José Miguel Candela, en constante movimiento

El único latinoamericano nominado para los Qwartz Electronic Music Awards, es el músico chileno y académico de Universidad Arcis, José Miguel Candela, quien con su trabajo TKK, editado por Pueblo Nuevo, fue seleccionado en la categoría Experimentation/Reserch, transformándose en un orgullo para la música electroacústica chilena

Por berenguer

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Artes / Entrevistas / Música

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El único latinoamericano nominado para los Qwartz Electronic Music Awards, es el músico chileno y académico de Universidad Arcis, José Miguel Candela, quien con su trabajo TKK, editado por Pueblo Nuevo, fue seleccionado en la categoría Experimentation/Reserch, transformándose en un orgullo para la música electroacústica chilena. Licenciado en música y académico universitario, Candela considera que su más importante formador fue el recientemente desaparecido maestro Gustavo Becerra- Schmidt.

Pero su trabajo no sólo se ha centrado en la música acusmática, ya que ha realizada obras para cine, teatro, y muy especialmente para danza contemporánea (Ballet Nacional Chileno, Compañía de Danza La Vitrina, etcétera). En 2000 es premiado con la beca Fundación Andes para componer su proyecto «cuatro movimientos sinfónicos de carácter indigenista», de los cuales uno, “Machaq Mara (dedicado a la cultura aymara)”, es seleccionado y estrenado en mayo del presente año por la Orquesta Sinfónica de Chile.

Y además, es actualmente parte importante de la Comunidad Electroacústica de Chile. Algo de todo esto es lo intentamos abordar con este músico que ha sido un gran impulsor de la creación local y que ahora lo tiene un año donde quiere indagar en otras opciones que no le son ajenas.

Sabiendo que no resulta hacerlo muchas veces o lograr definirlo con claridad ¿en qué momento musical te encuentras actualmente?

Creo que la música, o más aún, la interacción con ella, provoca un movimiento, un desplazamiento, un cambio de algún tipo en la mentalidad de quién interactúa creativamente con ella, sea el que interactúa un auditor, un intérprete, un compositor, un analista, o alguna combinación de estos oficios. Considerando esto, yo como compositor busco este movimiento, que cada nuevo proyecto me desplace a un nuevo lugar intelectual/emocional/estético/etcétera. Entonces, en consecuencia con lo anterior, debo decir que me encuentro en el mismo momento musical hace ya mucho tiempo: un único momento de movimiento, de desplazamiento, de cambio constante.

¿Pero los trabajos de música electroacústica son lo central de tu labor actual o de los últimos años?

La electroacústica es una estética con la que siento mucha cercanía, me es muy natural. El año 2009, por ejemplo, mi labor para las obras «Magnificar» (Compañía Vicuña-Cáceres de danza contemporánea) y «Valdivia» (Compañía de Teatro de la Universidad Católica) eran completamente dentro de esta línea, como también la obra acusmática que estrené en Ai-maako 2009, «Levemos Anclas», dedicado al maestro Gustavo Becerra.

Sin embargo, la música que hice para la coreografía «Las Pésimas» de Francisca Sazié (también el 2009), era en un cincuenta por ciento obras electroacústicas, y en otro cincuenta por ciento música popular (balada, pop, blues, hardcore, etcétera). La música que hice para la coreografía de Paulina Vielma «Fragmentos de un discurso amoroso», que se estrenó en enero de 2010, es para cuarteto de cuerdas, nada electroacústico. Y actualmente estoy a un mes de lanzar mi nuevo power trio, «Desde Otro Siglo», también con composiciones mías, muy en el estilo del hard rock clásico. Así que si, es lo central, pero hay otras cosas.

¿Cómo ves todo lo que se ha generado en torno a lo electroacústico?, donde se ha logrado que se interese mucha gente que viene de conocimientos de música más popular y no tan docta.

Recuerdo cuando organizábamos los primeros Ai-Maako, mucha gente llegaba pensando que se trataba de un rave, y claro, no lo era, pero el material sonoro les interesaba, y terminaban quedándose y convirtiéndose en público bastante fiel. Esta situación provocó un crecimiento más bien sostenido del público en estos diez años de «recuperación cultural», después de décadas de no tener más que una participación secundaria e inapropiada en los conciertos de música contemporánea. Encuentro fundamental acercar y confundir estéticas, o mejor aún, crear nuevas, y en esa línea, este fenómeno de mixtura de público alrededor de los festivales de música electroacústica ha sido notable.

En todo ese escenario y desarrollo que describes, ¿cuál es la labor de la Comunidad Electroacústica de Chile, Cech?

La Comunidad Electroacústica de Chile tiene por misión el desarrollo de la música electroacústica en nuestro país. Cada vez su gestión cultural va siendo más especializada, de mejor nivel, más diversa, y sigue siendo el Festival Ai-Maako su actividad fundamental. Gracias a la Cech es que hoy existe más y mejor música electroacústica chilena, con más y mejores medios para difundirlas (programas de radio, conciertos, festivales, discos, etcétera). La Cech revitalizó y puso en el lugar de honor que le corresponde, a la música electroacústica nacional.

A propósito de lugares de honor ¿qué sientes de que tu disco TTK este nominado para los premios internacionales Qwartz?

Una tremenda satisfacción, pues es el único trabajo latinoamericano nominado. Es un disco muy querido, que ha sido bien recibido por la crítica y por los auditores, lo que me alegra.

Algo adelantaste ya, pero ¿qué planes tienes para el 2010, en lo individual y por parte de la Comunidad Electroacústica de Chile?

Actualmente, en la Cech sólo cumplo el rol de jurado de las obras que lleguen respondiendo al llamado internacional que se hizo hace unas semanas para el Festival Ai-Maako que se realizará en el segundo semestre. Para el 2010 tengo proyectos que se distancian en primera instancia de la música electroacústica (varios proyectos de música para danza, a parte del power trio que mencionaba antes), pero el amor por el sonido nunca se deja, ¡así que quién sabe!

Onda Corta
El Ciudadano

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