Economista venezolano especializado en criptomonedas Aarón Olmos y las monedas digitales: ¿podrían salvar a América Latina del dólar?

Venezuela es pionera, en este tipo de activo cuando en 2018 lanzó el petro, la primera criptomoneda emitida oficialmente por el Gobierno de Nicolás Maduro y respaldada en las reservas de petróleo, oro y gas

Por Pedro Guzmán

27/01/2023

Publicado en

Criptomonedas / Entrevistas

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Apelar a monedas digitales seduce cada vez más a los países latinoamericanos. Para dos expertos entrevistados por Sputnik, se trata de algo más que eliminar el dinero físico: tienen el potencial de neutralizar el monopolio sancionatorio de EEUU y el dólar y hasta permiten soñar con no requerir de bancos privados para el comercio mundial.

Lanzar monedas digitales que complementen o, paulatinamente, sustituyan al dinero físico ya no es una utopía en América Latina. En enero de 2023, Rusia ofreció a Cuba su experiencia en caso de que quisiera consolidar un «peso digital oficial» para dar mayor fluidez a su economía, golpeada por las sanciones impuestas por EEUU y facilitar el ingreso de divisas.

Pero no fue el único, ya que varias economías importantes de la región tienen el lanzamiento de una moneda digital en carpeta para los próximos años. El Gobierno mexicano informó en diciembre de 2021 que su Banco de México trabajaba para lanzar una moneda digital en 2024. Un año después, Brasil hizo un anuncio similar: el «real digital» estaría disponible en un plan piloto en 2023 y de lleno en el mercado en 2024.

Otros países parecen ir un paso atrás pero también ven estas divisas como una posibilidad. En abril de 2022, Argentina habilitó a su Casa de la Moneda a emitir una moneda digital, lo que los medios argentinos ya denominaron como criptopeso. En el Gobierno de Gustavo Petro en Colombia también hay intenciones de explorar el camino hacia una moneda digital, según declaraciones de jerarcas.

En cualquier caso, Sudamérica ya tiene un pionero en la materia. Se trata de Venezuela, que en 2018 lanzó el petro, la primera criptomoneda emitida oficialmente por el Gobierno de Nicolás Maduro y respaldada en las reservas de petróleo, oro y gas.

La tendencia se fortaleció en 2020 en el Caribe, con el dólar de arena emitido por Bahamas y dcash lanzado por el Banco Central del Caribe Oriental y válido en Antigua y Barbuda, Granada, San Cristóbal y Nieves y Santa Lucía.

En diálogo con Sputnik, el economista venezolano especializado en criptomonedas Aarón Olmos señaló como, desde su nacimiento del bitcóin en 2008, las criptomonedas pasaron de «ser vilipendiadas y asumidas como una estafa», a que «entes multilaterales y bancos centrales del mundo las validen y las estudien».

Un buen ejemplo es la apuesta de El Salvador, que en 2021 oficializó el uso del bitcóin en el país centroamericano, permitiendo los pagos en esa moneda en comercios locales y generando reservas internacionales en la criptomoneda más famosa.

El experto señaló que este proceso, apuntalado por la «tendencia histórica que se viene gestando a la desaparición del dinero físico», ha demostrado «que el dinero inmaterial, bajo unas normas y reglas y elementos de supervisión, bien puede ser utilizado para la cobertura de las necesidades de las personas, las empresas y los gobiernos«.

Olmos hizo énfasis en la necesidad de diferenciar las monedas digitales emitidas por bancos centrales —conocidas con por las siglas en inglés CBDC— de las criptomonedas originales como el bitcóin, el ethereum u otras. Estas monedas, especialmente el bitcóin, nacieron «con la intención de ser un medio de pago alternativo» y descentralizado, sin estar sujetos a la regulación de ningún banco central. El venezolano recordó que, con el tiempo, estas criptomonedas transformaron su naturaleza hasta ser «una materia prima y un vehículo financiero de especulación».

