Respuesta a Piñera: Si en Chile no hay presos políticos, ¿por qué cientos están detenidos solo por manifestarse?

Ante los dichos del presidente Piñera en su cuenta pública 2021, un recuerdo de los crímenes de su gobierno. Por todas las víctimas de la violencia policial, por las personas cegadas, por las y los presos de la revuelta, por mi amigo Sebastián Roque.

*18 de octubre de 2019. Foto: Felipe Cornejo Oyarce

El 18 de octubre de 2019, una fecha histórica para quienes estuvieron de acuerdo con la revuelta popular, lo mismo para quienes no lo hicieron, nadie pudo quedar al margen en cuanto opinión sobre lo que acaeció. El pueblo se tomó las calles, una vez quienes tomaron la batuta fueron las y los estudiantes secundarios, el “esto no prendió” fue lo único que no prendió. 

Recuerdo aquella jornada, en La Florida, cuando el ambiente era distinto, había expectación. A lo lejos, allá por la estación de más al sur de Los Quillayes, Elisa Correa, se veían luces de balizas de Carabineros, sin embargo, el metro seguía corriendo, empero solamente se podía entrar por una puerta pequeña, de esas en las que hay que agachar la cabeza. En instantes, mientras entraba más gente, un vidrio crujió, acto seguido yacía esparcido en el suelo producto de una piedra, un elemento que, a posteriori, se transformaría en el arma primordial contra la represión.

“Abran las puertas para poder salir”, “los pacos van a tirar lacrimógenas”, y lo mismo con los garabatos que implicaba la tensión del momento, eran la tónica momentos previos a la llegada del contingente revolucionario. Era la juventud recuperando espacios, la gente comenzaba a aplaudir al son de un tono de protesta mientras llegaban noticias por redes sociales, lo mismo ocurría en otros lugares de Santiago, en otras ciudades también, ya no solo eran les secundaries, era la gente recuperando su país. 

Los carabineros hicieron su aparición, armados hasta los dientes, con sus escopetas antimotines y sus vehículos, disparaban desde lejos, antes de llegar y luego, cuando alcanzaron la altura del paradero 25 de Vicuña Mackenna el aire se tornó picante, las lacrimógenas con su polvo blanquecino, nauseabundo, pasado a represión, intentaban expulsar a las personas. No pudieron.

Las personas les hicieron frente, defendieron a les estudiantes. 

La noche trajo consigo las tanquetas, trajo a los militares acompañados de carabineros, ya no solo eran los de verde quienes iban a reprimir al pueblo. El entonces famoso general Iturriaga hizo su ponencia ante un pueblo que lo vio por la televisión, hablando con su tono militar, pero condescendiente. El presidente Piñera había declarado el estado de excepción constitucional solo un rato antes, tarde en la noche, luego de haber pasado el fin de la jornada en una pizzería.

El sol hizo su aparición, en un día parcialmente nublado, era la jornada del 19 de octubre de 2019. Vicuña Mackenna no era la misma avenida del día anterior, a lo alto de las vías férreas del metro, entre Los Quillayes y la estación de más al norte, había un tren detenido, los militares se paseaban en sus camiones en las vías exclusivas de las micros, sin embargo, el miedo a ellos no estaba, incluso un conductor se les cruzo y no movió su auto, fueron los del camión Mercedes-Benz quienes se tuvieron que subir a la acera para poder cruzar San José de la Estrella.

19 de octubre de 2019

Había cientos de personas en las calles contiguas, también en principales del país, todas y todos en comunión hacían miles, cientos de miles. Las cacerolas abundaban, golpeadas al son del clamor revolucionario.

“Están destruyendo el país” dijo una señora en una micro que iba en dirección a la que sería conocida como la Plaza de la Dignidad, “no importa, si hay que destruir todo para que cambie el país, hay que hacerlo, después reconstruiremos” le respondió una señora que iba sentada a su lado.

Las manifestaciones se tomaron las calles, ese mismo día 19 fue el inicio masivo. En Villa Francia la protesta popular fue desde temprano, con mucha gente en las calles, lo mismo pasaba en pajaritos, en la alameda, en Valparaíso, en Antofagasta, en Concepción, en todo el país. Al otro día, el 20, a la altura de Pajaritos con Las Parcelas, en Maipú, los militares salieron disparando del supermercado que está en la intersección de ambas calles, la gente se escondía detrás de los arboles, fue ver lo que me contaba mi abuelo sobre lo que pasó en dictadura. 

El metro Las Parcelas, que está un poco más al oriente que el supermercado, fue donde tuvo lugar otro episodio propio de tiempos que se creía habían pasado. Las fuerzas de represión cuestionaban a la gente que grababa y fotografiaba, un joven en su bicicleta fue empujado por quienes habían jurado defender la patria. Tenía la cara marcada por el pavimento, su crimen había sido sacar fotos. Minutos más tarde, con un contingente enorme, tal como en una invasión militar, las y los militares hicieron su acercamiento a la zona, estaban apostados en el supermercado Alvi que está atrás del metro Las Parcelas.

