios posibles; como una mirada capaz de atravesar la fascinación con que se experimenta la realidad en sus representaciones cotidianas.

Al respecto, dos situaciones de contraste: En primer lugar, el escenario comunicacional en que surge la noticia sobre la identificación de restos, hace secuencia con acciones que intentan posicionar los derechos humanos como una preocupación permanente de la política interna del Gobierno y su agenda, frente a las críticas de la sociedad civil y a las observaciones de organismos internacionales respecto a situaciones represivas en Chile.

En esta secuencia, encontramos la compra de predios en territorios asonados por el conflicto Mapuche, la publicación de la nómina de cargos para el Museo de la Memoria, la identificación de los restos de Víctor Jara, y la promulgación de la ley que crea el Instituto de Derechos Humanos, no sin críticas, nuevamente desde la sociedad civil, respecto a su facultad para emprender acciones legales por futuras acciones represivas en el país.

En segundo lugar, pero no menos importante, encontramos una coyuntura política en etapa de conclusión, a una semana de que se dirima el poder ejecutivo por elección universal. Los derechos humanos, hoy más que nunca, funcionan como elemento diferenciador de la política y sus propuestas programáticas en la contienda que se libra entre el candidato oficialista y su homónimo de derecha.

¿Cómo interpretar entonces la noticia de la identificación de restos de detenidos desaparecidos por el caso Patio 29?, o más claramente ¿Qué relación guarda la secuencia descrita con la situación de derechos humanos en nuestro país?

Si bien el enunciado por “Verdad y Justicia” ha constituido el contenido duro de la lucha de los familiares de detenidos desaparecidos y ejecutados políticos en Chile, y las acciones emprendidas por los gobiernos democráticos representan avances en el imperativo por establecer la reparación a los afectados, resulta importante mirar éstas acciones tras el fondo de una urgencia objetiva que amenaza con desbordar la pretendida estabilidad del relato en dicha materia: Los familiares de los afectados, hasta ahora, evalúan con desconfianza el accionar de la justicia y las demás instituciones del Estado, ya no tanto por los errores cometidos, sino por la dilación temporal en situar como centro aquél norte articulador de su propia actividad, donde la Verdad no sea equivalente a la identificación de un familiar desaparecido –el resto simultáneamente es un exceso y una ausencia, la representación subjetiva de aquello que jamás retornará como lo mismo-, ni a la institucionalización del derecho a la vida, sino en relación con el motivo histórico de las violaciones a los derechos humanos.

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Justicia. Se trata de otra Verdad, una relación de identidad entre el reclamo por esclarecer los hechos del pasado y las responsabilidades jurídicas de los agentes del Estado implicados en ellos. De modo que, lo que ocupe el lugar de esta otra verdad, sea el relato ético del pasado, la memoria desbordada en su dimensión meramente estética capaz de reconstruir los nexos borroneados por la violencia. El discurso oficial en derechos humanos ha sido algo distinto, pues ha privilegiado la creación de una realidad reconciliada con sus traumas, la reducción de los derechos humanos a los excesos de la dictadura, la domesticación de los antagonismos y las diferencias en clave de tolerancia indiscriminada donde ya no es posible practicar la diferencia, la inclusión de esa diferencia en las redes institucionales donde la excepción es afirmada para ser instantáneamente anulada en el abismo impersonal de lo público, y los grandes eventos de la memoria con fuerte presencia comunicacional.

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Los familiares afectados, aun cuando en su mayoría han sido objeto de intervenciones clínicas, psicosociales y económicas, no consiguen restituir el lugar de la pérdida y conseguir una reparación efectiva, a propósito de ese elemento excedente que se les escapa, esa otra Verdad que reiteradamente no ha coincidido con Justicia. No se trata, en este sentido, de elevar la justicia al lugar de la plenitud reparatoria, sino de aceptar que cuando la verdad consigue escabullirse, reclama una consecuencia, una responsabilidad que interpela por la restitución de un lugar olvidado, potenciando su función estructurante en la reorganización de la experiencia fuera de la repetición traumática.

Los derechos humanos hoy, se encuentran sitiados por el peso del pasado y por la dificultad de practicarlos en su plenitud presente, en situaciones que convocan a nuevos sujetos con nuevos conflictos, en realidades sociales y políticamente distintas.

Estética y comunicación se unen así, en esta coyuntura, para situar a los derechos humanos como un factor de la política. Es ésta la dimensión compartida entre la noticia de los restos del Patio 29 y los demás elementos de la secuencia, la de haber constituido hasta ahora un factor diferenciador entre un pasado donde se han arrojado los espectros, un presente donde se intenta reconciliar las diferencias y un futuro donde los miedos se exorcizan.

Iván Torres A.
Psicólogo de Fasic

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