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Daniel Jadue: En Chile hay una desconexión con las necesidades, expectativas y sueños de la gente

 

Daniel Jadue, el alcalde comunista que está a la cabeza de uno de los proyectos políticos más exitosos del último tiempo, ha desarrollado una propuesta de iniciativas populares altamente valoradas por la ciudadanía, copiadas por otras comunas y con una indiscutible repercusión nacional, habló del exitoso y masivo festival multicultural Womad, de la librería popular recientemente inaugurada, de contingencia nacional e internacional. Una extensa conversación con uno de los líderes indiscutibles de la izquierda chilena.

 

-El 17 de febrero finalizó el festival Womad en Recoleta y al cierre se informó que durante los tres días hubo al menos 50 mil personas, ¿cuál es su evaluación de esta iniciativa cultural?

-Una muy buena evaluación, aun cuando tuvimos que enfrentar la falta de apoyo del gobierno que nos quitó el financiamiento, lo cual influyó en la reducción de números artísticos y además volver a cobrar, porque el año pasado habíamos logrado llegar a la gratuidad, aun así fue un festival maravilloso, con artistas de primer nivel, con más de 25 bandas de 15 países distintos, con un marco de público espectacular, una fiesta familiar sustentable, muy limpia y ordenada. Creo que marca sin duda el año de la consolidación completa del festival Womad, que en esta versión, además, logramos lanzar la fundación Womad Chile que permitirá mantener por siempre el festival en nuestro país.

 

-¿Y tiene proyección este festival, a pesar de la actitud del gobierno de Sebastián Piñera?

-¡Absolutamente! De hecho, el próximo año iremos por la sexta versión. Tenemos todas las condiciones para hacerlo. Por ejemplo, estamos estudiando la idea de que la librería Recoletras, se convierta en una tienda Womad todo el año, con acceso a la música del mundo y otras actividades más permanentes durante el año.

 

-Y a propósito, ¿Cuál ha sido la evaluación luego ya de semanas de funcionamiento de la librería popular?

-La librería Recoletras ha sido un acierto. Hemos instalado nuevamente una discusión en el país que nadie quería dar hace mucho tiempo, hemos remecido a la industria del libro y la hemos hecho un poco más transparente. Ya hemos vendido más de 20 millones de pesos en un par de semanas, la librería esta siempre llena y todos se maravillan con el valor de los libros. El impacto ha sido tal que ya estamos evaluando, con el apoyo de otros alcaldes, la posibilidad de instalar librerías similares en otras comunas.

 

-¿Por qué en otras comunas o espacios de representación no se ven acciones como las de Recoleta?

-Yo creo que la inercia perjudica la política en cualquier parte del mundo, cuando alguien se acostumbra a solo administrar lo que hay y se empieza a desconectar de la necesidad de su gente, de sus expectativas, de sus sueños, o deja de buscar permanentemente estar respondiéndole a quienes lo eligieron. Yo creo que eso le pasa a la mayor parte de los sectores políticos de nuestro país. También hay comodidad, falta de voluntad política y falta de capacidad técnica. Vivimos tiempos en donde la política está muy desideologizada, por lo tanto, al carecer en algunos aspectos de utopía o de sueños de mundos posibles, uno no se imagina mejorando cada uno de los ámbitos de la vida cotidiana de las personas.

 

-Hace unas semanas se divulgó una fuerte crítica al PC chileno por parte del ex frentista Ricardo Palma Salamanca. ¿Las comparte?

-Lo primero que hay que destacar es que Palma Salamanca tiene todo el derecho a cambiar de opinión y que uno puede compartir o no su juicio. Pero, si fuera tan autoritaria la cultura comunista que él conoció, el no habría tomado el camino que tomó, definitivamente para ellos fue muy fácil desoír las decisiones de esta cultura que además hoy día reconocen fueron correctas y que ellos fueron los que se equivocaron. Creo que él nunca conoció mucho la cultura comunista y los que vivimos en la cultura comunista sabemos que nunca el intelectual individual pesa más o puede tener pretensiones de valides mayor al intelectual colectivo.

-¿Y cómo puede compartir la cultura comunista con la crítica que se le hace a la ex Nueva Mayoría por su eventual responsabilidad en no solo perder el gobierno en las pasadas elecciones, sino también en la incapacidad de rearticularse como oposición. ¿Cómo se enfrenta eso?

