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Crisis financiera en países emergentes

La inestabilidad financiera en numerosos mercados de países emergentes, incluido Chile, se transformó en un nuevo capítulo de los desequilibrantes fenómenos en los mercados de capitales globales registrados desde 2007.  Las expresiones concretas en América Latina se manifiestan en las depreciaciones de sus monedas y en la fuerte caída de los patrimonios bursátiles, con repercusiones inmediatas en este último fenómeno en los recursos con que creían contar quienes los colocaron, como acontece con los fondos de pensiones del país, particularmente en quienes tienen invertidos sus ahorros en los títulos financieros más golpeados por estos fenómenos.  Varios países de la región han adoptado medidas para intentar frenar la pérdida en las cotizaciones de sus monedas.  El Banco Central de Chile constituye una excepción y se limita hasta ahora a constatar la evolución que se produce por fenómenos de mercado.  Los hechos se desencadenaron a partir de anuncios efectuados por la Reserva Federal norteamericana de que al darse determinados progresos en su evolución económica interna procedería a entrar en una etapa de flexibilidad cuantitativa, disminuyendo en una primera fase su adquisición mensual de activos financieros.    Esto sucede sin que se entre todavía ni siquiera en la etapa de reducir la gran masa de dinero generada en estas operaciones de comprar activos.  En los países emergentes se registran situaciones que llevaron a recordar la crisis del sudeste asiático de 1997, iniciada en Tailandia, país que en la actual coyuntura volvió a entrar en recesión.

 

Durante agosto bancos centrales de países emergentes adoptaron medidas más fuertes para trata de frenar las devaluaciones de sus monedas, causadas por el retiro de divisas y la inestabilidad existente en los mercados desde que la Reserva Federal de Estados Unidos anunció que de darse una serie de condiciones entraría a una etapa de flexibilidad cuantitativa, reduciendo sus medidas de estímulo.  Ya durante los tres meses anteriores  –mayo, junio y julio- según cálculos efectuados por Morgan Stanley, sin considerar a China, los institutos emisores de los países emergentes redujeron sus reservas en divisas, a través de ventas de ellas o salidas de inversiones de portafolio, en US$81.000 millones, aproximadamente un 2% del total que tenían.

Es un nivel de reducción de reservas, señaló al banco Nomura, que no se veía desde 2008, es decir desde el momento más agudo de la crisis global iniciada el año anterior, al monitorear lo acontecido en 21 economías hasta fines de agosto.  Su estimación es que desde su punto máximo en el segundo trimestre, la disminución de reservas alcanzaba a US$153.000 millones.  Desde luego, existían reducciones muy superiores como las del Banco Central de Indonesia (13,6%), Turquía (12,7%) o Ucrania (cerca de 10%).  “Es un verdadero cambio de régimen –señaló James Lord, analista  de Morgan Stanley- en comparación con lo que sucedió en la década pasada.  Vimos una gran acumulación de reservas cuando los mercados emergentes intentaban frenar la apreciación de las monedas, ahora es lo contrario” (23/08/13).

Una situación muy difícil es la de India, la tercera economía asiática, que en  segundo trimestre creció solo 4,4%, confirmando así su proceso de desaceleración.  Es un país con una alta dependencia del capital extranjero, el déficit en cuenta corriente es elevado.  Sus reservas internacionales disminuyeron a US$279.000 millones, con elevados compromisos de pagos en los próximos años.  La relación reservas y compromisos externos es de 1,1 veces.  “Eso ha disminuido –comentó The Economist- cerca de tres veces desde 2007-2008 y deja a India luciendo más débil que cualquiera de sus socios” (28/08/13).  El primer ministro, Manmohan Singh, calificó el escenario de “circunstancias muy difíciles”, rememorándose la crisis de balanza de pagos registrada en 1991.  “Hay un acuerdo amplio –sintetizó la publicación británica- de que el país está en su peor etapa económica desde 1991”.  Ese año la carencia de recursos en moneda extranjera obligó a garantizar con oro las importaciones.

La directora general del FMI, Christine Lagarde, durante la reunión anual organizada por la Fed en Jackson Hole, alertó sobre los riesgos que para los países emergentes tendrá poner fin al proceso de relajación cuantitativa.  “Llegará el día –expresó- en que habrá que poner fin a estas políticas excepcionales de expansión monetaria.  Pero el final (de estas medidas), al igual que su lanzamiento, nos llevará a un territorio desconocido”.  Para los países emergentes, enfatizó, “aunque se realice correctamente el final de las políticas monetarias podría dar lugar a una complicada carrera de obstáculos.  Incluso con el mayor de los esfuerzos –alertó-  la represa podría filtrarse.  De modo que necesitamos más líneas de defensa (…)” (24/08/13).