Las CBDC son, remarcó Olmos, «la antítesis del bitcóin«, debido a que ya nacen «dentro de una institución financiera que responde a un gobierno y que forma parte de una política económica». Por tanto, los gobiernos tienen algunas obligaciones cuando deciden emitir monedas digitales: «Deben garantizar una infraestructura para la economía digital, garantizar energía eléctrica e internet de fibra óptica en todo el territorio 24/7, redes de transmisión de datos y dispositivos inteligentes para que se puedan descargar los aplicativos».

Olmos defiende la idea de que apostar por monedas digitales «va más allá de eliminar el dinero físico» porque representa «una nueva forma de entender el intercambio de valor entre personas» y «el próximo paso en la evolución de la lógica monetaria».

Sin embargo, el experto precisó que usar monedas digitales no exime a los países de los problemas que pueden enfrentar. «Los problemas monetarios no se solucionan con la creación de dinero digital si no hay detrás una política económica coherente», advirtió, señalando que un país con hiperinflación no dejará de padecer el fenómeno si solamente elimina el dinero físico para cambiarlo por moneda digital.

Una alternativa al dólar y las sanciones

Si el dinero digital no soluciona los problemas monetarios, ¿para qué puede serle útil a países latinoamericanos con economías muchas veces castigadas? Según los analistas, las divisas digitales tienen la potencialidad de introducir algunos cambios importantes en el comercio internacional.

En diálogo con Sputnik, el economista argentino Juan Valerdi consideró que, por ejemplo, las conversaciones entre Rusia y Cuba para una moneda digital pueden comprenderse en el marco de «la declinación del dólar como moneda internacional y de EEUU como intermediario obligado».

En efecto, en la actualidad la mayoría de las transacciones entre bancos internacionales requieren del sistema SWIFT (Sociedad para las Comunicaciones Financieras Interbancarias Internacionales), fundado en Bruselas en 1973. Es un mecanismo de comunicaciones que en la actualidad engloba a más de 11.000 instituciones financieras en cerca de 200 países o territorios.

Si bien en los papeles se trata de una red de bancos de multiplicidad de países, la influencia de los gobiernos de EEUU y la Unión Europea tiene particular peso en el sistema. Así quedó demostrado cuando en 2022 anunciaron que desconectarían a Rusia del mecanismo, intentando bloquear sus pagos internacionales a modo de sanción.

Para Valerdi, la confianza en el dólar y el SWIFT ha decaído en el mundo como consecuencia «de las sanciones que EEUU ha impuesto indiscriminadamente a muchos países en el mundo». Tanto los países sancionados por Washington como los que no tienen sanciones pero desean comerciar con ellos, comienzan poco a poco a ver con mejores ojos la posibilidad de apelar a sistemas alternativos para poder concretar sus negocios.

El argentino explicó que comienzan a consolidarse alianzas de países y empresas que se muestran dispuestas a «salirse del dólar y del SWIFT y entrar a un sistema de monedas digitales». Valerdi colocó en esa lista a economías como la de Cuba o Venezuela y aliados fuertes como Rusia o China.

Según el experto, consolidar un sistema de pagos alternativo no es difícil para estos países desde lo técnico, aunque «no se puede obviar la discusión técnica porque los sistemas que creen deben estar blindados para los posibles sabotajes que seguramente va a introducir EEUU y las sanciones que imponga a empresas, bancos y países que usen este sistema».

«El mundo está maduro para empezar a explotar mecanismos alternativos al SWIFT, especialmente cuando el que está administrando el mecanismo que rige desde el final de la Segunda Guerra Mundial se ha abusado de las sanciones que puede adoptar», insistió el economista.

