Politólogo Gibrán Ramírez: «Ahora la diferencia es que en Morena sí hay gritos y sombrerazos»

El investigador y político mexicano explica cómo el partido gobernante adopta viejas prácticas de la política mexicana y advierte del peligro que esto significa
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La elección de la dirigencia del partido Morena continúa sin resolverse, pues desde el inicio el proceso ha sido cuestionado por la propia militancia. Posteriormente, Gibrán Ramírez impugnó los resultados de la primera encuesta por considerarla fraudulenta. Pero a unas semanas del conflicto, ¿qué opina uno de los candidatos más jóvenes?

En medio de la polémica, el Instituto Nacional Electoral (INE) avaló los resultados de la primera encuesta que daría por ganadores a Porfirio Muñoz Ledo y Mario Delgado; sin embargo, el conflicto continuaría luego de que en la segunda encuesta el resultado fue de 25,34% contra un 25,29%, lo que quiere decir que el diferencial es solo de 0,05, con un margen de error de 2,1.

Por lo cual, el INE declaró que había un empate técnico entre ambos candidatos, no obstante, Muñoz Ledo decidió autoproclamarse ganador e hizo un llamado a hacer una toma de protesta el mismo 12 de octubre; en respuesta, colectivos feministas acudieron a las oficinas de Morena para protestar en contra del legislador por presuntas acusaciones de acoso.

Con este panorama de fondo, Gibrán Ramírez habla respecto a las razones por las cuales considera que quedó fuera del proceso de elección y cuáles son los retos para aquel que sea el próximo presidente del partido.

Para Ramírez, el fallo de la primera encuesta estuvo basado en «negociaciones en las alturas del poder». Pues desde su perspectiva, el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF), «como muchas instancias de justicia, tienen un 90% de componente político y muy poquito de componente jurídico».

«Eso nos deja ver cómo se hace la política, ya se hacía, nada más que antes había una especie de pacto de silencio para que no se denunciara ese tipo de política y una especie de resignación a que el tribunal como arbitro de última instancia daba el veredicto final de esta batalla entre actores políticos; ahora la diferencia es que en Morena sí hay gritos y sombrerazos, y se puede ver todo lo que hay detrás», indica.

A pesar de los inconvenientes por los que atraviesa el partido en la actualidad, Ramírez considera que el movimiento de donde surgió Morena logró «minar la legitimidad de instituciones como el tribunal que fueron fundamentales para fraudes electorales como el del 2006».

No obstante, señala que en los dos años de Gobierno de la llamada Cuarta Transformación no se ha logrado presentar «una alternativa de diseño institucional que de certidumbre democrática, sino que se ha refuncionalizado según los intereses del actual bloque en el poder».

Los retos de la próxima dirigencia

En las próximas semanas se resolverá la controversia entre quién sucederá al actual presidente de Morena, Alfonso Ramírez Cuellar, y quien llegue tendrá sobres sus hombros la elección de los candidatos para los próximos comicios electorales. Al respecto, Gibrán Ramírez, quien también es especialista en crítica política, tiene diversas opiniones sobre el futuro del partido.

En primer término, el político señala que continuará «organizando esto que llamamos un pacto desde abajo, somos decenas de miles en el país, que impulsaron mi candidatura y con quienes he hablado a lo largo de estos meses». Paralelamente, dice que seguirá con su carrera en medios de comunicación, así como a «observar el proceso, pero también a vigilarlo de cerca y a señalar, y a seguir hablando con los compañeros. No tengo claro adónde vamos a llevar toda esa fuerza organizativa, lo que tengo claro es que debemos seguir haciéndola».

Sobre los retos del futuro presidente de Morena, dice que son muchos los que se les presentarán a Delgado o a Muñoz Ledo, y añade que quien quede en la dirigencia podrá encontrar «una respuesta en el programa que nosotros planteamos para la militancia y cada vez que se presenten uno de estos problemas, nosotros vamos a presentar y desarrollar esa respuesta en acompañamiento a la gente que nos ha acompañado a lo largo de estos meses».

Por otro lado, comenta que desde su punto de vista el partido tiene un largo camino por recorrer, pues hasta el momento es la figura del presidente Andrés Manuel López Obrador la que sostiene a Morena dentro de la preferencia electoral y no a la inversa. Dado que, «si fuera por la inercia propia de lo que hay de discusión ahí, el partido estaría en picada, no ha propuesto nada relevante el aparato del partido. Los últimos dos años no ha generado ni organización, ni movilización, ni comunicación, y apenas un poquito de formación política».

