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Cada uno guarda relación con los intereses de la aristocracia empresarial

«Harvard Boys» (II): Los pupilos de Ricardo Haussman entrenados para robar a Venezuela

Un grupo de «consultoría», de nombre código «Cocoon 2.0», conformado por empresarios y asesores privados, es artífice de la ofensiva financiera y política contra el pueblo venezolano


Esta segunda entrega profundizará en los otros integrantes del lobby de los “Harvard Boys” y cómo cada uno de ellos guarda relación con los intereses de la aristocracia empresarial venezolana y estadounidense que pretenden hacerse del Poder Político en Venezuela, al planificar e incentivar el saboteo sistemático de la economía y el secuestro y robo de miles de millones de dólares.

El economista venezolano Simón Andrés Zúñiga -citado en la primera entrega de este reporte- explica que “la intervención militar y la deuda externa son dos mecanismos de invasión y consolidación del dominio imperialista”, pues ambos son “mortíferos para los pueblos donde avanzan”.

En el caso de Venezuela, la intervención militar directa es por ahora solo una amenaza latente, pero el control de la deuda externa y lo que podría hacer el falso gobierno “interino” de Juan Guaidó quien, con la complicidad de Donald Trump y de otros países alineados a los intereses de Washington contra Venezuela, tiene control de miles de millones de dólares del Estado venezolano secuestrados en el extranjero, puede llevar a que el país caiga en un default sin precedentes y asumir la peor deuda externa de su historia, un momento quizá inevitable si este grupo sedicioso logra ejecutar a cabalidad los lineamientos de Ricardo Hausmann y los “Harvard Boys», considerados por algunos analistas como “coarquitectos del consenso de Washington”.

Este nuevo sabotaje a la economía parece una reedición del paro petrolero de 2002 y 2003, pues no solo es ejecutado por los mismos actores de la oligarquía venezolana y foránea sino que además es una remasterización del bloqueo contra el Estado Nación para que obtenga los recursos necesarios que permitan sostener la economía y la estabilidad del país.

Ahora, este nuevo episodio contra la economía viene con una serie de tácticas muy bien estudiadas y con el aprendizaje de derrotas anteriores en dos décadas de guerra continuada contra el modelo social que soberanamente ha decidido la gran mayoría de los venezolanos para su país.

Son los mismos ejecutores de siempre. La extrema derecha que salió del poder en 1999 cuando ganó las elecciones presidenciales Hugo Chávez y que no ha podido volver, producto de su obsesión de sacar a la fuerza a los líderes que han asumido durante los últimos años la conducción del país caribeño.

Esos son los “Harvard Boys”, un selecto grupo de “profesionales” que pertenecen a un círculo de familias de la aristocracia venezolana que durante los años ’80 y ’90, lograron hacer fortunas multimillonarias gracias a la renta petrolera y a los negocios que entre la sombra de la corrupción, el narcotráfico y el lavado de capitales, pudieron concretar con los gobiernos de turno.

Torino
La firma Torino Capital es una referencia internacional sobre «la situación en Venezuela» y es controlada por Francisco Rodríguez, uno de los pupilos de Ricardo Hausmann

Francisco Rodríguez, el segundo al mando

Guido Revete, un sociólogo egresado de la Universidad Central de Venezuela (UCV), con Estudios Avanzados en Gobernabilidad y Gerencia Política en la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) y Director de la Revista Florencia, especializada en temas económicos, políticos y culturales, escribió un análisis que describe los intereses económicos de uno de los pupilos de Ricardo Hausmann, con gran poder económico en Venezuela y en Nueva York.

Se trata de Francisco Rodríguez, el economista jefe del banco de inversiones Torino Capital LLC, con sede principal en Nueva York. Explica Revete en su artículo titulado: “El hilo del poder: Torino Capital”, que el segundo al mando de los Harvard Boys es hijo de Gumersindo Rodríguez, graduado uno de los “principales hombres” del expresidente Carlos Andrés Pérez (1989-1993), y fue “agente del grupo que Luis Piñerúa Ordaz inmortalizaría en el congreso bajo el mote de ‘Los doce apóstoles’.

Los doce apóstoles eran un grupo de la burguesía emergente de los años ’70, cuyo proceso de acumulación estaba estrechamente ligado al peculado y al rapto de los ingresos petroleros a través de conexiones políticas con el poder. En este sentido, el rol de Gumersindo Rodríguez como cuadro técnico emergente de Pérez fue fundamental en la planificación de la política económica de la Gran Venezuela. Eran años de conflictos interburgueses, muchos estaban con el presidente Pérez y otros, en cambio, hábilmente estaban con el mejor postor. El flujo de renta se había magnificado a niveles nunca antes vistos y la disputa por su captación se hacía sentir”, explica Revete.