El vicegobernador de política monetaria del Banco de Inglaterra, Charles Bean, manifestó en la cita organizada por el Banco Central de Kansas, que la volatilidad en los mercados financieros constituye un “importante recordatorio” de que las repercusiones de la flexibilidad cuantitativa de la Fed “podrían no ser suaves” (26/08/13).  Por ahora se está en una fase previa, los fenómenos provocados en los mercados de divisas y bursátiles se producen por que se discute en la Fed de su  flexibilización.  Es una etapa que aún se encuentra en momentos previos, pero su impacto ya es grande.

De manera generalizada las monedas de los países emergentes se devaluaron.  Al finalizar agosto, durante 2013 de acuerdo a cifras de Bloomberg el  rand sudafricano se devaluó  con relación al dólar en 17,4%, la rupia de India en 16,3%, el real brasileño en 13,9%, la rupia de Indonesia en 12,4% y el rublo ruso en 8,3%.  Mientras el renminbi chino –país donde se interviene activamente por el Estado en la evolución de la paridad- se apreció en 1,8%.  “Las economías que dependan más del capital extranjero a corto plazo para financiar sus déficits comerciales como Turquía e India, o que tienen grandes deudas externas –constató The Wall Street Journal-, han sido los más afectados.

En agosto, algunos bancos centrales recurrieron a nuevas medidas para intentar detener las devaluaciones de sus monedas.  El Banco Central de Brasil anunció un programa que desarrolla en el mercado de las divisas desde el día 26 hasta finalizar el año de US$60.000 millones, ofertando de lunes a viernes US$500 millones en un programa de subastas a futuro.  Señalando que de ser insuficiente recurriría a “operaciones adicionales”.  El plan considera un compromiso de ventas de dólares hasta US$1.000 millones con compromisos de recompra.  Las subastas buscan frenar la demanda en el corto plazo y su compromiso de venta proporcionar liquidez de ser necesario.  Al momento de efectuarse el anuncio el real brasileño se encontraba en su nivel más depreciado desde 2008, registrando una caída en el año de 20%.  La devaluación tiene efectos diferentes, es por un lado un factor inflacionario –que explica las medidas anunciadas -, pero al mismo tiempo mejora la competitividad de su economía.

“Tenemos armas para encarar este proceso internacional, que no depende de decisiones de la política económica brasileña –manifestó la presidenta Dilma Rousseff- sino que es fruto de esa globalización que impera en el mundo.  La violenta depreciación cambiaria, añadió, es una consecuencia de que “los títulos del Tesoro estadounidense son la aplicación más segura del mundo” y los inversores “comenzaron a apostar por ellos” (29/08/13).  Las reservas internacionales del país alcanzaron, precisó, a US$372.000 millones.

Por su parte, el Banco Central de Turquía efectúa desde hace tiempo una subasta diaria de reservas, buscando detener la devaluación de la lira que también se encuentra en su nivel más bajo. Además, simultáneamente, resolvió incrementar su tasa de interés, de préstamos a un día a 7,75% anual con la pretensión de detener la salida de recursos financieros, entrando por una vía extraordinariamente peligrosa como ya se demostró durante la crisis de 1997-1998 en el este de Asia, donde este aumento no frenó la salida de divisas como se pretendió y hundió a la economía de esos países en una aguda contracción económica.  El día 29, Indonesia aumentó igualmente su tasa de interés de referencia en medio punto.

Ello se refleja también  a nivel global en la producción de bienes y servicios.  En el segundo trimestre entró en recesión Tailandia si se considera como tal cuando una economía experimenta cifras negativas durante dos trimestres consecutivos.  En enero-marzo cayó en 1,7% y en abril-junio  en un 0,3%, al desaparecer las medidas de estímulo económico gubernamentales y el gasto para la reconstrucción luego de los destrozos causados por las inundaciones de fines de 2011.  La demanda interna se debilitó y otro tanto aconteció con las importaciones.  La gigantesca economía indonesia entregó señales en la misma dirección.

En Tailandia otro motivo de preocupación es el aumento del endeudamiento de los hogares, que alcanzó en agosto a un 77,5% del PIB.  Al comenzar el año, el gobernador del Banco Central, Prasarn Trairatvorahul, afirmó que de llegar a un 80% del país este incremento podría estar cerca de transformarse en un problema.  En la segunda quincena de agosto precisó que de llegar al 85% del PIB se encontraría en una situación similar a la vivida de EE.UU. al producirse la crisis subprime.

