FED intensifica la “guerra cambiaria”

La decisión de la Reserva Federal norteamericana de aumentar la liquidez en US$ 600

Por Director

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La decisión de la Reserva Federal norteamericana de aumentar la liquidez en US$ 600.000 millones durante ocho meses puede parecer como un hecho lejano. Sin embargo, es un nuevo movimiento en la “guerra cambiaria”, que tiene como principales protagonistas a EE.UU. y China. El debilitamiento que provoca esta acción en la paridad del dólar en los mercados internacionales y el mayor flujo de recursos que conlleva hacia los países emergentes tiene variadas consecuencias negativas: revaluación de las monedas locales, peligro de desarrollo de “burbujas”, entre otras.

El desafío debe ser no solo enfrentar los peligros, sino buscar desarrollar políticas activas. Tanto el Gobierno como el Banco Central no actúan así, a pesar que Larraín constata que el “peso del ajuste” se deja caer sobre algunas economías, entre ellas latinoamericanas. Chile al tener una economía excesivamente abierta está expuesta a sentir los efectos, entre ellos también algunos positivos como el impacto que tuvo el relajamiento cuantitativo de la FED en la cotización del cobre. La unilateral medida de la Reserva Federal se produjo a pocos días de efectuarse la quinta cumbre del G-20 desde el inicio de la crisis.

Al iniciarse noviembre, inmediatamente después de las elecciones parlamentarias que significaron una fuerte derrota de la administración Obama, la Reserva Federal estadounidense en una decisión unilateral, efectuada sin considerar más que los intereses de EE.UU., comunicó que durante los siguientes ocho meses adquiriría US$600.000 millones en títulos de deuda pública en montos mensuales de US$75.000 millones. Es una segunda operación de relajamiento cuantitativo (QE, por su sigla en ingles) demostrativa de que la banca comercial sigue constituyendo, cuando ya han transcurrido tres años y tres meses desde el inicio de la crisis financiera, un obstáculo para sus proyectos de crear dinero, y significó un fuerte impulso a la “guerra de divisas”, que tiene entre una de sus grandes víctimas a los países emergentes. Entre enero de 2009 y marzo de 2010 colocó recursos, por el mismo procedimiento, actuando directamente en el mercado, sin pasar por la banca comercial, ascendentes a US$ 1,75 billones.

En 2002, el presidente de la FED, Ben Bernanke, habló de la posibilidad de “usar la impresora de billetes” y “tirar dinero desde un helicóptero”, de darse la posibilidad de una depresión. Es lo que ha hecho mediante el QE. La posibilidad de repetirlo ya la insinuó en la cita del banco central estadounidense de agosto en las Montañas Rocosas[1]. Por tanto, puso en acción la “impresora” y en movimiento el “helicóptero” para introducir esos recursos en la economía.

Uno de los objetivos explícitos de la intervención es tratar de revertir un proceso de salida de la recesión que se prolonga y que resulta, constató la FED en su comunicado, “lento y decepcionante” (04/11/10). Buscando así evitar, al mismo tiempo, que la economía, como aconteció en Japón –en su momento la segunda potencia mundial por la magnitud de su producto–, terminase en un escenario deflacionista. En el tercer trimestre, el PIB norteamericano, de acuerdo a la primera versión oficial de su cálculo, creció en cifras anualizadas sólo en un 2% ratificando que el proceso de desaceleración experimentado desde el lapso abril-junio se debilitaba en la medida que desaparecían las políticas de estímulo fiscal acordada al inicio del Gobierno Obama. Por su parte, en septiembre la inflación subyacente en doce meses –que se calcula eliminando los precios considerados más volátiles– llegó apenas a 0,8%.

EE.UU.: variación trimestre a trimestre 2008 – 2010

(Fuente: Bloomberg. En porcentajes.)

Trimestre % Trimestre % Trimestre %
2008, Primero -0,7 2009, Primero -4,9 2010, Primero 3,7
Segundo 0,6 Segundo -0,7 Segundo 1,7
Tercero -4,0 Tercero 1,6 Tercero 2,0
Cuarto -6,8 Cuarto 5,0

“Actualmente –señaló el comunicado de la FED-, el desempleo está elevado, y las medidas de inflación subyacente son bajas, relativas a los niveles que el comité considera consistentes, en el largo plazo, con su mandato dual. Pese –añadió– a que el comité anticipa un retorno gradual a niveles mayores de utilización de recursos en un contexto de estabilidad de precios, el progreso hacia esos objetivos ha sido decepcionantemente lento”.

El gran interrogante es si la Reserva Federal alcanzará o no los objetivos que se propone. El primer relajamiento cuantitativo sin duda contribuyó a sacar la economía de la recesión, pero fue un logro alcanzado fundamentalmente por el plan de estímulo presupuestario, el funcionamiento de estabilizadores fiscales automáticos y el ciclo positivo de los inventarios propio de un momento en que se avizoraba un proceso de recuperación económica. Pero, al reducirse el estímulo fiscal la economía se hundió en la fase de lento crecimiento. El monto del relajamiento cuantitativo es casi la tercera parte de la oleada anterior. “¿Qué tanto más efectivo –se preguntó Paul Krugman– podría ser eso? US$ 600.000 millones -se contestó– no es mucho cuando se está tratando de mover una economía de US$ 15 billones” (04/11/10). El comunicado entregado establece que, de justificarlo los hechos, la cuantía del relajamiento podría aumentar.

