Yo sí te creo Gabriel. A propósito de una columna en La Tercera

Juan Alejandro Henríquez Peñailillo Profesor de Filosofía
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Columnas

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Juan Alejandro Henríquez Peñailillo

Profesor de Filosofía. 

Integrante de #ConocimientosxBoric 

www.juanhenriquez.cl

A propósito de una columna escrita en La Tercera donde el autor compara los daños que sufrió el metro de Santiago durante la revuelta y estallido social en 2019 con los bombardeos de la segunda guerra mundial.

En sí mismo esa comparación es un despropósito, si recordamos el bombardeo al Palacio La Moneda el 11 de septiembre de 1973 y las verdaderas guerras o invasivos ataques aún existentes en Palestina o Siria, entre otros tantos lugares con miles de muertes en períodos posteriores a 1945. Recordemos que hasta el virus dio tribuna al actual gobierno, que busca continuidad en el otro candidato con el apoyo del ministro de educación por ejemplo, para hablar de una nueva guerra después de la ya inventada contra los distintos pueblos y naciones que conviven en Chile, siendo uno de los pocos países con fuerza militar permanente durante el prolongado toque de queda o con escenas grotescas en las calles cercanas a la Escuela Militar con jóvenes uniformados apuntando contra sus compatriotas (como ellos mismos nos llaman).

Acusar al movimiento estudiantil de radical por saltar los torniquetes es, justamente, no comprender la importancia que tiene una educación liberadora, reflexiva, filosófica y crítica, por sobre una educación como bien de mercado que busca libertades individuales por sobre las colectivas y enfocada en desarrollar competencias laborales para reproducir el modelo económico que nos oprime con sus tarjetas de créditos regaladas en las poblaciones y patios universitarios, sin responsabilidad ni educación financiera alguna, al contrario, prometiendo una mejora en la calidad de vida que a la larga se transforma en todo lo contrario.

Sí, te creo Gabriel, cuando propones una educación no sexista, intercultural, inclusiva y comprometida con los derechos humanos, para que nunca más nos olvidemos de tener memoria.

Prefiero tu cambio de vestimenta y discurso más moderado que el discurso y programa sin memoria y con la demagogia característica de la ultraderecha.

Te creo cuando abrazas a la Machi Linconao en vez de abrazar a los poderes fácticos y económicos que representó la visita a Estados Unidos.

Y en la era digital, donde necesitamos una educación acorde a los tiempos y no una que mantenga a la ciudadanía desconectada de su rol participativo o que deja a los niños, niñas y adolescentes como objetos vacíos donde llenar con contenidos conservadores y no reconociendo que son sujetos de derecho, te creo Gabriel cuando propones garantizar el Internet como un servicio básico, dado que eso lo promueve en su categoría de derecho humano y promueve el derecho a la información y la libertad de expresión en entornos seguros por supuesto. La actual brecha digital no es más que la representación de los altos niveles de desigualdad social en el mundo virtual, según ya decía Pimienta en el 2008. Más aún, consideremos que está brecha tiene dimensiones que hay que atender de forma urgente para lograr una verdadera alfabetización y conexión digital asegurada por el Estado.

Entre esas dimensiones está la desigualdad económica que impide igualdad de condiciones para acceder a una conexión de mejor calidad y velocidad, está la desigualdad territorial y geográfica porque las grandes ciudades aseguran, en parte, más conectividad que en los sectores rurales y más alejados de la capital. Está la desigualdad etaria que divide a las generaciones y no promueve el diálogo educativo entre ellas, o como propone otro programa al decir que el Estado debe hacer trabajar a las personas mayores por sobre su actual edad de jubilación. Y están las desigualdades de género, inclusión de la discapacidad y de la interculturalidad (migrantes sin sanjas en las fronteras-y pueblos indígenas con autodeterminación y plurinacionalidad).

Todas estas dimensiones deben ser atendidas en el mundo digital, pero sobre todo en el mundo del día a día.

Yo, sí te creo Gabriel, aun cuando no milito en partidos políticos, porque creo en los proyectos cuando se construyen de forma colectiva. Y eso no me volverá alguien acrítico en tu gobierno, porque serlo iría en contra de los principios de la Educación que promuevo.


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