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Un septiembre repleto de incertidumbre

Ilustración realizada por Harol Bustos

En  septiembre se unieron varios fenómenos para provocar nuevamente un agudizamiento de la incertidumbre sobre la evolución de la economía mundial.  Entre ellos figuran la amenaza de intervención militar norteamericana en Siria, que no solo encuentra la oposición de sectores muy amplios de la opinión pública, sino también de numerosos Estados como quedó en evidencia en la Cumbre del G-20 efectuada el fin de semana pasado en San Petersburgo, provocando un alza en la cotización del petróleo.  Obama buscó el respaldo del Congreso norteamericano  para su intervención militar, encontrando un nivel de resistencia también que no esperaba.  Eso en un momento que el Parlamento debe aprobar el presupuesto para el año fiscal estadounidense que se inicia en octubre y nuevamente su deuda pública tocó techo, temas que han sido fuente de agudas pugnas con los republicanos en el Congreso.   A ello se añade los impactos provocados en numerosos países emergentes por los anuncios de la Reserva Federal de flexibilizar su política de relajamiento cuantitativo de darse algunas condiciones más positivas en la economía norteamericana.  En la cumbre del G-20, estuvo presente este cuadro de incertidumbre, que sin duda complica una evolución económica global que enfrenta agudas dificultades desde hace ya seis años.

 

La decisión tomada al finalizar agosto por Barack Obama de condicionar un ataque a Siria a la aprobación previa del Congreso norteamericano mantuvo el cuadro de incertidumbre en la región, provocó reacciones a nivel mundial y afectó al mercado del petróleo.  Al dar este paso, comentó Los Angeles Times, “Obama le entregó la decisión más crítica de su segundo mandato a un Congreso fracturado con el cual ha tenido una relación difícil” (02/09/13)  En el Senado tiene una leve mayoría de demócratas, que en la Cámara de Representantes son clara minoría, doscientos de 435 votos.

El mandatario y el secretario de Estado, John Kerry, efectuaron de inmediato una serie de conversaciones con congresistas demócratas y particularmente republicanos para conseguir su respaldo.  Obama personalmente se reunió con dos de los senadores más críticos de la Casa Blanca, pertenecientes al ala de los “halcones” del Partido Republicano, el ex candidato presidencial  en 2008  John McCain y el integrante del Comité de Defensa Lindsey Graham, que no solo le entregaron su respaldo sino que propician la intervención más amplia posible y que permita modificar la evolución actual de la guerra civil en Siria a favor de los rebeldes.

“Si el  Congreso rechaza una resolución como ésta después de que el Presidente ya se comprometió a tomar acciones –manifestó McCain- las consecuencias serían catastróficas: Necesitamos –añadió- articular un compromiso que reduzca la capacidad de Al Assad y aumente la capacidad (militar) del Ejército Libre Sirio” (03/09/13”.  Por su parte, Graham criticó lo que calificó de “extraño” camino de solicitar autorización al Congreso, que le da al enemigo “semanas de aviso para reorganizarse antes de un ataque (…)” (03/09/13).  Las conversaciones se iniciaron con un Partido Republicano dividido frente a la intervención con un fuerte sector “no intervencionista”, liderado por Rand Paul, hijo de otro excandidato presidencial, Rou Paul, y la posición ya expuesta de McCain.

Posteriormente Obama obtuvo el apoyo del presidente de la Cámara de Representantes, y cabeza de la oposición de este partido en el Congreso, John Boehner.  En la cita participó también la líder demócrata en la Cámara, Nancy Pelosi, que también entregó su respaldo.  En estas reuniones, el presidente estadounidense fue modificando el objetivo de la intervención que pasó de constituir una acción de castigo por el aún no probado uso de armas químicas por el gobierno sirio al de “degradar –señaló-  la capacidad del régimen de Bashar Al Assad ahora y en el futuro y, al mismo tiempo, tener una estrategia para incrementar la capacidad de la oposición para permitir que Siria se libere finalmente de la terrible guerra civil y muerte que estamos viendo” (04/09/13).

Sin embargo, en el comité de Relaciones Exteriores del Senado, la Casa Blanca consiguió el respaldo de únicamente tres republicanos.  Incluso Donald Rumsfeld, secretario del Pentágono durante la administración Bush afirmó que las pruebas dadas por Obama para justificar la intervención son más débiles que las tuvo él para la intervención en Irak, que después se demostró eran falsas.  Al Assad niega que haya empleado armas químicas.  A ello se sumó las revelaciones efectuadas por The New York Times sobre abusos y atrocidades cometidas por los rebeldes, y el temor que una intervención termine favoreciendo a Al Qaeda cuyo accionar está presente entre los rebeldes.  Entre los republicanos existen, además, quienes consideran que existen condiciones para infligir a Obama una derrota política que afecte su gestión.

