¡Confidencial! Se filtra el monto que el BID «prestaría» a Venezuela a cambio de derrocar a Maduro

El plan secreto del Banco Interamericano de Desarrollo

Ricardo Hausmann, el asesor económico de Juan Guaidó, estaría tras el plan neoliberal trazado por el BID, el cual incluye privatizaciones, despidos masivos y aumentos en las tarifas de los servicios públicos


Cada día salen a la luz más detalles sobre el plan neoliberal que se pretende aplicar en Venezuela si el gobierno de Estados Unidos (EE.UU.) y la oposición del país caribeño logran derrocar al presidente legítimo Nicolás Maduro.

En este escenario, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) está circulando de forma silenciosa el informe “Venezuela: desafíos y oportunidades”, que prevé la inyección de un capital de 48 millardos de dólares, a cambio de que Nicolás Maduro sea destituido y se implemente un paquete de privatizaciones, recortes y medidas de austeridad.

El plan, que abarca un periodo de cuatro años, se está difundiendo, tanto en una versión resumida de 11 diapositivas como en una versión completa de 27, que son clasificadas como «confidenciales».

La revista eléctrónica The Intercept tuvo acceso al material que está dirigido a los directores ejecutivos del BID y del BID Invest, el brazo de inversión de la institución que se encarga de otorgar préstamos a empresas privadas.

Desde su creación en 1959, el BID ha utilizado el financiamiento y asistencia técnica para proyectos de infraestructura, salud y educación como un vehículo para promover el neoliberalismo en América Latina y el Caribe.

La institución financiera es propiedad de 48 países, 26 prestatarios y 22 no prestatarios, pero su accionista mayoritario es Estados Unidos, con un 30 %.

Presión de Trump

Una fuente reveló a The Intercept que la postura agresiva del presidente Donald Trump sobre un cambio de gobierno en Venezuela, presionó a que el BID realizara el análisis económico de ese país en un escenario sin Nicolás Maduro en el poder.

De hecho, la relación entre el gobierno venezolano y el BID se ha deteriorado.

Desde 2012, el Banco no ha hecho nuevos acuerdos con Caracas y, desde 2017, todos los desembolsos de préstamos se han detenido. En marzo, el BID fue la primera organización multilateral en reconocer al autoproclamado Juan Guaidó como «presidente interino», menos de dos meses después de que lo hiciera Trump.

“Maduro ha afirmado durante mucho tiempo que el colapso económico del país es el resultado de una crisis provocada por las sanciones y el ataque financiero aplicado por Estados Unidos, con el propósito de socavar y derrocar al gobierno socialista. El surgimiento del plan liderado por el BID solo aumenta esas sospechas”, plantea el medio digital.

La intención es que si Guaidó, u otro actor de la derecha, llega a la presidencia, pueda beneficiarse de la asistencia internacional y los recursos que se le están negando al Gobierno bolivariano. A cambio, Venezuela sería despojada de sus activos públicos.

Hasta $ 48 millardos a cambio de «soberanía»

La inyección de recursos planteada por el BID suma 48.000 millones de dólares para abarcar tres «áreas clave de recuperación”: «necesidades urgentes de la población», «infraestructura básica» (que excluyen inversiones para los sectores hidrocarburos y energía) y «reformas institucionales».

Aunque las láminas  no indican de dónde provendría el dinero, la cifra no tiene precedentes en los 60 años de historia del BID.

“Si bien no he visto el documento, por el tamaño de los recursos probablemente se refiera a un paquete de préstamos o asistencia mucho más amplio y que involucra a muchas instituciones. No incluye solo operaciones financiadas por el BID. Es casi tres veces lo que se aprueba en un solo año”, explicó a The Intercept un portavoz del banco.

Sin embargo, el informe “Venezuela: desafíos y oportunidades” incluye como parte  de las  «acciones prioritarias»: eliminar los obstáculos para las empresas privadas, financiar el comercio internacional y establecer una nueva legislación que permita privatizar las empresas de propiedad del Estado.

