ENTREVISTA

Daniel Muñoz, cuequero: «La cueca es un sentimiento por sobre todas las cosas»

Hablamos con el actor de la pasión que le provoca a él y a su público la "cueca brava", de la importancia del "roto chileno" en este legado, de la fusión de esta música con otras culturas y de lo que piensa sobre otra tradición: el rodeo.

Foto: Bastián Yerel

Foto: Bastián Yerel

Al actor y cuequero Daniel Muñoz ya no le gusta ponerle apellidos a las cuecas, pero lo cierto es que la suya es ‘brava’, cuesta bajarla de los escenarios, sobre todo cuando los que más piden que no haya primera sin segunda son jóvenes. ¿Por qué esta algarabía con su música?

Hablamos de eso con Muñoz, del origen de su pasión, de la importancia del ‘roto chileno’ en este legado, de la fusión de la cueca con otras culturas y de cómo se para él frente a otra tradición: el rodeo.

¿Qué crees tú que es lo que identifica a la gente que le gusta lo que ustedes hacen, la cueca brava? ¿Por qué crees que se genera esa suerte de comunidad en torno a este tipo de música?

Es un placer yo creo y como todo placer no tiene explicaciones muy concretas, hay algo que viene de herencia también, es un arte que se viene escuchando desde unos cuantos siglos, entonces hay un arraigo a esta tradición, y curiosamente cuando perdió esa conexión con la gente y estuvo a punto de desaparecer, se retomó este sentido como de libertad, de libre expresión, de libre sentimiento y ahí la gente se volvió a enganchar. Tiene que ver con eso, se siente, se respira ese aire de independencia que encierra la cueca en su médula; es la fiesta, yo creo. Está la fiesta, está el humor chileno, que está también guardado en el ADN de la cueca; la vivencia, la historia, hay también una parte histórica, como de estos pregoneros, del ‘boca a boca’, como la Lira chilena. Son historias, vivencias que se transmiten oralmente, hay algo de eso también, de ese tipo de tradición, que es muy popular. O sea, la cueca más que folclore es música popular, es parte del pueblo.

¿Y tú crees que los jóvenes, que en gran parte son quienes siguen este tipo de cueca, se identifican más con la cueca brava que con la tradicional, que de pronto se asocia a algo más conservador, como de patrón de fundo?

Mira, a mí me gustaría hacer una aclaración: yo un tiempo fui bien defensor de los términos, de cueca chora, cueca brava, cueca de salón, cueca huasa, pero yo creo que la cueca es una sola y como es un ente vivo, que depende del ser humano, como todo arte, ahí se marca la diferencia. Cuando una expresión artística está hecha con los ingredientes que la definen como tal, que es el sentimiento, la verdad que la construye, del artista -ya sea bailarín, cantante, escritor, poeta-, si está hecha con la esencia, cumple su objetivo. Entonces, la cueca es la cueca, depende la gente que la haga. Si, por ejemplo, los jóvenes vieron en esta expresión que se llamaba cueca brava unas características auténticas, inmediatamente engancharon, es la esencia de la cueca. La cueca, desde el momento que se le quitó esa autenticidad y se empezó a formalizar, a transformar en materia de estudio, a encasillar, a enjaular, como a un caballo que se le pone la rienda, se le quita esa esencia desbocada libertaria que tiene, entonces ahí el pueblo, desde donde viene, se aleja, sobre todo la gente joven que está necesitada de autenticidad; son los primeros que salen a la calle, los primeros que protestan porque algo no les gusta, los primeros que se enfrentan a sus padres, es una esencia, una necesidad. Y claro, cuando los jóvenes detectan que este renacimiento de la cueca expresa un renacimiento de algo auténtico, se conectan inmediatamente. O sea, la cueca es un sentimiento por sobre todas las cosas.

LA FIESTA, EL LIVING COMO SALÓN DE BAILE

Tú estuviste siete años con 3X7 Veintiuna, llevas tres con Los Marujos, pero tu vinculación, tu gusto por la cueca, es mucho más anterior, veinte años al menos. ¿Qué fue lo que gatilló en ti ese gusto?

