Entrevista

“Yo si pude”: Día Internacional de la Alfabetización

Juan de Dios Cumana nació en Yaguaraparo, estado Sucre, un pueblo de pescadores donde no había escuela.

Caracas.- Cuando Juan de Dios sonríe en su rostro se marcan las huellas de una historia de vida, que en la capital venezolana se desconoce por ser vivida en el interior del país. Sin embargo, la esperanza y el tesón de continuar en resistencia se convierte en un denominador común de nuestros connacionales.

 Nacido en Yaguaraparo, estado Sucre, aprendió desde niño el oficio de las redes y anzuelos, junto con sus cuatro hermanos, bajo las instrucciones de su padre. “No teníamos muchas opciones, o te lanzabas a la mar, o te ibas a la montaña a sembrar, por lo que todos escogimos ser como paíto “.

Mis hermanos y yo -dijo Juan- trabajamos muchos años pescando, por lo menos yo hasta cuando tenía como 30 años, pero la vida en la mar es peligrosa y uno se cansa. En un momento de su vida, no sabe cómo ni por qué, decidió mudarse a una ciudad cercana, entonces Puerto la Cruz fue el lugar que puso en la proa del barco de su vida y zarpó hacia la capital comercial del estado Anzoátegui.

“Como no sabía leer tuve que buscar oficios donde no exigieran estudios. No podía ser ni siquiera mensajero o recadero porque no sabía leer, entonces lo primero que hice fue de caletero en el mercado municipal, ya sabes, sacos de papas, ocumo, zanahorias eran cargados por mí para llevarlos del camión al negocio del dueño de la mercancía, y por eso me ganaba 2 o 5 bolívares.

Afortunadamente era “papiao” y muy joven, pero un día me enfermé de la pierna y ya no podía cargar peso.

Juan de Dios celebra su cumpleaños número 90

Durante su narrativa Juan de Dios no cesaba de sonreír con cada episodio. “Después fui ayudante en el terminal de pasajeros, donde gritaba diferentes lugares en busca de viajeros. Los choferes del bus me daban un porcentaje del pasaje que cobraban, dependiendo de la cantidad de clientes que llevara, me podía ganar hasta 5 o 10 bolívares diarios”.

En ese trayecto Juan se enamoró de una morena en Puerto la Cruz. Su cariño fue correspondido inmediatamente y de esa unión nació Juancito. Al poco tiempo Briseida se fue con otro a vivir en Caracas, llevándose a Juancito, sin que su padre pudiera hacer mayor resistencia a la realidad.

Ya con más de 40 años, la posibilidad del comercio informal hizo que Juan tuviera varios puestos ambulantes de verduras, platos de plástico, ropa y zapatos. “Con esos negocios podía sobrevivir pero siempre tuve mala administración porque no me llevaba bien con los números, además tomaba ron y mascaba chimó, mañas aprendidas de paíto y que engañaban al estómago cuando no había nada que meterle”.

Cuando Juancito arribó a la edad de 20 años quiso conocer a su papá y le siguió el rastro hasta la ciudad portocruzana. “Recuerdo que al final de la tarde, caminando a mi lado por la avenida Municipal, me dijo: papá yo quiero ayudarlo, venga conmigo para Caracas”.

Con sus propias manos aprendió a escribir su nombre

En una bolsa negra metió tres pantalones, cuatro franelas, dos pares de zapatos, enseres de aseo personal e íntimo y se marchó con su hijo de Puerto la Cruz, con el mismo apremio con el que quizás Briseida se habría ido años atrás.

Llegó a una pensión, en el sector Altagracia, centro de Caracas, donde recibió la ayuda de su hijo, en especial, recuerda, la invitación a estudiar por primera vez. La misión Robinson, plan de alfabetización del gobierno Chávez, hizo posible que Juan de Dios escribiera por primera vez su nombre. Hoy, cuando Juan de Dios Cumana tiene 90 años, justo en el  Día Internacional de la Alfabetización, deja sus ojos fijos en el horizonte de aquella mar que lo vio nacer y nos dice: “Yo si pude”.

Para finalizar dejó una recomendación a los jóvenes: “leer es el mejor tesoro que tiene un ser humano, porque le abre el mundo a cualquier persona que haya nacido en la oscuridad”.


Comparte ✌️

Comenta 💬