«En el corto plazo, [el reto] es la distribución de las candidaturas. Creo que eso tiene dos salidas posibles nada más, que es una distribución típica por acuerdo político como suele ser o una distribución con reglas electivas claras. Ese va a ser el punto crítico, si va a haber encuestas reales o no las va a haber, o si va a haber un mecanismo alternativo a las encuestas o no lo va a haber, ahí el presidente López Obrador señalaba que las encuestas no son perfectas, ya sabían, y que hay gente muy buena que no es conocida», comenta respecto a las tareas inmediatas.

Además, señala que otro de los retos importantes es buscar mecanismos más eficaces de elección de candidaturas, pues solo con encuesta se corre el riesgo de que se privilegie únicamente la popularidad de los futuros candidatos y no el trabajo de base en los territorios.

De tal manera que desde su perspectiva, el próximo presidente —ya sea Delgado o Muñoz Ledo— tendrá como reto principal buscar «la institucionalización del partido en sus ámbitos más diversos, hay cosas que se tienen que renovar necesariamente».

«Si hay una presidencia mínimamente exitosa tendrá que haber una reforma estatutaria, porque nuestros estatutos son para un partido de oposición que tiene necesidades muy distintas y que tiene retos muy diferentes; por ejemplo, la cantidad de candidaturas que se harán a externos, la estructura interna del propio partido y las opciones que se dan para elegir a sus órganos», apunta.

El futuro de Morena en el limbo

Después del empate técnico entre Mario Delgado y Porfirio Muñoz Ledo, el día de hoy 13 de octubre el Consejo General del INE aprobó la realización de una nueva encuesta para determinar quién ocupará la presidencia del partido Morena.

Sin embargo, cualquiera de los escenarios que se presentan para el futuro del partido gobernante, cabe recordar que ambos candidatos vienen de la vieja clase política. En el caso de Muñoz Ledo, proviene del Partido Revolucionario Institucional (PRI), donde fue presidente nacional durante las administraciones de Luis Echeverría Álvarez, José López Portillo y Miguel de la Madrid Hurtado.

En 1987 salió de las filas priistas y en 1989 fundó, junto a Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, el Partido de la Revolución Democrática (PRD). En el 2000 contendió por la presidencia de México por el Partido Auténtico de la Revolución Mexicana, en el 2006 se integró a la militancia del Partido del Trabajo (PT) y en 2018 se unió formalmente a Morena.

En cambio, la carrera de Mario Delgado es más corta, pero igual de significativa, dado que él militó en el PRD de 2005 a 2015; pero su ingreso a las filas políticas se debió a que formó parte del equipo de quien fuera jefe de Gobierno de la Ciudad de México de 2006 a 2012, Marcelo Ebrard Casaubón. En 2015, se unió a Morena para consolidar el partido que llevaría a la presidencia a López Obrador.

Con base en este historial político de ambos candidatos, Ramírez opina que el escenario que le espera a Morena no dista mucho entre las posibles formas de administrar que tiene Muñoz Ledo y Delgado, dado que ambos provienen de una clase política tradicional.

En el caso de que Delgado llegara a ganar, el joven político considera que será un «futuro de continuidad en lo que ha habido hasta ahora, que es la repartición de candidaturas entre sectores distintos. Una costumbre muy perredista por esa parte, una repartición de cuotas. Por otra parte, creo que un perfil más o menos, por decir en el mejor sentido, un perfil priista al partido en el sentido de que se dedicará más a administrar el poder que a buscar la democratización del país».

«La gracia de su estilo político [de Delgado] es poner de acuerdo a esos grupos con los que ya cuenta; eso a mi parecer genera casi siempre un divorcio entre una clase política que se consolida mirando hacia adentro y el pueblo, pero puede generar cierta estabilidad en el corto y mediano plazo. Entonces, yo creo que eso puede ser, que eso causará que antes del 2024 e incluso desde 2021, aunque sea posible que muchos grupos se pongan de acuerdo en candidaturas importantes, haya un incremento de la conflictividad política dentro del partido. Y la verdad es que creo es que si no hay unos esfuerzos mínimos de democratización puede salir bastante dañado el partido al futuro y mediano plazo», aseguró.

Cortesía de Laura Itzel Domart Sputnik


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