Saltarse a los bancos privados

Olmos coincidió en que los países latinoamericanos «pueden ponerse de acuerdo» para buscar una alternativa al dólar. En ese sentido, recordó que desde 2010 existe el Sistema Unitario de Compensación Regional de Pagos (SUCRE), un mecanismo impulsado por Venezuela para registrar transacciones entre los bancos centrales de América Latina. Desde su creación contó con la adhesión de Ecuador, Bolivia y Cuba y más tarde con la incorporación de Nicaragua y Uruguay. Olmos recordó que Argentina y Brasil «hicieron algunas operaciones» con este sistema, que no logró el éxito que se esperaba en su lanzamiento.

Para el venezolano, es posible que herramientas como el SUCRE tengan mejor suceso en el presente, cuando hay una mayor experiencia internacional en este tipo de monedas digitales. Eso sí, remarcó que una herramienta así «requiere una coordinación de política económica muy importante a nivel de los bancos centrales, para que pueda tener sentido y sea coherente».

Olmos sostuvo que una moneda digital para transacciones en América Latina debe estar respaldada por una canasta de monedas que se acuerde entre los países o bien un commodity como el oro.

Valerdi imaginó un escenario que consideró sería «una revolución verdadera» en el mecanismo de pagos internacionales: «Que ya no todo pasara por el dólar, Wall Street y los bancos de Nueva York sino que se incluyera la posibilidad de que se hicieran pagos directamente entre bancos estatales y entre estados».

Para el argentino, reemplazar el sistema SWIFT por uno alternativo sería algo «menor» en comparación con «el gran salto que significaría que los pagos internacionales se pudieran hacer directamente entre estados, salteando a los bancos privados, que hoy son el gran parásito desquiciado del sistema internacional».

En el corto plazo, las monedas digitales y los mecanismos alternativos de pago tienen la potencialidad de evitar las sanciones que Washington ha impuesto sobre países. Olmos señaló que Venezuela «es el caso más patente» en América Latina, ya que ha asumido el uso de criptomonedas como forma de evitar los bloqueos que sufre su economía.

El experto venezolano recordó que en 2020 el país sudamericano aprobó una Ley Antibloqueo en la que, entre otras medidas, habilitó al Estado venezolano a operar con criptoactivos tanto en el mercado interno como externo. «Esto hace que un país como Venezuela quede habilitado para poder hacer operaciones con países que, si bien no pueden hacer una transferencia o un giro, sí pueden operar por la vía de cadenas de bloques y hacer pagos con bitcoins o cualquier criptomonedas o token elegidos», explicó.

El caso del Petro también es destacable, según Olmos. «Si bien está sancionado y solamente tiene uso dentro de Venezuela, ya han pasado más de cuatro años y sigue allí, y el Gobierno venezolano lo usa para pagar algunas pensiones«, acotó.

Olmos es optimista sobre el uso de estos mecanismos como forma de eludir las sanciones, recordando que se condice con «la idea original que estaba detrás de las criptomonedas».

Valerdi, por su parte, es más pesimista con respecto al futuro de América Latina en este campo. Si bien el argentino defiende la conveniencia de escapar «del cepo que implica este sistema de pagos y lo que viene de la mano, que es el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial», consideró que los países latinoamericanos no tendrán un camino fácil hacia monedas digitales y sistemas de pago alternativos.

«A corto plazo soy extremadamente pesimista con que respecto a que las dirigencias políticas se animen a patear el tablero de la influencia del dólar, de EEUU y del SWIFT en América Latina», se sinceró Valerdi.

Para el economista, EEUU no escatimará esfuerzos en intentar impedir que los países se alejen del dólar. Un ejemplo es, según indicó, «lo que está haciendo EEUU en Europa, donde con tal de sostener el sistema dólar es capaz de dinamitar Europa y especialmente a la producción industrial de Alemania», al obligarla a establecer sanciones que también perjudican al país.

«Antes de entregar Europa, EEUU es capaz de dinamitarla. Y no tengo dudas de que en el caso de América Latina sería lo mismo», sintetizó.

Fuente Sputnik

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