La intención es inducir a gobiernos y empresas para que apoyen el plan de Estados Unidos para derrocar a Maduro, con la recompensa de obtener su trozo en el reparto de las industrias, recursos minerales y energéticos y empresas estatales que serían arrebatadas a la nación caribeña.

El servicio eléctrico en Venezuela goza de un subsidio estatal y es administrado por el Gobierno

El plan del BID incluye una inyección de 4.500 millones durante el primer año, para reparar infraestructura básica de servicios como la electricidad, el suministro de agua y el transporte, lo que abre una oportunidad para el capital privado.

En la lámina titulada «¿Qué se puede hacer en el sector energético?», el Banco propone reformas legislativas para abrir las puertas a la privatización del sector eléctrico dentro de los primeros 12 meses posteriores al cambio de gobierno.

Receta neoliberal

Con la excusa de mejorar las condiciones de vida de los venezolanos, el BID busca aplicar la receta neoliberal de “pan para hoy y hambre para mañana”, que ha causado estragos en Grecia, Argentina y Ecuador, por solo mencionar tres países recientes.

Estas naciones se han endeudado con “rescates financieros” de instituciones como el Fondo Monetario Internacional (FMI), por lo que han tenido que aplicar agresivos recortes en la inversión social, privatizaciones, despidos masivos y aumentos desmedidos en las tarifas de los servicios públicos.

El BID contempla 11.500 millones de dólares para una supuesta ayuda humanitaria, que incluiría  la distribución de alimentos a 25 millones de venezolanos, además de un respaldo financiero que le permitiría al gobierno de derecha obtener apoyo popular, al crear un clima de «aparente mejora» durante un período de transición crucial.

Sin embargo, los subsidios y los fondos de apoyo directo se reducirían drásticamente en el transcurso de cuatro años, y el nuevo gobierno tendría que aplicar el paquetazo neoliberal.

El BID exige que se atiendan “prioridades urgentes para la administración pública”, que incluyen la implementación de “una ley de presupuesto”, y  de “mecanismos para el desmantelamiento gradual de subsidios para la electricidad, el agua, la gasolina y el transporte público«.

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Petróleo para Estados Unidos

Washington no ha ocultado que su interés en derrocar al presidente Nicolás Maduro tiene como finalidad tomar el control del petróleo y los recursos minerales del suelo venezolano.

La propuesta del BID defiende la agenda de Trump y plantea que una Venezuela sin Maduro  es un escenario de oportunidades para las empresas , debido a los abundantes  “recursos naturales”, el “compromiso de apoyo de la comunidad internacional” y la presencia de un «sector privado resiliente comprometido con la recuperación».

El Banco estima que con una inversión anual de 14.000 millones de dólares la producción de petróleo podría superar los 3 millones de barriles diarios (mbd) para 2029, lo que supone un incremento de casi 2 mmbd con respecto al promedio de 1,1 de diciembre de 2018, según datos de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP).

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Para atraer esta inversión privada internacional sería necesario reformar las leyes para  que las transnacionales sean accionistas mayoritarias en los proyectos de este sector.

Las empresas norteamericanas Exxon y Chevron esperan tomar el control de la industria petrolera venezolana

Petróleos de Venezuela (Pdvsa), actual objetivo de las sanciones de Washington, seguiría siendo una empresa estatal, pero no tendría el control de la industria petrolera, porque éste pasaría a empresas norteamericanas como Exxon Mobil, ConocoPhillips y Chevron, que no perdonan la política de plena soberanía implementada por el gobierno de Hugo Chávez (1999-2013) que redujo su participación y control sobre el sector hidrocarburos.

Incluso, el asesor de Seguridad Nacional de Trump, John Bolton, admitió recientemente el interés que tiene su país de asumir el control del sector petrolero venezolano a través de sus empresas.

