¿Cómo estás, corazón?


Disimulada entre las muchas derrotas e innumerables fracasos de los “expertos” de la puñeta económica, escondida en medio del torrente de malas noticias que trae consigo el paraíso en la tierra de la globalización, se esconde una buena nueva que hará saltar de alegría a miles de chatos  que estaban por irse a alimentar los crisantemos por las raíces.

Las enfermedades cardíacas constituyen en muchos países la principal causa de mortalidad, después de los bombardeos de la aviación yanqui (en Irak y en Afganistán sobre todo) o de los “pronunciamientos” militares allí donde esas cosas suceden.
Servidor algo sabe del tema, visto que le debe los días que vive a la mejor medicina del planeta, la francesa, que atiende a pobres y ricos por igual sin cobrar un peso, para eso pagamos las cotizaciones de la seguridad social, unos más otros menos en función de nuestro nivel de ingresos, a lo que se suma una fuerte contribución a cargo de las empresas.

Alabados sean el Hospital Henri Mondor que me trató como a un príncipe, el doctor Kuniki Nakashima (japonés) que me abrió de arriba debajo de un solo tajo para ponerme una prótesis que me permite correr como un conejo, el doctor Boyan Tzvetkov (búlgaro) que me siguió desde que llegué a París medio muerto después de haber sufrido una disección aórtica en Caracas hasta que salí jugando al manseque, y todos, el Profesor Loisance (francés) jefe del servicio de cirugía cardíaca, las enfermeras, los kinesiólogos, los radiólogos, los anestesiólogos y el personal de la cocina que te prepara comida a la carta, se trata de hospitales públicos como se debe, y no de clínicas privadas al peo.

Pero lo que te quería contar es que gracias a más de veinte años de investigación y desarrollos científicos financiados mayormente por los poderes públicos franceses (nuestro dinero), el profesor Alain Carpentier (hospital público Georges Pompidou) y empresas de alta tecnología de la república han puesto a punto el primer prototipo de corazón artificial implantable en seres humanos, gracias a la utilización de materiales biocompatibles y a electrónica  embarcada hiper sofisticada.
Este órgano imita casi a la perfección el funcionamiento de la cuchara y no requiere ni siquiera un tratamiento anticoagulante (los que tienen una prótesis mecánica en el pecho saben de qué hablo).

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En vez de jugarse en una timba improbable los cientos de miles de millones de dólares que desaparecieron anda a saber donde, el “mercao” podía invertir en cosas útiles para los destinos de la humanidad. Pero es mucho pedirle a los “agentes racionales” de la puñeta económica.

Cualquier cretino con plata, o un trader empelotao que para el caso da lo mismo, pueden especular en la Bolsa.

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Para inventar el corazón artificial que le salvará la vida a millones de seres humanos (en fin a los que están en la seguridad social y han evitado las Isapres…) no había que pensar en la rentabilidad a corto plazo y sobretodo tener algo de inteligencia, voluntad y buenas vibras.

Sacando cuentas no costó ni tan caro: entre platas privadas (la menor parte) y las platas públicas, unos 55 millones de Euros a los que hay que agregarle los 33 millones que Oséo (institución pública que promueve la innovación tecnológica) está poniendo para industrializar el coso.

Confiesa que es la nada misma, hace un par de semanas los boludos de la Caisse d’Epargne (caja de ahorros) perdieron, en una semana, 695 millones de Euros especulando en bolsa.

Las AFPs chilensis, para no ser menos, perdieron unos 20 mil millones de dólares tuyos en la misma vaina. ¡Y Velasco aun no te explica cuanto se perdió de los fondos del superávit fiscal!

Si no sabías cuál es la diferencia entre la racionalidad del “mercao” y la economía ciudadana… ahora lo sabes.

Por  Luis CASADO

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