Dignidad Ahora

Jaque (¿mate?) al pasado histórico y políticas de Defensa del gobierno de turno

Desde el fondo de su ‘soberanía’, el pueblo-ciudadano se está rebelando no sólo contra ‘este’ gobierno, sino contra todo el acumulado histórico que tiene a ese pueblo, hoy, como está...

Por Opazo

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Editorial / Portada

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Desde octubre de 2019, la ciudadanía promovió un “estallido social” que puso en jaque (¿mate?) al ‘gobierno neoliberal’ de Sebastián Piñera (2018-2022). Lo mismo, al régimen ‘democrático-neoliberal’ (1990-2021). A la ‘Constitución Política neoliberal’ (1980-2021). Y a todos los problemas históricos no-resueltos que arrastra el país desde que existe memoria (1600-2021)… El enemigo político Nº 1 del pueblo-ciudadano no es, pues, hoy, sólo, el gobierno de turno, ni tal o cual partido, ni los “ricos”, ni el imperialismo, sino todo el proceso histórico que lo tiene como está hoy… No es porque sí que se agita una ‘bandera de soberanía’ que, más que la chilena, es la del pueblo mapuche, y que miles de estatuas que representan un ‘patrimonio’ que no es el del pueblo-ciudadano, han sido sistemáticamente derribadas…

Desde el fondo de su ‘soberanía’, el pueblo-ciudadano se está rebelando no sólo contra ‘este’ gobierno, sino contra todo el acumulado histórico que tiene a ese pueblo, hoy, como está… La ironía es que ‘este’ gobierno debe asumir – quiéralo o no – la defensa de todo lo que ha significado y significa ese ‘acumulado’. Y es también irónico que, más que ningún otro gobierno ‘de Derecha’, éste tiene serias dificultades para defender, siquiera, su propia permanencia…

Porque a) es primera vez que un gobierno de Derecha está en posición de jaque (mate) por una movida del 80 % de la ciudadanía, y no sólo por los ‘partidos de Oposición’; b) es primera vez también que un gobierno de Derecha, enfrentado a una amenaza de este calibre, no ha podido dar una orden “pretoriana” para que el Ejército ametralle al pueblo en las calles (como lo hizo en el siglo XIX y comienzos del XX) o los torture masivamente en cárceles secretas (Pinochet); c) tampoco puede defenderse (y defender todo lo que tiene que defender) echando mano al dogma supremo del “orden público” (Diego Portales), o al discurso ideológico civilizatorio (Manuel Montt), o al mensaje cristiano-occidental (Eduardo Frei), o a los laboratorios neoliberales (Chicago Boys)… Las ideas lo han abandonado.

A decir verdad, las defensas ‘sistémicas’ (neoliberales) ante la avalancha ciudadana, son débiles. U obsoletas…Por esto, es de interés inventariar lo que ha hecho y está haciendo ‘este’ Gobierno para defender lo que tiene que defender…