-Yo puedo compartir algunos juicios, yo fui de oposición completamente a la concertación y creo que en ello radica gran parte de la responsabilidad de la crisis institucional que tenemos hoy día porque se acostumbraron durante demasiado tiempo a hacer programas de gobierno que después no tenían ninguna intención en hacer. Creo que eso fue distinto con la Nueva Mayoría y eso marca un punto de inflexión en el país en donde por fin se logran destrabar algunos de los candados de la Constitución de la dictadura.

Ahora, eso no quiere decir que todo me gusta, porque nuestro país actualmente funciona como un apartheid, es decir, en Chile hay una Nación y dos sistemas, hay una nación y un sistema para los que tienen plata y otro sistema para los que no tienen.

 

-Y entonces, ¿cuál sería el camino que debe seguir la oposición?

Yo creo que un poco lo que hemos venido haciendo en Recoleta, desde la perspectiva de tensionar al modelo, exponer y evidenciar todas las debilidades y todas las fallas del modelo, de tal manera de reponer la necesidad de tener un Estado que se haga cargo de los problemas que el mercado nunca va a resolver porque no le interesa resolver.

 

-El PC ha planteado la idea de avanzar con la más amplia mayoría posible, ¿esa amplia mayoría está solo en la izquierda o también en otro sector que va más allá de la izquierda?

-El PC ha hecho una definición que es clara, intentar armar la unidad social y política más amplia posible para transformar Chile, para seguir transformando Chile, por lo tanto, no somos los comunistas quienes tenemos que definir el límite de esa unidad social y política, tienen que definirla los distintos actores políticos si es que están en esta tesis.

-En el tema internacional usted ha sido un claro opositor a la intervención extranjera en Venezuela y ha señalado que es la autodeterminación de los pueblos lo que debe predominar. ¿Cómo ve la actitud del gobierno de Sebastián Piñera y el manejo de las relaciones internacionales en particular?

-Lamentable e inaceptable.  Lo primero que hay que despejar es que el presidente Piñera y su Canciller no tienen interés alguno en la democracia, la libertad y los derechos humanos.  Prueba de ello es la reunión sostenida por el Presidente, en el cambio de mando de Brasil, con el Primer Ministro de Israel, que es el país más condenado en el mundo por violaciones a los DD.HH y el anuncio del Ministro de Hacienda de un aumento en el intercambio comercial con Arabia Saudita que es una Monarquía Absoluta en donde los conceptos de libertad y democracia simplemente no existen. En ambos casos el gobierno pretende premiar a dichos países con mayor intercambio comercial para financiar la ocupación ilegal de Palestina y La Monarquía Saudi que acaba de degollar a un periodista al interior de un consulado.

Lo segundo, es que ningún país del mundo puede violar el Derecho Internacional, interviniendo en asuntos internos de otros países y violando la autodeterminación de los pueblos.

Lo tercero, es la creciente hipermetropía del Ejecutivo, pues su agenda demuestra que su mayor preocupación está fuera de Chile, a pesar de todo el sufrimiento que hoy existe en nuestro país azotado por desastres naturales, por incendios y por una delincuencia completamente fuera de control que este gobierno no ha sido capaz de contener.

 

-¿Y qué piensa cuándo hay quienes señalan al gobierno Venezolano como una dictadura?

-Se perfectamente lo que es una dictadura militar.  Viví toda mi juventud bajo una y en ese tiempo nadie hubiera sobrevivido cinco minutos luego de autoproclamarse Presidente Encargado de Chile.  De hecho, la dictadura mató a Frei, que había apoyado el Golpe de Estado, por dar un discurso llamando a una Asamblea Constituyente. En tiempos de dictadura había toque de queda y te llevaban preso por reunirte con más de dos personas en un lugar público y en Venezuela veo a la oposición en las calles todos los días.

Tampoco en tiempos de dictadura existían los partidos políticos. Y nosotros luchábamos por elecciones libres que la dictadura jamás quiso aceptar, incluso participamos en un plebiscito sin garantías.  En Venezuela una parte minoritaria de la oposición, que es la que hace más de una década está empeñada en tomar el poder por las armas, en conjunto con EE.UU, no quiso participar en las elecciones donde se inscribieron seis candidatos y cuatro llegaron hasta el final, uno solo oficialista. Entonces, hay muchas cosas que no me calzan respecto de mi propia experiencia de lo que es una dictadura militar.

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