El repunte de los precios al consumidor y al productor en EE.UU. reactiva el temor a una Fed más agresiva y golpea con fuerza a los metales industriales, mientras el oro resiste el embate gracias a su condición de refugio.
EL Ciudadano
La semana de negociación que acaba de cerrar ha sido otro capítulo de manual sobre el nerviosismo macroeconómico. Los metales preciosos volvieron a sufrir una intensa presión vendedora, especialmente en la sesión del miércoles, después de que los datos de inflación de Estados Unidos confirmaran que las presiones sobre los precios están lejos de ceder. El oro, no obstante, demostró una resistencia notable, mientras que la plata y las mineras cargaron con el grueso de la volatilidad.
La plata fue la gran damnificada. Los futuros de diciembre del metal blanco se desplomaron un 6,13% en una sola sesión, cerrando en 55,877 dólares por onza, según datos de la Comex. El oro, por su parte, cedió un 1,66% hasta los 4.107,90 dólares, perdiendo el umbral psicológico de los 4.100 dólares. La plata acumula ya un descenso superior al 50% desde sus máximos anuales, mientras que el oro ha retrocedido cerca de un 30% desde el pico histórico de 5.608 dólares por onza que tocó en enero.
El detonante fue el informe de precios de septiembre. El Índice de Precios al Consumidor (IPC) avanzó un 0,6% mensual, la mayor subida en cinco meses, elevando la tasa interanual del 3,4% al 3,7%, por encima del 3,6% esperado por el consenso. La inflación subyacente, que excluye alimentos y energía, repuntó del 2,4% al 2,6%, también por encima de las previsiones. En el frente de la producción, el Índice de Precios al Productor (PPI) sorprendió con un alza mensual del 1,3%, la más pronunciada en más de cuatro años, y un avance interanual del 6,3%, muy por encima del 5,3% proyectado.
«El IPC salió alto, y no fue solo por los precios del combustible», resumió Sonu Varghese, estratega macroeconómico jefe de Carson Group, en declaraciones a CNBC. El componente energético fue el principal impulsor —la gasolina subió un 9,1% en el mes y el gasóleo de calefacción un 74,2% interanual—, pero el repunte de los servicios de vivienda, transporte y asistencia sanitaria confirmó que la inflación se ha extendido más allá del surtidor.
El bono a 10 años toca máximos de 24 años y luego retrocede
La reacción en el mercado de deuda fue inmediata. El rendimiento del bono del Tesoro estadounidense a 10 años superó brevemente el 5,36%, su nivel más alto desde 2002, antes de moderarse hasta el 5,33% y, posteriormente, retroceder hasta el 5,09%. Este movimiento refleja la reevaluación de la trayectoria de tipos de la Reserva Federal: los mercados habían descontado una pausa, pero la fortaleza de la inflación ha reavivado las apuestas por un endurecimiento adicional.
La Fed ya subió los tipos 25 puntos base en septiembre, hasta el rango del 3,75%-4,00%, su primer incremento en más de tres años. Tras los datos, la probabilidad implícita de una nueva subida en la reunión del 27 y 28 de octubre se disparó hasta el 33,2%, según la herramienta FedWatch de CME. Los inversores ahora descuentan que la Fed podría verse obligada a mantener los tipos elevados durante más tiempo, lo que encarece el costo de oportunidad de mantener activos que no generan rendimiento, como los metales preciosos.
La plata, en zona de sobreventa extrema
A pesar del desplome, el análisis técnico de la plata ofrece una señal que los operadores no pasan por alto. El metal ha configurado un posible doble suelo, con un mínimo de verano en 54,77 dólares y el mínimo de esta semana en 55,39 dólares. La cotización se encuentra aproximadamente un 20% por debajo de su media móvil de 200 días, situada en 72,17 dólares, un nivel de sobreventa extrema que, según los analistas, solo se ha visto en dos ocasiones anteriores: en 2020 y en 2022. En ambos casos, la configuración precedió a fuertes subidas de precios.
«Esta rara constelación [técnica] condujo en 2020 y 2022 a un repunte muy fuerte de los precios y actualmente vuelve a ofrecer un perfil de riesgo/recompensa excepcionalmente asimétrico para la plata», señala el análisis técnico publicado por Investing.com. El oro, mientras tanto, cotiza en un rango lateral volátil entre 4.065 y 4.227 dólares desde hace dos semanas y media, sin una dirección clara pero manteniendo un soporte sólido por encima de los 4.000 dólares.
Un entorno paradójicamente favorable para el oro a largo plazo
La aparente contradicción entre una inflación alta —que normalmente beneficia al oro— y la presión vendedora tiene una explicación: el mercado está descontando que la Fed responderá con más subidas de tipos, lo que fortalece al dólar y a los rendimientos reales. Sin embargo, los estrategas señalan que, una vez digerido el shock inicial, el entorno macroeconómico subyacente sigue siendo constructivo para el metal amarillo.
«Los datos de inflación caliente dificultan una relajación rápida de la Fed, pero al mismo tiempo la política fiscal sigue siendo expansiva, el pleno empleo se mantiene intacto y el déficit sigue siendo elevado», apunta el análisis de Investing.com. Esta combinación de crecimiento nominal sostenido, prioridades políticas que favorecen los recursos, los semiconductores, la defensa y la inteligencia artificial, junto con una oferta física cada vez más ajustada, «respalda la tesis de los metales preciosos a medio y, especialmente, a largo plazo».
El déficit público estadounidense se proyecta en torno al 5,5% del PIB para 2026, cerca de 1,7 billones de dólares, y las proyecciones de algunos analistas sugieren que la relación deuda/PIB podría seguir aumentando. Este contexto de dominancia fiscal —donde la política monetaria se ve condicionada por las necesidades de financiación del Estado— es, históricamente, un viento de cola para los metales preciosos.
El veredicto de los expertos
La lectura de los analistas es unánime en distinguir entre el ruido de corto plazo y la tendencia estructural. «Los participantes del mercado ordinario deben distinguir entre el impulso de corto plazo y la lógica de medio y largo plazo; no deben dejarse llevar por los vaivenes diarios», advierte Zhu Keli, experto del Instituto de Investigación de la Nueva Economía, en declaraciones recogidas por CNR. «La lógica de soporte a largo plazo no ha sido destruida por esta caída abrupta: las compras continuas de oro por parte de los bancos centrales y la incertidumbre geopolítica y de deuda global siguen proporcionando un soporte fundamental al oro».
Para la plata, el riesgo es mayor por su doble condición de metal precioso y activo industrial. «La plata se vinculará tanto a la demanda de refugio como a la demanda industrial de nueva energía, con una mayor elasticidad, pero también un mayor riesgo de volatilidad», señala el mismo experto. La guerra entre Estados Unidos e Irán, que continúa desde finales de febrero y mantiene el crudo Brent por encima de los 106 dólares, añade una capa de incertidumbre geopolítica que podría reactivar la demanda de refugio en cualquier momento.
La conclusión que se desprende de esta semana de turbulencias es que el mercado de metales preciosos está atrapado entre dos fuerzas opuestas: la presión inmediata de una política monetaria restrictiva y el soporte estructural de unos fundamentos fiscales y geopolíticos que, lejos de resolverse, se deterioran. Para los inversores con horizonte de largo plazo, la corrección actual puede representar una oportunidad; para los operadores de corto plazo, la volatilidad seguirá siendo la única constante.