  1. El Presidente Piñera, correctamente, en octubre de 2019, identificó el jaque (mate) como proveniente de un “enemigo poderoso” (el 80 % de la ciudadanía), que estaba atacando a su gobierno, y a todo lo que había detrás de él… Era – ¿quién otro? – ese majadero “enemigo interno” de siempre… Y, creyente como es en la ‘tradición oligárquica’ del país, agregó: “estamos en guerra con él”… y esperó que el Ejército, obediente a esa tradición, saliera a terreno disparando… Pero, para sorpresa del Presidente, de todo Chile y de varios siglos de historia, el General a cargo exclamó: “yo no estoy en guerra… soy un hombre feliz”… Y al decir eso, consumó el primer desacato público del Ejército a una orden del Generalísimo de las fuerzas de tierra, mar y cielo… Desde entonces, el Ejército insiste en que su función no es actuar como policía interna para restablecer el orden público, ni siquiera en la Araucanía… Deliberando (tal vez) que, dado el estado actual de su ‘experiencia histórica’, de sus ‘estudios de post-grado’, y de la ‘gran envergadura cívica’ del “enemigo interno”, repetir lo que hizo antes (masacrar al pueblo) es repetir un “trabajo sucio” (Gonzalo Vial Correa), que no ha beneficiado a nadie más que a las oligarquías políticas de turno, y a sus aliados internacionales… pero no a los que se les manda hacer ‘ese’ trabajo…
  1. Considerando lo anterior, ‘este’ Gobierno ha debido echar mano a tácticas de tipo ‘b’, ‘c’ y, aun, ‘d’… Por eso, primero, jugó la carta de que el Ejército (“no deliberante, y esencialmente obediente”), ya que ‘no quería’ imponer abiertamente el orden público en las calles, lo hiciera clandestinamente, como policía secreta… Encubierto. Domicilio a domicilio… A este efecto, envió un proyecto de ley al Congreso Nacional (de “Inteligencia Militar”), con mensaje de urgencia y 11 recados de insistencia… Que aun no se convierte en Ley. Las dudas subsisten, pues, la represión clandestina – según el Alto Mando militar – también ‘es’ policial… y el ejército, definitivamente, no quiere ‘actuar’ de policía… Fue cuando llegó, con estrépito, la pandemia del Covid-19, que abrió la posibilidad de jugar otras tácticas ‘indirectas’. Frente a ella, ‘este’ Gobierno desplegó diversas políticas sanitarias, con poco éxito (excepto la “vacunación”), pero sólo una y la misma política de seguridad interior: la Ley del Estado de Excepción, que incluye controles de todo tipo, arrestos de toda clase y, sobre todo, toque de queda… O sea: lo mismo que un Estado Policial… con un agregado: la policía se concentró en reprimir al “enemigo interno” (político), descuidando la vigilancia del “enemigo interno” (delictual). El activismo del “vandalaje” dirigido contra ‘este’ Gobierno (y su séquito histórico) disminuyó, pero el “vandalaje” dirigido contra la propiedad doméstica de la ciudadanía aumentó, exponencialmente… El resultado ha sido que las fiscalías locales y los servicios judiciales se atiborraron de casos… Por eso – se dice – ha habido ‘demoras’ en la formalización de los abusos policiales y la violación de derechos contra la ciudadanía rebelde… El Instituto de Derechos Humanos informó que “de 2.834 querellas interpuestas por violación de Derecho Humanos, sólo 42 han sido formalizadas (1.5 %)”. La notoria lentitud en formalizarlos, y el alegato de que la justicia está sobrepasada, permite a la policía disponer de extensos lapsos de impunidad real. Y de ‘personalizar’ la represión contra la ciudadanía. Esto explica los abusos (impunes) perpetrados contra Leticia Silva Valdés, la periodista Claudia Aranda Castellano, las mujeres “organizadas” de San Bernardo, el comedor solidario de Villa Francia, el allanamiento de una olla común de Lo Hermida, ataques con gas pimienta en Bajos de Mena, la “Operación Cavancha” en Iquique, etc. Las víctimas son personas con nombre y apellido, sobre todo mujeres… Es un táctica de segunda categoría, algo desesperada que, en lugar de sembrar “miedo a la muerte” (a la Autoridad y a la Ley), chisporrotea en la misma pólvora soberana de la ciudadanía… Si es una política de defensa y protección, de ‘este’ Gobierno o de lo que sea, es, sólo, una (frágil) “mascarilla”, que es preventiva de nada…
  1. Mucho más efectiva, como política de defensa, ha sido la maniobra emprendida desde el 15 de noviembre de 2019, no por ‘este’ Gobierno, sino – lo que es de mayor interés para el análisis – por la clase política completa, a través de una veintena de políticos de toda estirpe y filiación. Podría decirse que esta jugada gremial (de todos los políticos), si no anuló, al menos atenuó, el impacto del jaque (mate) ciudadano del 18/10/2019… Porque: a) le arrebató la iniciativa constituyente al movimiento popular; b) le impuso la forma procedimental y la lógica política del electoralismo parlamentario; c) abrió un espacio para que los políticos profesionales se instalaron dentro y controlaran alrededor del 50 % de la Convención Constitucional; d) fragmentó la unidad soberana del movimiento ciudadano (callejero), ‘eligiendo’ un 80 % de representantes “independientes”, y ‘marginando’ a miles de cabildos locales dispersos por el país, e) subordinó el cronograma constituyente a la autoridad del gobierno de turno (neoliberal); f) maniató la ciudadanía a través de un “estado de excepción” y, g) logró que el Derecho (suma de Constituciones ilegítimas) le pusiera riendas a la Soberanía (en milagro de resurrección)… Si esta específica política de Defensa logra evacuar una nueva Constitución ‘transada’, para mantener el “peso de la noche” (Diego Portales), todo seguirá más o menos igual que… siempre. En cuyo caso las políticas ‘policíacas’ de represión contra la ciudadanía serían maniobras de distracción… Por eso, el Gobierno, la Derecha y toda la clase política han puesto máxima atención – unidas como hermanos – en esta alternativa que, para todos ellos, es ‘la’ táctica de salvación…

El único proyectil político capaz de desarmar y perforar esa ‘táctica maestra’ es que la ciudadanía ‘independiente’ que luchará dentro de esa Convención ‘legal’ (tal vez el 33 % de los ‘convencionales’) permanezca fraternalmente unida a la ciudadanía que, fiel a la soberanía popular en sí misma, permanecerá fuera de esa Convención (tal vez el 47 % restante). Pues deben seguir formando un solo y mismo actor histórico (la soberanía no puede dividirse). De manera que, si la Convención avanza por la “política de los acuerdos” (para seguir con las rutinas del pasado), el 47 % externo se una al 33 % interno para imponer la voluntad unitaria del 80 %, retomando la unidad de acción del 18 de octubre…. Para redactar por sí misma el nuevo texto constitucional, o disolver la Convención Constitucional (por su mixtura ilegítima), o aboliendo lo que esa Convención haya acordado… Tal como hizo el pueblo mestizo-criollo en 1823, cuando, desde la calle, disolvió la Asamblea Constituyente (dominada por la elite de Santiago) y abolió la Constitución (aristocrática) que redactó Juan Egaña, en su casa, ese mismo año… Mientras el Ejército ‘aprobaba’ esa acción, sin intervenir

Editorial preparada por Grupo de Estudios Pelantaro, a solicitud de El Ciudadano. Santiago, abril de 2021


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