En medio de la crisis económica inducida en la actualidad en Venezuela, es precisamente el hijo de Gumersindo quien “se sabe manejar muy bien en las aguas, siempre complejas, del poder venezolano”. Francisco, economista con doctorado en Economía en Harvard, estuvo en 2002 -año del golpe contra Chávez- encargado de la oficina de presupuesto de la Asamblea Nacional.

Desde 2016 trabaja para Torino Capital y es como su mentor, uno de los voceros que no solo reconoce a Guaidó como “presidente interino” sino que también le dicta “estrategias” para poner en práctica, entre ellas el secuestro de CITGO y “negociar” con los tenedores de bonos de PDVSA en el extranjero, quienes según Guaidó y su equipo, una parte de ellos fueron cubiertos con la entrega de 71 millones de dólares que -de ser cierto- fueron transados de manera ilegal.

“El gobierno de Guaidó debe llevar la solicitud de una resolución que impida el embargo de los activos de nuestra industria petrolera a la Organización de las Naciones Unidas. La ONU tiene la capacidad de emitir una orden vinculante para todos sus países miembros”, aconseja Rodríguez, quien detalla que “se debe solicitar a los acreedores que suscriban un pacto de no embargar activos venezolanos mientras dure la actual crisis, instándoles a no tomar ventaja de un país que atraviesa la crisis económica y de gobernabilidad más grave en la historia de nuestra región”.

Rodríguez alega que “la estrategia para proteger nuestros activos no es diferente de la estrategia por recuperar nuestra democracia. Todos los aliados deben ser bienvenidos, pero al final solo los venezolanos seremos los responsables de reconquistar y proteger lo que nos pertenece”.

Además asegura -falsamente- que “la administración de Guaidó está facultada con el reconocimiento que le otorga Estados Unidos” para mover los recursos de Venezuela.

Pero poco es lo que se dice de Francisco Rodríguez y su influencia en la economía que pretende imponer la oposición a Venezuela. La empresa que dirige, cercana a la familia y la Cadena Capriles, es una de las “fuentes” consultadas por “expertos” para obtener información sobre el país, el sesgo debe ser notable.

“Podremos notar que los agentes que orbitan en torno a Torino Capital cumplen con los requisitos de todo grupo de presión: habilidad en el campo de la política exterior, ser aceptados en el mundo de la banca, Wall Street, un sector de Washington y representar al menos una de las prestigiosas Escuelas de la Ivy League. Por todo lo anterior, tendríamos que considerar que Torino Capital no cumple una función exclusivamente operativa ni neutral en el ejercicio de la información política y financiera, sino una función más importante: la de ser bisagra y canal de comunicación entre los grupos de poder que están en Caracas, New York y Washington”, acota Revete.

Citgo
La filial de PDVSA, CITGO está actualmente secuestrada por el gobierno de Donald Trump y sus recursos económicos puestos a la orden de Juan Guaidó

“Cocoon 2.0″

Un reportaje escrito por Víctor Hugo Majano, director del portal web de investigación La Tabla, revela la existencia de un grupo de «consultoría» que bajo el nombre código «Cocoon 2.0» y conformado por empresarios y asesores privados, es artífice de acciones de ofensiva financiera y políticas, junto a Juan Guaidó y Leopoldo López, que confirma “la conspiración de sectores muy definidos de la burguesía comercial e importadora” en Venezuela.

De acuerdo con declaraciones del ministro de Comunicación venezolano, Jorge Rodriguez, las pruebas investigativas remiten a “una serie de informaciones que permiten entender que la autoproclamación es un proyecto corporativo que tiene como conductor al académico de la Universidad de Harvard, Ricardo Hausmann”.

Majano describe que en una confesión de Roberto Marrero (asistente de Juan Guaidó) y datos expuestos en un teléfono celular, “un total de 24 hombres y una mujer (…) analizaban la posibilidad de bloquear los pagos con tarjetas de crédito y débito, la confiscación de CITGO y cambios en la fuerza armada”.

“En el grupo interactuaban 15 asesores privados o empresarios y solo 10 políticos “profesionales”, incluidos Leopoldo López (administrador del grupo), Juan Guaidó y el dueño del teléfono y delator, Roberto Marrero. Por la parte empresarial (además de Hausmann) figuran muy activos el joven economista Douglas Barrios (egresado de la corporativa Universidad Metropolitana), y el abogado José Ignacio Hernández, el designado “procurador especial” (del falso gobierno de Guaidó), quienes forman parte del equipo de Hausmann en el centro para el desarrollo internacional en la escuela de gobierno Kennedy de la Universidad de Harvard”, explica Majano.

Agrega el artículo de Majano que “en el debate” de ese grupo telefónico “intervienen el abogado del prestigioso bufete corporativo D´Empaire, Victorino Márquez, quien es uno de los siete jóvenes de la burguesía caraqueña que fundaron el núcleo originario del partido Primero Justicia en 1998. Mientras que también lo hace el empresario Octavio Lara Fernández, allegado a banqueros involucrados en la crisis de 2009 como Guillermo Zuloaga (Banco Federal) y Arturo Siso Sosa (Banco Real)”.