“El debate que se avecina en el Congreso de Estados Unidos –comentó The Wall Street Journal- (…) podría ser un nuevo obstáculo para el crecimiento global al mantener al alza los precios del petróleo y afectar las decisiones de los consumidores y las autoridades.   En las últimas décadas –recordó- las posibles acciones de EE.UU. en Medio Oriente han tendido a agravar las preocupaciones en los mercados y, en particular, han elevado la cotización del crudo” (02/09/13).  Las expectativas actúan en los mercados, aunque las amenazas de intervención –que según una encuesta de la cadena NBC- efectuada mientras se realizaba la cumbre del G-20 contaba únicamente con el respaldo de un 42% de la población norteamericana, terminen no concretándose.

“En el año 2003, el presidente estadounidense  George W. Bush –recordó Oscar Arias,  Premio Nobel de la Paz 1987-, mintiéndole al mundo sobre la existencia de armas  de destrucción masiva en poder de Saddam Hussein, invadió Irak unilateralmente sin contar con el apoyo del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.  Esta invasión fue repudiada por casi todos los países del mundo (…).  Hoy –agregó- me parece increíble que el presidente Barack Obama (…) no solo no aprende de los errores del pasado sino que se de desdice de lo que ofreció a su electorado en su primera campaña cuando se comprometió a respetar la Constitución y el derecho internacional vigente.  Muy poco tiempo después al recibir en diciembre del 2009 de Oslo el Premio Nobel de la Paz manifestó que toda nación debe respetar los estándares internacionales sobre el uso de la fuerza militar” (03/09/13).

En el Reino Unido, el primer ministro David Cameron no logró el respaldo del Congreso para atacar  militarmente a Siria junto a EE.UU. Por su parte el gobierno francés, a través de su primer ministro, Jean Marc Ayrault, expresó que París tiene la posición de “sancionar” al gobierno de Al Assad por el uso que sostiene hizo uso de armas químicas, pero siempre que la acción sea efectuada por una “coalición internacional”, de ser así se uniría a la intervención estadounidense.

A su turno, el secretario general de NN.UU., Ban Ki Moon, advirtió que la intervención provocaría un mayor baño de sangre, que ha costado ya más de cien mil víctimas, y que el uso de la fuerza contra un país únicamente es legal cuando se utiliza en defensa propia o es autorizado por el Consejo de Seguridad de la organización que encabeza.  “Lo anterior –recalcó- son principios firmes de Naciones Unidas” (04/09/13).  Influye también en la oposición dentro de EE.UU. y en otros gobiernos que las intervenciones en Irak y Afganistán terminaron siendo largas y sin que hayan creado el escenario que pretendían, con elevadas pérdidas de vidas humanas y gastos financieros.

La reunión del G-20, efectuada en las afueras de San Petersburgo  los días 5 y 6 de septiembre, que no contemplaba en su temario tratar el tema de Siria debió considerarlo.  La Casa Blanca no obtuvo el apoyo pretendido.  Vladimir Putin expresó que si se producía una intervención militar Rusia apoyaría al gobierno de Siria.  El presidente chino, Xi  Jinping, afirmó que “una solución política es el único camino correcto para salir de la crisis en Siria” (07/09/13). India, Indonesia, Argentina, Brasil y Sudáfrica se pronunciaron en contra de la guerra. El presidente de la Comisión Europea, José Manuel Barroso, y el presidente del Consejo, Herman van Rompuy, se manifestaron expresamente por la vía política.

Las exportaciones de petróleo desde Siria son reducidas. En junio, se calculaba podía producir únicamente 200.000 barriles diarios (bd).  Por tanto, la incertidumbre no proviene de ello, sino del hecho  que el Medio Oriente representa un tercio de la producción global y de la posición estratégica de la zona en el transporte del oro negro.  Los grandes productores en la región son Arabia Saudita (9.642 bd  un 30,2% de la OPEP), Irán (3.708.000 bd  un 11,6%), Irak (2.994.000 bd, un 9,4%), Kuwait (2.980.000 bd, un 9,3%) y Emiratos Árabes Unidos (2.836.000 bd, un 8,9%).

Las posiciones frente  a las confrontaciones en Siria y la intervención militar norteamericana y sus posibles aliados van desde el apoyo a las fuerzas rebeldes y la intervención militar más amplia posible, que es la de Arabia Saudita, a la de quienes apoyan  al gobierno de Al Assad y, por tanto, se oponen a la intervención.    La confrontación entre las dos ramas islamistas predominantes se han profundizado.  Varios países con mayorías suníes, encabezado por Arabia Saudita, apoyan la intervención armada.  John Kerry dio a conocer que estos países han ofrecido financiar el ataque.  “Tal expresó es su dedicación” (09/09/13).  A ello debe agregarse la repercusión que tiene la decisión de algunos grandes países productores de petróleo –como Irán- alertando que no permanecerán indiferentes de concretarse el ataque anunciado, lo cual necesariamente incrementa la tensión.  Los hechos confirman, como señaló The Wall Street Journal, que “el temor” provoca muchas veces impactos en el mercado superiores a los causados posteriormente  de concretarse la acción anunciada.

