Resultados de la PSU confirman persistentes brechas en educación

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Esta semana comenzó con la entrega de los resultados de la Prueba de Selección Universitaria (PSU), rendida por más de 290 mil postulantes, durante el 28 y 29 de noviembre. Como ha sido la tónica año tras año, la distribución de puntajes da cuenta de diversas brechas expresadas en la composición de los resultados, a nivel territorial, de género y dependencia de los colegios de procedencia.

De los 162 puntajes nacionales en todo el país, la región Metropolitana concentró la mayor cantidad (94), alcanzando una proporción de 57,23%. En tanto, en otras regiones, se registró un 42,77% de los puntajes nacionales. En 2015, la RM tuvo al 66,13%, mientras que el resto de las regiones, el 33,87.

En cuanto a la relación por género, un 72,96% de los puntajes nacionales es hombre, versus el 27,04 que corresponde a mujeres. A pesar de la extensa brecha de este año, el 2015 fue aun mayor, porque el 88,71% de las máximas puntuaciones fueron alcanzadas por estudiantes hombres.

Según explica Salomé Martínez, investigadora de la Universidad de Chile, la diferencia entre hombres y mujeres ocurre por un fenómeno llamado «La amenaza del estereotipo». «Cuando existe un estereotipo negativo asociado al desempeño de un grupo —por ejemplo, las mujeres y las matemáticas—el desempeño es menor. No es porque haya menos capacidades, sino porque ese estereotipo predispone a estas personas e influye en su rendimiento», sostiene.

Sin embargo, también inciden las dinámicas cotidianas al interior de los establecimientos educacionales. Mathias Gómez, investigador de Educación 2020, comenta que «está estudiado que los profesores le explican y se dirigen más a los alumnos que a las alumnas». Esta característica se expresaría planteándoles preguntas más desafiantes a los hombres, reforzando estereotipos sexistas, que limitan la igualdad de oportunidades y el desarrollo libre de talentos.

DIME DÓNDE ESTUDIAS…

El tipo de establecimiento de procedencia continúa siendo determinante en el desempeño de los estudiantes enfrentados a la PSU. De los 162 estudiantes con puntaje nacional, 112 provienen de colegios particulares pagados (69,1%), 32 de particulares subvencionados (19,7%) y 18 de establecimientos municipales (11,1%). En 2015, la distribución según dependencia del colegio fue la siguiente: 72,58% particular pagado, 11,29% particular subvencionado y 16,13% municipal.

Un ejemplo de la brecha se dio en la prueba de Matemática, la que expresó mayor diferencia, porque el promedio de los particulares pagados fue de 607 puntos, 139 puntos más que los colegios municipales, que obtuvieron 468 puntos como media.

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La directora del Sistema Único de Admisión, María Elena González, señaló al presentar los resultados que «efectivamente, en los colegios particulares pagados hay más recursos y profesores especialistas, que tienden a fortalecer la preparación para la PSU. Eso es una realidad». Sin embargo, complementó que «el nivel de apropiación curricular, es decir, de lo que ven en términos de currículum, no es igual en todos los establecimientos. Por ejemplo, en ciencias, una de las cosas que vemos es que hay establecimientos en los que los talleres y laboratorios tienen mucha más exposición frente al currículum que otros y eso también se nota en los resultados de la PSU».

El investigador Mathias Gómez explica que «la PSU no mide la educación que recibiste sólo en tu colegio, sino que refleja el contexto en el que creciste». En este sentido, un ambiente con una mayor cantidad de estímulos y recursos favorece un mejor desempeño en la prueba. “La prueba por esencia es academicista, por eso genera tanto sesgo. Eso ya es súper fuerte y es difícil remediarlo”, sostiene el especialista.

A juicio de Gómez, es necesario potenciar otros instrumentos que compensen el sesgo en la distribución por establecimiento de procedencia, como por ejemplo, el ranking de notas. “El espíritu de estas iniciativas es reconocer a jóvenes que fueron quienes mejor aprovecharon las oportunidades educativas en su propio contexto, entonces no tiene sesgo socioeconómico”, apunta.

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Adicionalmente, el tipo de formación entregada por los establecimientos también deriva en pronunciadas desigualdades. Así queda demostrado al considerar que el 100% de los puntajes nacionales de este año provienen de colegios con formación científico humanista. A su vez, en 2015, la ponderación promedio de estudiantes de estos establecimientos fue 522 puntos, mientras que la de alumnos técnicos fue 445.

“Hay un sesgo curricular. A eso súmale que quienes estudian en Técnico Profesional provienen de niveles socioeconómicos más bajos, y ahí se cruza con lo anterior”, añade el investigador de Educación 2020.

«LA TAREA DE LOGRAR MÁS EQUIDAD»

Distintos actores coinciden en que los resultados de la PSU manifiestan los síntomas de la desigualdad en diversas esferas de la vida social del país. En este sentido, el rector de la Universidad de Valparaíso, Aldo Valle, señaló que «estos resultados iluminan en cómo en Chile todavía tenemos pendiente la tarea de lograr más equidad y, desde luego, una cobertura que sea equivalente, en términos de calidad, en todos los estratos socioeconómicos y socioculturales, porque de esa manera el sistema educacional formal va a contribuir a esa asimetría que hay en la sociedad y que predetermina los desempeños posibles de los estudiantes».

En tanto, Mathias Gómez afirma que «en una sociedad con desigualdad socioeconómica y de género, es difícil dejar todo al ‘mérito’. Es necesario avanzar en medidas afirmativas, como el sistema de ingreso inclusivo del PACE o el de ingeniería en la Chile».

En la rueda de prensa de presentación de los resultados, se le consultó a María Leonor Varas, directora del Departamento de Evaluación, Medición y Registro Educacional (DEMRE), si a partir de las evidentes brechas podrían aplicarse cambios al instrumento de admisión. Al respecto, la autoridad explicó que «podría modificarse sin que eso necesariamente modificara los logros de aprendizaje en enseñanza media. Entonces, podríamos tener otro instrumento, pero tendríamos las mismas falencias en los estudiantes que ingresarían a primer año en las universidades, que demandan también de esos conocimientos».

De todas formas, adelantó que en enero el Consejo de Rectores discutirá la incorporación de nuevos elementos al proceso de selección.