“Es probable que este foco en el relajamiento cuantitativo –manifestó,  por su parte, Joseph Stiglitz– sin reparar nuestra estructura financiera, sin arreglar a los bancos y los hogares estadounidenses no ayude mucho” (04/11/10). Cuando el presidente de la FED, Ben Bernanke, había adelantado el paso a dar, el Premio Nobel 2001 advirtió que “es probable que resulte casi tan ineficaz para reactivar la economía como cualquiera de los procedimientos que la Reserva Federal ha recurrido en los últimos años” (10/10/10). Los hechos han vuelto a demostrar lo válido de la conclusión de Keynes que las políticas monetarias en la etapa del ciclo económico recesivo o de bajo crecimiento presentan grandes limitaciones, cuestionando su efectividad.

La FED espera que el estímulo económico se produzca por la reducción que el aumento de la masa monetaria debería producir en las tasas de interés de largo plazo, acrecentando la inversión. Pero, ello no es previsible cuando, como escribió Stiglitz, “las empresas grandes están inundadas de liquidez, por lo que una ligera reducción de las tasas de interés no será un gran cambio para ellas”. The Wall Street Journal estima que las empresas estadounidenses “están reteniendo ante la incertidumbre sobre las políticas y la economía” la suma de US$ 2 billones (05/11/10). A ello se une que persiste  la situación de vulnerabilidad de muchos bancos lo que hace predecible “que siga habiendo una limitación de los créditos. Además –agregó Stiglitz -, la mayoría de los préstamos que reciben las empresas pequeñas tienen una garantía colateral, por el valor de la forma más común de garantía, la propiedad inmobiliaria, que se ha desplomado”.

En la experiencia japonesa de relajamiento cuantitativo, el primer país en donde se aplicó este mecanismo hace unos años atrás, se produjo la llamada “trampa de liquidez”, hubo carencia de demanda por créditos. Situación que puede repetirse en EE.UU., dado que –como anotó Economist Intelligence– los consumidores “siguen apretándose el cinturón y pagando las deudas (…). El desapalancamiento –añadió– todavía  tiene un largo camino por recorrer, y el crédito de consumo vigente todavía está cayendo” (05/11/10).

Las consecuencias del crecimiento adicional de la cantidad de dinero son múltiples. En primer término, conduce a intensificar la guerra cambiaria, al conllevar una mayor devaluación del dólar en los mercados internacionales, materializada cuando se estaba a pocos días de la cumbre del G-20 en Corea del Sur, desoyendo sus llamamientos a no recurrir a nuevas medidas en este terreno. “La relajación cuantitativa de facto –señaló Liaquat Ahmed, autor de “Los señores de las finanzas”, premio Pulitzer de historia 2010– lo que pretende es reducir el desempleo en casa mediante un aumento de las exportaciones. Pero eso se produce (…) a costa de otros. Es peligroso para la economía global porque, si todo el mundo intenta hacer lo mismo, la espiral es devastadora” (07/11/10).

A diferencia de oportunidades anteriores, en que los principales bancos centrales  del mundo se movieron en la misma dirección a ritmos diferentes, el Banco Central Europeo (BCE), optó en noviembre por una política distinta. “El BCE –comentó El País– siempre ha sido más ortodoxo, pero las políticas de los dos grandes bancos centrales nunca habían sido tan divergentes” (07/11/10). Ambas instituciones no coinciden en sus mandatos, el del BCE –como el chileno– es únicamente la inflación. El de la Reserva Federal es más amplio, incluyendo también el crecimiento económico y el empleo. “Las medidas no convencionales son –expresó en los primeros días de noviembre el presidente del BCE, Jean-Claude Trichet-, por definición, de carácter temporal. Veremos lo que hacemos el próximo mes: la cita es en diciembre” (05/11/10). Sus anuncios previos, al revés de la FED, eran irse saliendo progresivamente de las medidas de adquirir bonos y tener una barra libre de liquidez. Al actuar así, el diferencial entre una y otra política se acentuaría. Ello en un momento en que se precisan acciones coordinadas.

Sin embargo, el agravamiento de la crisis de la deuda al interior de la eurozona, que se refleja en tasas de interés más elevadas, llegando en el caso de Grecia a un 11% por sus bonos a diez años y en los de Irlanda y Portugal a aproximadamente un 7%, obligó al BCE a reactivar la adquisición de deuda soberana de los países en mayores dificultades, teniendo que girar en sus anuncios de reducir las medidas de estímulo.

El incremento de liquidez conduce, de otra parte, a incrementar la especulación en los mercados financieros. El viceministro de Finanzas chino Zhu Quangyao cifra el capital especulativo global en más de US$ 10 billones, suma superior a los US$ 9 billones previos a la crisis (09/11/10).