“Haría una gran diferencia, si petroleras estadounidenses pudieran acceder a los pozos de crudo de Venezuela. Estamos conversando con las principales compañías ahora y esto sería bueno para el pueblo de Venezuela y el pueblo de los EE.UU.”, admitió, citado por AP.

Ricardo Hausmann es un economista defensor del modelo neoliberal y promueve un golpe de Estado en Venezuela

El asesor de Guaidó

Según las fuentes consultadas por The Intercept, el análisis que se distribuyó a los directores del BID y el BID Invest contó con la estrecha colaboración de Ricardo Hausmann, el asesor económico de Juan Guiadó.

Este economista venezolano, radicado en Estados Unidos, ejerce el cargo de director del Centro Internacional de Desarrollo y además es profesor de la Universidad de Harvard.

Hausmann  trabajó como «economista en jefe» del BID y fundador de su departamento de investigación. También se desempeñó como ministro de Planificación durante el segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez (1989-1993) y fue uno de los responsables del paquete neoliberal del FMI que empobreció al pueblo venezolano durante la década de 1990.

Hausmann es el típico operador financiero que estigmatiza las soberanías y celebra las dolarizaciones y privatizaciones. En los últimos años  sus acciones han estado dirigidas a obstaculizar el acceso de Venezuela a crédito internacional y promover un golpe de Estado contra Nicolás Maduro.

En octubre de 2015 salió a la luz un audio de una conversación que sostuvo con el presidente de Empresas Polar, Lorenzo Mendoza, en la que revelan acciones conspirativas contra Venezuela y discuten sobre un plan para obtener un financiamiento del FMI por el orden de los 40 o 50 mil millones de dólares, a costa de aplicar un “plan de ajustes” de corte neoliberal.

Asimismo, dibujó una ruta anticonstitucional para que desde la Asamblea Nacional, en desacato y controlada por la oposición, se solicitara asistencia militar a una coalición integrada por EE.UU. y países latinoamericanos y europeos, para derrocar a Maduro.

El autoproclamado “presidente interino”, Guaidó, no podía confiar en otro hombre que no fuera Haussman para crear el denominado “Plan País”, que sigue  los  lineamientos de Donald Trump y Wall Street y concuerda plenamente con las políticas entreguistas planteadas por el BID.

Este plan neoliberal propone aumentar el endeudamiento y sin reparos plantea “acceder a la banca multilateral para solicitar el financiamiento requerido en condiciones preferenciales y ayuda económica internacional”.

El objetivo es hipotecar más a Venezuela, acudiendo al FMI y demás entidades que a cambio de la inyección de recursos le imponen a los países la política económica y fiscal, con sus respectivas consecuencias sobre las condiciones de vida del pueblo, incluyendo la reducción del gasto público, el aumento de impuestos y de los servicios públicos. Además de privatizaciones y despidos en los organismos del Estado.

El plan se desvanece

No sorprendió a nadie que el autoproclamado nombrara (de forma ilegal) a Haussman como representante de Venezuela ante el BID y que el organismo lo aceptara a costa del rechazo de alguno de sus miembros, como es el caso de China.

La tensión llegó al punto que la asamblea anual del BID, prevista para realizarse en la nación asiática, tuvo que ser suspendida, debido a la a negativa de Pekín de conceder un visado al economista.

Ahora, el encuentro tendrá lugar entre los días 16 y 17 de julio en la ciudad ecuatoriana de Guayaquil, un escenario favorable para los propósitos de Washington y de Guaidó.

La mala noticia es que  la urgencia para discutir el informe “Venezuela: desafíos y oportunidades” y la inyección de los 48 millardos de dólares se desvaneció luego de los continuos fracasos de Guaidó y sus aliados.

Según The Intercept, “los líderes bancarios se han vuelto menos optimistas de que Nicolás Maduro sea retirado del poder en el corto plazo”.

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