Foto: Bastián Yerel

Foto: Bastián Yerel

Fue importante la herencia familiar. En mi familia, cuando vivíamos en San Fernando, en la época en que se celebraban los santos todavía, las cármenes, las marías, la familia se juntaba en la casa a celebrar y eran fiestas largas, a veces de todo un fin de semana y en la noche ya, al calor del copetito, del asado, la buena comida, la cháchara, se armaba la fiesta corriendo los muebles del living y se transformaba en un salón de baile y ponga música envasada, aparecía el tocadisco, los discos y entre las cumbias, las rancheras, lo que fuera, en un momento mi abuela, muy ligada al campo, a las tradiciones, pedía cueca; y en general todos. A mí me daba en ese momento un poquito de plancha porque era algo que no entendía, pero con el tiempo me acostumbré, y se tocaban y se bailaban cuecas y era muy divertido, muy alegre. Y ponían un disco y ese disco se me quedó grabado, porque después ese disco no lo escuchaba siempre, era como muy particular.

¿Qué disco era? 

Se llamaba ‘Cuecas con escándalo’, es un disco emblemático, es el punto de referencia para cualquiera que quiera entender la influencia del ‘roto chileno’ en la cueca. Es un disco que produjo un gran músico, Alberto Rey, del Dúo Rey-Silva, amigo de los amigos, gran músico, artista. El Dúo Rey-Silva eran dos señores que se vestían de huasos para cantar, tonadas; era una estampa muy campesina, huasa, pero él, cuando se ponía su traje de corbata, era más cercano a la urbe y tenía muchos amigos del Matadero, de la Vega, de la Estación, del Puerto. Y un día a este señor se le ocurrió invitar a toda esta gente que él escuchaba cantar cuecas en sus faenas, a grabar. Eran todos ‘rotos chilenos’ que nunca habían grabado, o uno que otro lo había hecho; tocaban en casas de niñas, qué se yo. Era la cueca que se podía decir ‘brava’, había que ser añiñao y bravo pa’ cantar ese tipo de cuecas, no por la temática, sino que por la forma cómo se cantaba. Era como con cierta agresividad.

Y él tenía muchos amigos y los invitó al sello Odeón, a todos, incluso había un comistrajo, hombres y mujeres; hay muchas leyendas en torno a ese día de grabación que fue un día completo. Y se grabó ese disco, pero él no le dijo a sus amigos que iba a grabar también el ambiente, entonces eso se escucha en el disco: las tallas, los chistes, todo el hueveo que había, y las cuecas que son cantadas como reflejo de esa verdad que se estaba produciendo ahí. No era ir a cantar no más, sino que ir a festejar. Entonces, esas cuecas se me quedaron grabadas porque no tenían nada que ver con las que yo escuchaba de los grupos tanto o el conjunto tanto. Eran otra cosa, otra dimensión. Desde chico quedé con eso y bueno, con el tiempo, por diferentes razones, cerré el círculo y me volví a encontrar ya como profesional como esas mismas cuecas. Algo me produjeron, porque de alguna manera entré ya de cabeza al mundo de la cueca, pero fue un poco por eso.

LA CUECA COMO EMBAJADORA

¿Dónde buscan para componer, dónde están esos relatos que traspasan a las canciones?

Con los 3×1 Veintiuna la idea fue rescatar. Principalmente yo me ponía a bucear en discos, buscando nuevas melodías, diferentes a las cinco cuecas que se tocaban en ese entonces. En los medios de comunicación para las Fiestas Patrias eran las mismas cinco cuecas y yo decía ‘no, tienen que tener más’ y había mucho más. Y no había mucha publicación, lo que había estaba todo en las tiendas de discos usados o letras en algún libro, entonces era muy difícil de encontrar. Y esa fue la misión del grupo y creo que se cumplió bastante bien. Logramos volver a grabar muchas cuecas de la tradición. Y ya con Los Marujos, en cuanto a cueca, es creación y ahí el que se saca los zapatos es Horacio Hernández, un gran compositor y cantor de cueca, su carrera viene de Los Trukeros hasta La Gallera, grupos emblemáticos de cueca. Y también no solo hacer cueca, sino que empezar a hacer una fiesta latinoamericana. Ahora el grupo cuenta con siete músicos excepcionales, el último que se integró es Efrén Viera, de los Inti-Illimani, percusionista, entonces ya el espectro se amplió y la ambición también. La cueca siempre está presente en lo medular, pero ya es la fiesta popular la que hacemos en el escenario.

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¿Y por qué crees que es importante fusionar la cueca con otros estilos, otras culturas? 