“El elemento que permite establecer con mayor nitidez la vinculación de un sector empresarial con la conspiración a lo largo de una década (al menos) es el llamado Plan País, adoptado oficialmente por Juan Guaidó como programa de gobierno a finales de enero. Su creación formal se remonta a marzo-abril de 2011, en una conferencia en la Universidad de Yale (Connecticut), a la que acudieron estudiantes venezolanos de las universidades de Georgetown, de Boston, de Nueva York, de Tufts, Internacional de Miami, de Northwestern, entre otras; todas auspiciadas por corporaciones privadas, con matrículas que promedian los 50 mil dólares al año. Por ello, sus alumnos son parte de una verdadera élite y ni remotamente se podrían comparar con quienes estudian en las más costosas universidades venezolanas”, escribe Majano.

Entre ese grupo de estudiantes organizadores de las primeras conferencias estaban “Agustín Paniagua, Ilan Szekely Levy, Nelson Ortiz y Joanna Hausmann Jatar, ésta última hija de Ricardo Hausmann, y que desde 2009 venía planteando la formación de una organización que agrupara a esa élite gerencial, descendiente directa de grupos familiares empresariales. Mientras que participaron como conferencistas Ricardo Hausmann, Nelson Ortiz, Ana Julia Jatar, Ramón Espinasa y Luis Pedro España, entre otros”.

Plan País es una especie de “think tank” (centro de producción de conocimiento) y de laboratorio de propaganda que fue registrado como una corporación sin fines de lucro en el estado de Connecticut en noviembre de 2011 y cuyos directivos fundadores son Juan Pío Hernández, Agustín Paniagua, Ilan Szekely, Nelson Ortiz y Carlos Ruiz. Son egresados de Georgetown o Yale con trabajos en compañías de banca privada o asesoría económica en Washington, Nueva York o Boston, y sus clientes son inversores especulativos, fondos buitres y grupos de negocios orientados a Latinoamérica”, describe Majano en su artículo.

Otros “Harvard Boys” fueron ministros de Chávez

Víctor Álvarez (Ministro de Industrias Básicas y Mineras) y Felipe Pérez (Ministro de Economía y Finanzas 2003-2004) son otros dos economistas del clan Hausmann.

Pérez, egresado de la UCV y de la Universidad de Chicago, estuvo al frente del ministerio durante el sabotaje petrolero. Fue uno de los 36 economistas que se reunieron en la Universidad de Harvard para sintetizar un programa y plan económico para reconstruir la economía post-Maduro.

Estuvo en la creación del Movimiento Libertadores en conjunto con dirigentes de la diluida y autodenominada Mesa de la Unidad Democrática (MUD), que organizaron una especie de plebiscito que se llevó a cabo el 16 julio 2017, sin resultados políticos de ningún tipo.

Álvarez es otro economista que fue ministro, titular de la Corporación Venezolana de Guayana, director de PDVSA y titular del Banco de Comercio Exterior (Bancoex), bajo la administración del presidente Chávez. También asistió a la reunión en la Universidad de Harvard.

Sus propuestas no difieren mucho de las planteadas por Felipe Pérez y el pupilo de Hausmann, Francisco Rodríguez.

Otra ficha del “gabinete” de Guaidó es Luisa Palacios, quien a pesar de no integrar el selecto grupo de los Hausmann Boys o “Harvard Boys”, es una actriz con rol protagónico dentro del “pseudo gobierno interino” y la falsa directiva de CITGO en Estados Unidos.

Palacios no se queda atrás en sus dotes académicos, “¡como debe ser!”. Ella es gresada en Comunicación Social de la Universidad Católica Andrés Bello en 1992. En 1995 realizó un máster en Asuntos Internacionales en la Universidad de Columbia y en 2001 obtuvo un doctorado en Asuntos Internacionales en la Universidad de John Hopkins, con economía internacional y políticas energéticas como área de especialización.

Vive, por su puesto, en territorio estadounidense y su “amplia experiencia” está relacionada al Banco Mundial, donde trabajó como consultora en 1997, para luego en los tres años siguientes servir como economista en Société Générale, una de las principales empresas europeas de servicios financieros.

El resto de la “meritocracia” de PDVSA en el extranjero aún espera su turno, si es que los “Harvard Boys” lo permiten, no vaya a ser que muchas manos pongan “el caldo morao”. Lo cierto es que así como en 2002 y 2003 fueron capaces de parar la industria más importante que mantiene la economía venezolana, en la actualidad el objetivo es el mismo, repotenciado con un cruento bloqueo financiero, comercial y diplomático que es auspiciado, accionado y promovido por Estados Unidos.

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