Durante años, Vietnam ha ocupado un lugar incómodo en la geopolítica de los minerales críticos: sentado sobre las segundas reservas de tierras raras más grandes del mundo, pero exportando casi todo su mineral sin procesar, principalmente a China. Ahora, Hanói quiere cambiar esa ecuación. El Ministerio de Industria y Comercio ha finalizado un borrador de decisión que, de entrar en vigor, prohibiría la exportación de mineral en bruto de tierras raras y otros 16 minerales estratégicos, exigiendo que cualquier venta al exterior cumpla con estrictos umbrales de procesamiento profundo en suelo vietnamita. El texto, remitido al Ministerio de Justicia el pasado 8 de octubre para su revisión, aún no es ley. Pero su sola existencia marca un giro sísmico en la estrategia de Hanói: dejar de ser un proveedor de materias primas para convertirse en un eslabón relevante de la cadena de valor global.
El borrador: 17 minerales bajo llave
El documento, titulado “Lista de minerales estratégicos e importantes nacionales permitidos para exportación y sus niveles de procesamiento”, selecciona 17 de los 19 minerales de la lista estratégica vietnamita. La nómina incluye tierras raras, estaño, wolframio (tungsteno), antimonio, cobre, bauxita, titanio, litio, hierro, manganeso, molibdeno, níquel, cobalto, cromita, carbón antracita, apatito y grafito. El uranio, el torio y el oro quedan fuera de este régimen específico.
La regla es simple en su formulación y radical en su efecto: solo se podrán exportar productos que hayan alcanzado el nivel de procesamiento profundo especificado para cada mineral. La exportación directa de mineral en bruto o concentrados queda prohibida. Para el estaño, por ejemplo, se exige metal refinado, incluso en lingotes. El wolframio debe transformarse en paratungstato de amonio (APT) o óxido de wolframio. El cobre, en cátodos o placas refinadas.
El caso de las tierras raras es aún más restrictivo. No siguen la regla general del borrador, que permite exportar cualquier producto que haya superado un umbral de procesamiento. Las tierras raras tienen un mecanismo de gestión especial: solo podrán salir del país si adoptan una de estas cinco formas: óxidos de tierras raras individuales (separados), metales de tierras raras, aleaciones, polvos de aleación o imanes permanentes. Los minerales, concentrados y productos intermedios están terminantemente vetados.
Sin transición, sin nuevos trámites
Dos detalles del borrador revelan la urgencia con la que Hanói quiere implementar el giro. Primero, no se establece un período de transición. El criterio para determinar si un embarque se rige por la nueva política es el momento de la declaración aduanera. Los contratos firmados antes de la entrada en vigor no quedan automáticamente protegidos. Segundo, el texto no crea nuevos procedimientos administrativos, una concesión a la comunidad exportadora que, sin embargo, no mitiga el impacto de la prohibición de fondo.
La brecha entre el papel y la fábrica
Vietnam posee, según el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), reservas estimadas de 22 millones de toneladas de óxidos de tierras raras, aproximadamente la mitad de las de China y más que cualquier otro país. La producción minera se ha multiplicado por diez en pocos años, pasando de 400 toneladas en 2021 a 4.300 toneladas en 2025, lo que convirtió a Vietnam en el sexto productor mundial, desde el décimo puesto que ocupaba en 2021.
Pero ese crecimiento explosivo esconde una paradoja que el borrador busca corregir. Vietnam no tiene una sola planta industrial en funcionamiento capaz de refinar mineral hasta óxidos de tierras raras de alta pureza (≥95%), el estándar mínimo para la exportación y para su uso en tecnología avanzada. La actividad se concentra en la extracción y el procesamiento primario. Como resume el profesor Tran Dai Lam, del Instituto de Ciencia de Materiales de la Academia de Ciencia y Tecnología de Vietnam: “Un país que posee tierras raras pero solo las extrae y las exporta como mineral primario o concentrado está vendiendo la parte más baja de la cadena de valor”.
El principal beneficiario de esa dinámica ha sido China. Los datos de aduanas chinos muestran que las importaciones de elementos de tierras raras y concentrados procedentes de Vietnam se duplicaron hasta casi 12.000 toneladas en el último año registrado. Vietnam también importaba tierras raras para procesarlas y reexportarlas, una anomalía que el nuevo marco quiere eliminar.
