(Video) “Bacha bazi”, la práctica legal de prostitución infantil en Afganistán

La pedofilia y prostitución infantil es condenada en casi todos los rincones del planeta, pero existen algunos lugares que, a pesar de tener una tradición cultural muy rígida y conservadora, incurren en estas aberraciones humanas. Es el caso de Afganistán, donde una práctica denominada “bacha bazi” es tan común que se considera una tradición.

Se trata de un fenómeno social, un tipo de “esclavitud sexual” clásica que afecta a niños y adolescentes varones que son obligados a vestir como mujeres para satisfacer sexualmente a los afganos de altas posiciones económicas, especialmente militares.

Increíble pero cierto. Ocurre a pesar de que su religión se rige por el Islam. Esta forma de prostitución infantil emerge gracias a la inseguridad alimentaria y que muchas de las víctimas viven por debajo del umbral de la pobreza, lo que obliga a los más desposeídos a realizar actividades terribles, con la única esperanza de poder llevarse algo a la boca antes de dormir.

Lo peor de esto es que “la mayoría de las víctimas han sido raptadas a plena luz del día, mientras jugaban en el campo o en su propia casa, mientras otras son vendidas por sus familias a cambio de unas pocas monedas”, reseña el portal Culturizando.

Un caldo de cultivo para esta práctica es que “más de nueve millones de personas viven en la franja de la pobreza“, de acuerdo con datos de Tadamichi Yamamoto, representante especial de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en Afganistan, en 2017. Esta cifra ha aumentado radicalmente en los últimos años.

Un estudio sobre las Condiciones de Vida en Afganistán (ACLS, por su sigla en inglés), elaborado por la Unión Europea y la Organización Central de Estadísticas de Afganistán en 2018, reveló que un 55 % de la población afgana vive por debajo del umbral de la pobreza; es decir, con menos de un dólar al día.

Los pequeños regularmente son violados y sometidos a toda clase de aberraciones sexuales, que van desde bailar y actuar en “fiestas” vestidos con ropa de mujer, maquillados y con el cabello teñido, delante de hombres maduros.

Todo un clásico del abuso sexual

El tema no resulta un tabú para los afganos, más bien se trata de una práctica que en el tiempo de los talibanes era motivo de condena a muerte, pero que luego fue abolida. Sin embargo, tras la debacle producto de las guerras y los conflictos entre poblaciones tribales, la pobreza brotó y trajo consigo un renacer de esta forma de esclavitud sexual.

Pasó de ser una antigua costumbre a un común denominador de la sociedad afgana y “está tan normalizada en el país que las autoridades no han hecho nada para erradicarla. Incluso, los mismos policías asisten a los bailes y vitorean a los niños como el resto de los hombres presentes”, reseña Culturizando.

Hombres del ejército, jefes de guerra, policías, empresarios e incluso políticos, son quienes compran a niños y adolescentes para saciar sus deseos sexuales.

Los explotadores, de su parte, aseguran que no es un acto homosexual, al punto que argumentan que es signo de masculinidad y de estatus.

Empalmados con el Gobierno

Como toda red de prostitución, los explotadores se codean con altos funcionarios y personajes de poder, lo que les da un cierto rango de movilidad y acción sin que el Gobierno afgano tome cartas en el asunto.

Sin embargo, a partir de las informaciones reveladas por la agencia AFP en junio de 2016, en las que demostraban que los talibanes utilizaban a los “bacha bazi”, la situación ha pasado de la normalidad a la clandestinidad, sin llegar a erradicarse, pues el factor pobreza aupa esta práctica.

De hecho, el fenómeno de los “bacha bazi” ha aumentado drásticamente durante los últimos dos años, a pesar de la introducción de la ley que lo prohíbe.

A la deriva

El fenómeno es complejo, humillante y se ha convertido en un estigma social, tanto que luchar en contra resulta cuesta arriba, pues no existen ni tribunales ni instituciones con autoridad moral y legal donde las víctimas puedan exponer y presentar sus denuncias.

Y el número de adolescentes que padecen esta tortura es imposible de calcular y la gran mayoría de los niños terminan siendo adictos a las drogas y al alcohol, según una investigación que publicó en 2014 la Comisión Independiente de Derechos Humanos de Afganistán.

Material explícito

El siguiente material fue publicado en 2009, y más allá de permanecer en YouTube con más de un millón de visualizaciones hasta la fecha, no pretende alimentar el morbo humano.

Las imágenes son fuertes y pudieran en el fondo tener un tono moralista, respetando lo que se considera parte de una “cultura” en Afganistán. Quien lo publicó dejó abierta la interrogante: ¿Qué piensan del futuro para este tipo de personas que están haciendo cosas tan ilegales en nuestra naturaleza?

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