En el caso de Chile su instituto emisor continúa a la expectativa, limitándose a observar la evolución que se produce en los mercados.  Su presidente, Rodrigo Vergara,  afirmó que de consolidarse tendencias que se encuentran claramente ya en desarrollo se “requeriría un cambio de política monetaria, (…) nos estamos refiriendo  -preciso- a una política monetaria más expansiva” (26/08/13).  En verdad, no ha existido hasta ahora esa conducta “expansiva”, la tasa de interés de política monetaria, que es el principal instrumento que utiliza, la mantiene  alta para los parámetros existentes a nivel internacional, sin modificarla desde enero del año pasado.  Y en el plano cambiario se limita a constatar que los efectos negativos producidos en la fase de apreciación del peso, que tenía una expresión positiva en  materia de inflación, se  revirtió  por el proceso ahora de depreciación de la moneda nacional en un contexto que el factor de incremento en los precios que conlleva se produce todavía en un momento “con niveles bastante bajos” de ellos.

En América Latina, es generalizado el impacto provocado por la inestabilidad creada en los mercados cambiarios y bursátiles por la posibilidad de la flexibilidad cuantitativa en EE.UU.  Entre el 22 de mayo, cuando Ben Bernanke publicitó esta alternativa, hasta el 22 de agosto los mercados bursátiles de la región vieron esfumarse US$363.632  millones, de las cuales US$247.000 millones correspondían a Brasil, con un retroceso de 24% y US$45.000 millones a Chile, aproximadamente un 15%.  En el mismo lapso, los mercados emergentes no latinoamericanos, registraron pérdidas por US$940.853 millones, encabezados por India (US$291.865 millones), seguidos por Hong Kong (US$209.449 millones) y China (US$207.383 millones).

Globalmente los títulos accionarios se debilitaron durante la última semana de agosto, al acrecentarse la aversión al riesgo por la amenazas de acciones militares de EE.UU. en Siria ello, señaló Financial Times, avivó “la demanda por ‘activos refugio’ como bonos soberanos de alta calificación, oro y el yen japonés” (31/08/13).

Al día 28, el Índice de Precios Selectivos de Acciones (IPSA) del país se encontraba en el quinto lugar entre los indicadores que habían sufrido mayores pérdidas durante el año, con un 23,13%.  En su caída, como en otras economías de la región, influyen desde luego estos fenómenos globales ya señalados. Pero se manifiestan además problemas específicos en sociedades presentes en el indicador con reducciones en sus patrimonios bursátiles superiores  en el año al 30% o 40%.  Ejemplo de ello son la Compañía de Aceros del Pacífico (CAP), la Sociedad Química Minera de Chile (SQM-B) y en Lan luego de su fusión con la brasileña TAM.  Todas estas situaciones están influidas a la vez por situaciones externas.

La difícil situación  de CAP, controlada por Roberto de Andraca, estando aproximadamente un 20% de su propiedad en manos del consorcio nipón Mitsubishi, experimenta detallando uno de esos ejemplos las consecuencias de la crisis que enfrenta la industria siderúrgica mundial provocada por un exceso en la capacidad de producción asiática.  En el lapso 2009-2012 su filial CAP Acero registró pérdidas ascendentes a US$241 millones, las cuales continuaron en el primer semestre del presente año cuando las cifras en rojo ascendieron a US$81,5 millones, es decir a un ritmo muy superior al cuatrienio anterior.  Ello le llevó a paralizar la línea de productos planos y concentrarse en suministros para la industria minera.  Las perspectivas en el futuro próximo aparecen negras, dado que los costos de producción  son superiores a sus precios de venta.  En el primer trimestre, el precio promedio de comercialización fue de US$775 la tonelada, mientras el costo ascendió a US$806,5.

¿Cuál es el factor principal de estas crisis que golpean simultáneamente a varias economías emergentes?  “Es una variante –recalcó Paul Krugman- de la misma historia de siempre a los inversores les  encantaban estas  economías y ahora han dado la espalda a los objetos de su anterior afecto.  Como consecuencia de ello –detalló-, la rupia de India y el real de Brasil están cayendo en picada, junto con la rupia de Indonesia y el rand de Sudáfrica, la lira tura y otros más.  (…) la principal lección (…) es que cuando al sector financiero se le da rienda suelta para dedicarse a los suyo, sale de una crisis para entrar en otra” (25/08/13).  “(…) los acontecimientos actuales -escribió días después Krugman-  (…) son sobre todo un recordatorio de lo poco que aprendimos de esa crisis que tuvo lugar (en Asia)  hace 16 años.  No reformamos el sector financiero, sino todo lo contrario: la liberalización siguió adelante a toda máquina.  (…)  la crisis debería haber servido de lección sobre la inestabilidad de los sistemas financieros no regulados” (01/09/13).

 

Por Hugo Fazio

El Ciudadano

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