El marco legal ya está en marcha
El borrador del Ministerio de Industria y Comercio se apoya en un cambio legislativo de mayor calado: la Ley de Geología y Minerales (enmendada), aprobada por la Asamblea Nacional el 11 de diciembre de 2025 y en vigor desde el 1 de enero de 2026. Esa ley clasifica formalmente las tierras raras como un recurso estratégico especial bajo estricta supervisión estatal y prohíbe la exportación de mineral en bruto. La norma establece que solo las entidades designadas o autorizadas por el Gobierno pueden realizar actividades de exploración, extracción y procesamiento de tierras raras, y que el Estado gestiona de forma centralizada los datos geológicos.
El borrador del Ministerio de Industria viene a operacionalizar esa prohibición legal, definiendo qué se entiende por “procesamiento profundo” para cada mineral y cerrando el vacío regulatorio que hasta ahora permitía la salida de concentrados.
La industria global ya se mueve
A pesar de que el borrador aún no ha sido promulgado, el sector privado internacional ya está posicionándose. En marzo de 2026, la australiana Lynas Rare Earths —el mayor productor de tierras raras fuera de China— firmó un acuerdo marco con la surcoreana LS Eco Energy para construir una planta de producción de metales de tierras raras en Vietnam. La instalación transformará óxidos de tierras raras en metal, con prioridad inicial en samario, y producirá neodimio-praseodimio metalizado (NdPr) y elementos pesados como disprosio y terbio, insumos críticos para imanes permanentes de vehículos eléctricos y aerogeneradores. Ambas compañías suscribieron instrumentos convertibles por valor de unos 30 millones de dólares australianos cada una como señal de compromiso a largo plazo.
En paralelo, Hanói ha activado un mecanismo de sandbox regulatorio para probar tecnología de refinación a escala semi-industrial. En septiembre de 2026, el Comité Popular de Hanói autorizó a la empresa Construction Consulting and Mining Technology Joint Stock Company a ejecutar un proyecto piloto para producir óxidos totales de tierras raras con pureza superior al 95% a partir de mineral de la mina Dong Pao, en la provincia de Lai Chau. La planta tiene una capacidad diseñada de 100 kilogramos de mineral por hora y un máximo de 100 toneladas de mineral procesado, con un período de prueba de 18 meses. El proyecto se financia en un 80% con recursos propios de la empresa.
El obstáculo: tecnología, no mineral
El propio primer ministro Pham Minh Chinh ha reconocido que el desafío central no es la falta de recursos, sino la ausencia de capacidad tecnológica para convertir esos recursos en valor. En una reunión del Comité Permanente del Gobierno en enero de 2026, Chinh subrayó la necesidad de desarrollar la industria de tierras raras para garantizar la autonomía estratégica nacional, priorizando el procesamiento profundo, la transferencia de tecnología avanzada, la colaboración público-privada y la construcción de infraestructura.
La hoja de ruta oficial, sin embargo, es ambiciosa. El Gobierno ha planificado elevar la producción anual de mineral de tierras raras a 2 millones de toneladas para 2030, una meta que multiplicaría por más de 450 la producción actual. Alcanzarla requeriría no solo inversión masiva en plantas de separación y refinación, sino también la formación de capital humano especializado y la resolución de cuellos de botella regulatorios que, según analistas, aún persisten pese a los avances legislativos.
Lo que está en juego
Si el borrador se promulga sin cambios, Vietnam dejará de ser un proveedor marginal de concentrado para convertirse en un guardián de la puerta de entrada a su propio subsuelo. Los países que actualmente importan mineral en bruto vietnamita —China en primer lugar— tendrán que adaptarse: o compran productos ya procesados, o instalan capacidad de refinación dentro de Vietnam. Para las naciones occidentales que buscan diversificar sus cadenas de suministro de tierras raras fuera de China, la jugada vietnamita ofrece una oportunidad, pero también una advertencia: Hanói no está dispuesta a ser un simple proveedor de materia prima en esa estrategia. Quiere ser socio, y quiere quedarse con el valor añadido.
El borrador está ahora en manos del Ministerio de Justicia. Su aprobación —o su modificación— definirá si Vietnam logra cerrar la brecha entre las 22 millones de toneladas que yacen bajo su suelo y los imanes, aleaciones y metales que el mundo necesita.
El Ciudadano