Es que cuando tú tení una fiesta en la casa como las que viví yo cuando chico, claro, están las cuecas obviamente, pero había boleros, valsecitos peruanos, tangos, milongas y eso es todos nosotros. Si nosotros como grupo queremos reflejar la alegría de las personas, partiendo por Chile, es imposible no incluir todo eso también y tenemos la capacidad musical para hacerlo, entonces es siempre inspirado en esas fiestas que yo vivía cuando cabro chico, ese es como el punto de partida, y la cueca es parte de eso. O sea, está la cumbia y tení la cumbia chilena ya, hay un estilo; la cueca existe en otros países también, llegó de otro país acá, la adoptaron porque les gustó; lo mismo con la ranchera, la adoptaron porque les gustó, están Los Hermanos Bustos y otros cantantes de música mexicana que ya es música chilena-mexicana. En México existe la chilena, que es la cueca que llevaron los pirquineros en la ‘fiebre del oro’ de California y allá se quedó. Existe un festival de cueca, que es chilena, y que ya no es la cueca que conocemos, adoptó la personalidad de los mexicanos, pero es una especie de fósil viviente de lo que es la convivencia artística en los países, traspasa las fronteras. Lo mismo nosotros. O sea, cuando hicimos una presentación en Viña del Mar quisimos usar la cueca como una suerte de embajadora de buena voluntad y de unión. Incluimos una investigación de Margot Loyola que hablaba de que la cueca no solo existe en Chile, sino que en otras partes, cosa que entonces para mí era una rareza. Pa´ mí la cueca es chilena y no existe nada parecido, pero no, está en Argentina, Perú, Bolivia, en México. Fue alucinante, dijimos ‘pucha, si la cueca puede conectarse con otros países, vamos más allá’, utilicemos la música de esa manera, como embajadora de una amistad latinoamericana y -por qué no- mundial, si la música se va conectando y ampliando, pero en el fondo es todo parte de un mismo rosario.

Foto: Bastián Yerel

Foto: Bastián Yerel

Cuando uno observa a agrupaciones de cueca brava, uno percibe que la mujer ocupa un lugar o se desenvuelve de otra forma, distinta a la tradicional, va a la par con el hombre. ¿Es así, se posiciona de otra forma?

Siempre fue así. Si uno lee un poco sobre las cantoras y bailaoras de cueca en los albores de la cueca chilena, que eran Las Petorquinas, se habla de la forma cómo bailaban, de la gracia que ellas tenían, eran protagonistas del baile y del canto; siempre ha sido así. Si la cueca es un igual a igual, es un cortejo, un enfrentamiento, como se le quiera llamar. Pero te digo, al igual como se canta, como se escribe, como se baila, es la personalidad lo que importa. Si la persona lo que está haciendo es seguir una coreografía y una forma, está en la epidermis del asunto. La cueca es de cada uno, cada uno la tiene que hacer suya, por eso también es tan difícil porque requieres de una personalidad para salir a la cancha y hacer lo suyo. Claro, hay algunos que salen a hacer el ridículo, pasa, como en todas las cosas, pero ya es notable que haga el intento, como quien se quiere declarar a una mujer y le falla, bueno, cagó, lo intentará por otro lado, pero al menos lo hace y eso ya tiene una validez. Claro, están los académicos que dicen ‘esto es así, esto no’, que les gusta ponerle nombre a las cosas, ponerle título. Allá ellos, pero ahí no está el cien por ciento de la definición, es una parte. La cueca es de todos y cada uno la baila como la quiere y como la siente, ese es mi postulado, y lo digo con causa porque lo he visto. Una cueca bien bailada, con sentimiento, aunque la persona mueva solamente el pañuelo, pero lo hace con un contenido, es notable, alucinante. He visto gringos, extranjeros, que quedan boquiabiertos viendo cómo alguien lo hace bien, con sentimiento principalmente.

Te quiero sacar un poco del tema de la cueca y llevarte a algo que es más contingente y que son los cuestionamientos que surgen en torno a otra “tradición”, al rodeo. ¿Qué posición tienes tú frente a esa otra “tradición”?

A mí, cualquier cosa que involucre tortura animal, estoy en contra, absolutamente. Si el rodeo pudiera prescindir de eso, yo estaría totalmente de acuerdo. Respeto todo lo que tiene que ver con la historia de nuestro país. O sea, el rodeo surge de una faena, del arreo de los animales y ahí se transforma en un deporte. Yo amo las tradiciones y cómo yo, que amo las tradiciones, voy a ir en contra de una de las más emblemáticas de Chile, pero hay un punto, claro, y es que está todo perfecto mientras no se recurra a la tortura animal. Yo estoy en contra de la tortura de todo tipo. Si me garantizan que el rodeo no es tortura animal yo estoy totalmente a favor de que siga el rodeo. Pero si se plantea que sí lo es, lamentablemente yo estaría en contra.

Por Daniel Labbé Yáñez

*Entrevista publicada en semanario El Ciudadano (8 al 14 de septiembre)


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