Configuración de la asfixia económica como fenómeno experimental de la clase dominante

En el contexto actual de endeudamiento histórico de Estados Unidos y de políticas monetarias restrictivas a nivel global, se observa un incremento del costo de la vida que afecta de manera desproporcionada a los estratos socioeconómicos más bajos

Configuración de la asfixia económica como fenómeno experimental de la clase dominante

En el contexto actual de endeudamiento histórico de Estados Unidos y de políticas monetarias restrictivas a nivel global, se observa un incremento del costo de la vida que afecta de manera desproporcionada a los estratos socioeconómicos más bajos. Este artículo plantea la hipótesis de que dicha situación podría estar siendo utilizada, explícita o implícitamente, como un test de estrés social, orientado a medir los umbrales de resistencia, adaptación y protesta de las poblaciones vulnerables. El fenómeno se manifiesta primero en economías periféricas, con posible traslado posterior a países centrales.

Para éste análisis debemos tener en cuenta que al 2026, la deuda nacional de Estados Unidos supera los 39 billones de dólares, lo que representa más del 100 % de su Producto Interno Bruto (PIB), con proyecciones de alcanzar el 120 % en la próxima década. La carga per cápita equivale a aproximadamente 114 000 dólares por habitante. Este nivel de endeudamiento se acompaña de un déficit fiscal anual de 1,9 billones de dólares y una tasa de interés promedio sobre la deuda pública en torno al 3,4 % (datos de la Oficina de Presupuesto del Congreso y del Tesoro estadounidense).

El shock inflacionario resultante -originado por una combinación de factores postpandemia, tensiones geopolíticas (conflicto Ucrania-Rusia, rivalidad con China, guerra contra Irán) y alzas de tasas de interés por parte de la Reserva Federal- tiende a generar asfixia financiera en los hogares con menor capacidad de ahorro. Frente a la ausencia de redes de contención suficientes, muchas familias recurren al crédito y a la bancarización forzada como única vía de corto plazo para sostener su consumo básico.

En este contexto, diversas agencias de análisis financiero y centros de estudios geoestratégicos podrían emplear modelos basados en inteligencia artificial (por ejemplo, sistemas de simulación multiagente, análisis de sentimiento en redes sociales, algoritmos predictivos de malestar social) con los siguientes fines:

  • Estimar umbrales de tolerancia al encarecimiento de la canasta básica.
  • Predecir la probabilidad y magnitud de protestas o disturbios.
  • Diseñar escenarios de estrés económico en poblaciones específicas (países periféricos) antes de eventuales aplicaciones en economías centrales.

No existe evidencia pública que confirme la existencia actual de un «experimento deliberado» con tales características. Sin embargo, desde el punto de vista metodológico, no se puede descartar el uso de inteligencia artificial como herramienta para simular, monitorear o incluso inducir condiciones de asfixia económica con fines de investigación operativa o de control social. Documentos filtrados en el pasado (por ejemplo, los relacionados con los laboratorios de comportamiento de empresas como Cambridge Analytica, o proyectos de defensa como el Cognitive Emotional Learning Agent de DARPA) demuestran que el uso de IA para influir en poblaciones vulnerables ya ha sido explorado en contextos comerciales y militares.

Un ejemplo que es lo que sucede con el caso venezolano. En la actualidad, los precios de productos de subsistencia e higiene en supermercados venezolanos superan, en términos nominales, los de algunos países europeos. Si bien este fenómeno es atribuible a múltiples causas (hiperinflación de larga data, control de cambios, sanciones internacionales), su coocurrencia con la asfixia económica de amplios sectores de la población permite analizar -aunque sin demostrar causalidad directa- cómo una economía periférica en crisis puede servir como modelo predictivo de resistencias sociales.

La comprensión cabal del fenómeno requiere distinguir entre:

  1. Hechos verificables: la deuda estadounidense, la inflación global, el encarecimiento del crédito y el aumento de la pobreza en países periféricos.
  2. Hipótesis plausibles pero no probadas: el uso deliberado de inteligencia artificial para diseñar o gestionar una «asfixia económica controlada» con fines de experimentación social.

Este texto pretende dejar testimonio de una hipótesis de trabajo que, aunque especulativa en sus aspectos más fuertes, merece ser investigada con rigor metodológico. Los resultados de este posible experimento -si es que realmente existe- están aún por verse.


La comprensión del fenómeno global en curso es compleja y la gente común al estar absorta en cómo llegar a fin de mes no logra entender el orígen del problema.

La situación no percibida por la mayoría de la población y estudiada en silencio por los laboratorios de inteligencia del corazón financiero estadounidense, es un caso del que quisimos dejar testimonio escrito y cuyos resultados están por verse.

Por Bruno Sommer

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