20 de octubre de 2019

En los camiones que escoltaba tanto efectivo llevaban a personas detenidas, acostados sobre el piso del vehículo, algunos semidesnudos. La gente alzaba su voz exigiendo la liberación de las y los manifestantes, pero esos hombres y mujeres miraban a otro lado, por más que en alguno se viera algo de humanidad, eso no importaba, seguían ahí, impertérritos, reprimiendo y usando la doctrina de shock que alguna vez sus superiores aprendieran en la escuela de Las Américas.

En esos días se comenzaban a saber de las violaciones a los derechos humanos, se comenzaban a saber testimonios de personas desnudadas, atacadas con perdigones con centros de plomo, aquellos que no se pueden usar debido a su toxicidad. Lo mismo pasaba con las lacrimógenas que se tomaban al aire primaveral, desplazaban al polen por un químico prohibido en guerras, pero usado contra manifestantes.

El 21 de octubre, luego de participar de una manifestación, carabineros atacó a Sebastián Roque, estaba a cuadras de su casa, el solo estaba parado esperando cruzar la calle. Le fracturaron su mandíbula y por las patadas que le propinaron, quebraron el caso para bicicleta que llevaba puesto, mientras que el vehículo de dos ruedas quedó seriamente dañado producto de lo mismo.

Las violaciones a los derechos humanos fueron sistemáticas, el Estado hizo oídos sordos ante las denuncias de la gente, el presidente se excusaba arguyendo que estábamos en guerra, sin embargo, quien debía secundarlo en sus declaraciones, el mencionado general Iturriaga le quitó el piso, declaró que el no estaba en “guerra con nadie”. Empero eso no detuvo los ataques a la gente, el 8 de noviembre carabineros dispararon de frente a Gustavo Gatica, lo dejaron ciego por estar con su cámara, por fotografiar las manifestaciones y denunciar la represión, se repetía la historia de Carmen Gloria Quintana y Rodrigo Rojas De Negri pero con variantes.

Lamentablemente, al igual que con el crimen cometido en dictadura, la historia de Gustavo no fue la única donde hubo alguien que perdió su vista. El 26 de noviembre de 2019, efectivos de la misma institución dispararon a Fabiola Campillai. Junto con las personas cegadas por los perdigones, cientos más perdieron uno de sus ojos, únicamente por estar en la calle, manifestándose o trabajando. 

Mientras el gobierno permitía el actuar criminal de sus efectivos, personas eran detenidas sin pruebas o por manifestarse, muchos y muchas fueron incriminados por el mero hecho de estar en la calle. Un caso icónico fue el de un tío y su sobrino que pasaron 10 meses en prisión porque se les acusó de haber quemado el metro. 

En muchos casos no se han respetado las normas del debido proceso, se han aplicado medidas precautorias cuando, en situaciones similares, no habrían sido necesarios o bien, no estaban consideradas. El sistema político y judicial pareciera que se están vengando de la gente que salió a manifestarse. En contraste, mientras hay personas detenidas por cientos, los criminales de derechos humanos han sido ampliamente defendidos por los sectores afines al gobierno, ahí no importa, porque para este sistema es más importante la propiedad pública o privada que la vida de las personas, que el bienestar de la ciudadanía.

Mientras que la derecha chilena ha relativizado la comisión de delitos de lesa humanidad durante las manifestaciones, como Sebastián Sichel cuando dijo que las violaciones a los derechos humanos fueron cometidos por personas, haciendo caso omiso a la noción fundamental en este respecto, esos delitos solo pueden ser cometidos por agentes del estado, bajo su cargo, por lo mismo el Estado si es responsable del actuar de sus fuerzas. 

Sectores de centro y centro izquierda han sido blandos en este sentido, han planteado que “no hay presos políticos en Chile”, eso dijo Ximena Rincón días atrás, y esa ha sido la excusa para oponerse a una ley de amnistía o poner en duda su apoyo a la misma. Ciertamente han reconocido vicios y prácticas ilegales en los procesos judiciales, pero no han planteado sus críticas tono fuerte. 

Afortunadamente hay personas que no han dejado de luchar por las y los detenidos de la revuelta.

Durante su última cuenta pública, el presidente Sebastián Piñera arguyó lo mismo, planteando que en Chile no hay presos políticos, sin embargo, si es que eso no es así ¿por qué hay cientos de personas detenidas solo por manifestarse? ¿Por qué no se han seguido las normas del debido proceso? .

En Chile sale más caro saltarse un torniquete que cometer estafas o pagar sobornos por favores políticos, es decir, si rompes algo protestando te vas a la cárcel con todas las penas del infierno, pero si pagas “raspados de olla” o aportas a campañas, te vas solo a unas clases de ética que puedes hacer cuando se te pega la regalada gana.

Terminando estas líneas pienso en el presidente Piñera en Cúcuta, cuando se pintaba como un demócrata de cara al mundo, junto con su amigo Iván Duque, pero cuando les tocó a ellos enfrentar manifestaciones, la represión y los crímenes de derechos humanos fueron y han sido la tónica, que fácil es ver la paja en el ojo ajeno. 


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