Este incremento, además, debe aumentar el flujo de recursos hacia los países emergentes, presionando a la revaluación de sus monedas, con impactos negativos en su comercio exterior, al tiempo que intensificará la formación o crecimiento de burbujas. En Brasil, Lula reaccionó de inmediato. “Todo el mundo sabe ya –dijo– que existe una guerra de divisas”. Señalando que capítulos de ella lo constituyen “la devaluación de la moneda china y de la moneda estadounidense” (09/11/10). Señaló que su gobierno no está dispuesto a que la política monetaria norteamericana afecte al crecimiento del país, subrayando que están preparados para adoptar “todas las medidas necesarias” para defender la economía nacional. A su turno, el presidente del Eurogrupo, Jean-Claude Juncker, manifestó ante el Parlamento Europeo que las determinaciones de la Reserva Federal provocarán un “aumento de liquidez hacia los países emergentes que estos no podrán absorber” (09/11/10).

El Foro Económico Mundial en su Informe de Estabilidad Financiera publicado a comienzos de noviembre, en los días que se conocía la decisión de la Reserva Federal, concluyó que los flujos de capital hacia los mercados emergentes originan tres peligros principales: burbujas financieras, desequilibrios cambiarios y de masa monetaria. “Un país con un PIB menor que US$30.000 millones a US$40.000 millones, como Camboya o Letonia –ejemplificó-, podría verse superado por la acción concertada de sólo unos pocos inversionistas”.  El Instituto de Finanzas Internacionales, que agrupa a los grandes bancos privados a nivel mundial, estimó que en 2010 estos flujos aumentarán en 42%, a US$825.000 millones. Por el momento los activos financieros más apetecidos son las divisas y los mercados bursátiles, extendiéndose además a numerosos commodities.

En Chile, el ministro de Hacienda, Felipe Larraín, constató la repercusión que alcanza esta política. “(…) aquí nos está cayendo en forma desproporcionada el peso del ajuste a unas pocas economías, latinoamericanas, emergentes de alto crecimiento, y algunas pequeñas industrializadas. Si tenemos además que EE.UU. aumenta la liquidez  en US$ 600.000 millones, eso añade presión y eso es lo que se ha visto reflejado en el tipo de cambio. Ha habido una apreciación (…) que no es insignificante, pero hay que considerar que esto es parte de un fenómeno mundial” (07/11/10). Evidentemente, es así. Pero existen muchos países, varios de ellos latinoamericanos que aplican políticas a lo menos para reducir sus efectos. En cambio, el Estado chileno se mantiene en lo fundamental a la espera, buscando más bien actuar sobre las expectativas. Claramente no se está a la altura de los peligros que conlleva la decisión de la Reserva Federal para un país como Chile, con una economía absolutamente abierta.

La resolución se adoptó por diez votos contra uno, de Thomas Hoening, presidente de la FED de Kansas, quien sostuvo que se tomaba “un riesgo incalculable” de generar presiones inflacionarias. La mayoría del Consejo consideró, al contrario, que dicho riesgo no se da en el contexto existente de una gran cantidad de factores productivos no utilizados, como lo demuestra la elevada tasa de desocupación (9,6% de la fuerza de trabajo), empresas funcionando a un 72% de su capacidad y la existencia de unas catorce millones de viviendas desocupadas.

En el debate norteamericano sigue ausente un actor fundamental: un gobierno con una política fiscal decididamente anticíclica. El paquete presupuestario de comienzos del Gobierno Obama, fue como ha anotado Paul Krugman, “demasiado pequeño”, pero además se está agotando. Ante la derrota de la Casa Blanca, una actitud es resignarse admitiendo que por el resultado en las elecciones parlamentarias ya nada puede hacerse. Pero, “existe una alternativa: Obama –escribió Krugman– puede adoptar una postura. Para empezar –añadió-, sigue teniendo la capacidad de elaborar una ayuda importante para los propietarios de viviendas, un ámbito en el que su Gobierno ha perdido una oportunidad durante sus dos primeros años. Puede proponer unas medidas reales para crear empleo y ayudar a los desempleados, y poner a los republicanos en un aprieto por interponerse en el camino de la ayuda que necesitan los estadounidenses” (07/11/10).

“Todo el mundo quiere que la economía de EE.UU. se recupere, pero no así –señaló con razón el ministro de Hacienda brasileño, Guido Mantega-, deben estimular el consumo con política fiscal” (07/11/10). Es la respuesta que no aparece de la Casa Blanca. “Keynes –señaló Liaquat Ahamed– fue un héroe no por ser keynesiano (…). Fue un héroe porque fue brillante e inteligente con los temas que le tocó lidiar, las reparaciones de guerra, las deudas del conflicto, las divisas (…). Mis héroes son gente que analizan el mundo como es en realidad y ofrecen soluciones (…)”. Este es el desafío en EE.UU., en Chile y a nivel global.

Por Hugo Fazio

El Ciudadano


[1] Véase, Resumen Económico Trimestral, Tercer Trimestre 2010.

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