Lo que acontezca o no en el mercado del petróleo tiene repercusiones globales, aunque ellas no son tan grandes como las causadas en la década de los setenta cuando fue un factor determinante en el cuadro de estagflación producido en EE.UU. Los analistas del banco norteamericano J.P. Morgan Chase estiman que de mantenerse el incremento en la cotización del petróleo afectaría el  crecimiento global  en cifras anualizadas hasta en 0,3 puntos porcentuales.  En Chile, directamente repercute negativamente en los términos de intercambio del país, ya afectado por el descenso en la cotización del cobre y, en consecuencia, en el Ingreso Nacional Bruto Disponible Real.  El informe de política monetaria del Banco Central de septiembre aumentó su estimación de precio promedio del petróleo en el año como consecuencia de los efectos ya producidos en su cotización por la tensión causada al anunciarse una intervención militar en Siria de US$94 a US$100 el barril WTI, usado como referencia en Chile.

Las amenazas de intervención abierta en Siria no es el único elemento de incertidumbre existente en EE.UU.   Su Congreso debe aprobar el presupuesto fiscal 2014, que se ha transformado en uno de los puntos más candentes de los enfrentamientos entre la Casa Blanca y los republicanos; además ya en marzo no se logró acuerdo en este terreno conduciendo a que entren en vigor sucesivas rebajas automáticas en el gasto público.  Como si lo anterior fuese poco el secretario del Tesoro, Jack Lew, dio a conocer que el techo de la deuda técnicamente ya se alcanzó en mayo –cuya no resolución a mediados de 2011 planteó el peligro de que el país se precipitase en lo que se denominó un “abismo fiscal” –, pero una serie de medidas excepcionales permite manejar la situación hasta mediados de octubre.  Lew enfatizó que se necesita ahora “certidumbre” (28/08/13), mientras los hechos,  incluidas desde luego las amenazas armadas, crean un cuadro de incertidumbre.

Otro factor en la misma dirección es la reacción causada en los mercados emergentes por los anuncios de la Reserva Federal norteamericana de flexibilidad cuantitativa, expresada en la reducción de la adquisición de activos financieros[1].  Decisión que la condiciona, entre otras variables a la reducción de la tasa de desempleo, la cual descendió en agosto a un 7,3% de la población activa, pero producto de la contracción del mercado laboral de acuerdo a las cifras proporcionadas por el Departamento de Trabajo.  Es el porcentaje más bajo desde diciembre de 2008, sin embargo se logra porque la tasa de participación laboral, la proporción de la población en edad de trabajar que tiene empleo o lo está buscando, descendió al 63,2%.  “Eso deja a la Fed –constató Financial Times- con un dilema, pues el desempleo está más cerca de su meta de una ‘mejora sustancial en el mercado laboral’, pero por una razón negativa:  hay menos gente buscando empleo” (07/09/13).

El ministro de finanzas de Indonesia, Chatib Basri,  declaró a Financial Times, en la víspera de la reunión del G-20 que “todos están adivinando.  No sabemos sobre el mecanismos o cuál será el impacto” de la flexibilidad cuantitativo.  En esas condiciones, agregó, es muy “difícil” para la mayor economía del sudeste asiático decidir una política en un contexto de alta volatilidad (09/09/13).

Esta problemática se transformó en un tema importante en la cita del G-20.  “Hay un riesgo creciente- expresó el FMI a la cita- de que las vulnerabilidades de algunas economías emergentes interactúan con las consecuencias de la retirada de las medidas monetarias extraordinarias en países avanzados” (06/09/13).  Por su parte, el viceministro de Economía chino, Zhu Guangyao en la reunión efectuada por los BRICS, manifestó que “Estados Unidos tiene que ser consciente del posible impacto de sus decisiones y cooperar en la estabilidad de los mercados financieros globales”.  Esperamos –agregó- que como país emisor de la mayor moneda de reserva del mundo, Estados Unidos tenga en cuenta los efectos secundarios de sus políticas macroeconómicas”.  A su vez, Vladimir Putin, en la inauguración de la cumbre G-20 habló del “riesgo de una aguda recaída” de la economía mundial (06/09/13).

Por su parte, la incertidumbre de la eurozona se vincula con las elecciones a efectuarse en el curso del mes en Alemania, que en la práctica tiene semiparalizado el accionar de Bruselas.  No existe duda sobre que Angela Merkel obtendrá la mayoría de los sufragios, pero sin obtener los demócrata cristianos y su partido hermano bávaro  CSU la mitad más uno de los cargos en el parlamento en disputa.  Por tanto, el interrogante  es  la coalición que se constituya de gobierno y que posición tendrá sobre la dura política de austeridad en la eurozona y el pacto fiscal de la Unión Europea.

 

Por Hugo Fazio

El Ciudadano

 



[1] Véase, Carta Económica 01/09/13.

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