El proyecto audiovisual independiente «La Raíz del Olivo: Herencia» ha iniciado una nueva etapa de producción con el lanzamiento de una campaña internacional de financiamiento colectivo para filmar su segundo capítulo en Chile, que alberga a la colonia palestina más numerosa fuera del mundo árabe.
Esta iniciativa, que surge del Laboratorio Audiovisual Chaski, concibe al documental más que como un largometraje como un proyecto de memoria y un mecanismo de resistencia cultural ante las narrativas hegemónicas que suelen retratar Palestina principalmente a través del lente de la guerra y la destrucción y proponer en cambio una mirada profundamente humana sobre aquello que permanece: la memoria familiar, las tradiciones, la lengua, las fotografías, los archivos personales y los vínculos que sobreviven al paso del tiempo y a la distancia.
El propósito fundamental es registrar las historias de la diáspora palestina en América Latina» desde las voces de quienes han heredado una identidad marcada por el exilio, la resistencia y la esperanza«, indicó la literata y analista política Mishka Iturri Avendaño en una nota de prensa.

La Raíz del Olivo Herencia Capítulo Chile
El proyecto encontró su origen en Cuba, donde se realizó el primer capítulo reconstruyendo las historias de familias que hallaron refugio en la isla, sin romper el vínculo con su tierra de origen. Ahora, la lente documental se desplaza hacia Chile, un territorio que resulta vital para comprender la historia de la diáspora palestina en América Latina.
Al respecto Iturri, quien está a cargo de la producción de campo, señaló que «la comunidad palestina chilena, conformada por cientos de miles de descendientes, representa uno de los procesos migratorios más importantes de la historia contemporánea»
A lo largo de generaciones, esta comunidad ha construido una red sólida de organizaciones y espacios culturales, tejiendo un entramado comunitario que ha logrado transmitir la herencia identitaria de padres a hijos.
De este modo, el documental se concibe como un vehículo para poder registrar, preservar y difundir ese patrimonio vivo, a través de entrevistas, archivos familiares, fotografías, cartas, objetos heredados y relatos íntimos, permitirá reconstruir «la forma en que la memoria de Palestina continúa habitando los hogares latinoamericanos, incluso después de varias generaciones».
Mishka Iturri destacó que la Raíz del Olivo: Herencia, parte de una pregunta sencilla y profundamente humana: ¿cómo se hereda una tierra que nunca se ha pisado?, e indicó que las respuestas aparecen «en las voces de quienes crecieron escuchando historias de aldeas que ya no existen, conservando recetas familiares, aprendiendo palabras en árabe de sus abuelos, guardando fotografías como tesoros o transmitiendo a sus hijos una identidad que desafía las fronteras y el tiempo»».
La producción del documental coincide con un momento en que Palestina atraviesa una de las mayores tragedias humanitarias de su historia reciente, por causa de la agresión perpetrada por Israel, por lo que registrar estas memorias «adquiere una urgencia especial».
«Mientras continúan la destrucción de ciudades, el desplazamiento forzado y la pérdida de vidas, también existe el riesgo de que sigan desapareciendo relatos, documentos y memorias que forman parte de la historia de un pueblo», enfatizó la analista,
Dejó en claro que la pieza audiovisual no pretende hablar únicamente del dolor, sino de la permanencia constituye una propuesta de cine documental decolonial, realizada desde América Latina y comprometida con la defensa de la memoria como un derecho colectivo.
«En lugar de narrar Palestina desde los grandes centros de producción audiovisual, el proyecto privilegia las voces de quienes viven esa historia en primera persona«, explicó.
La cinta también establece un puente y fortalecer los vínculos históricos entre América Latina y Palestina desde el sur global, tomando en consideración que ambas regiones han vivido procesos similares de colonización, éxodo y resistencia.

Campaña de financiamiento
Para hacer realidad el rodaje en tierras chilenas, el equipo ha lanzado una campaña de micromecenazgo en la plataforma Goteo, apelando a la colaboración internacional. Al tratarse de una producción independiente, la viabilidad del proyecto depende exclusivamente del apoyo de personas, instituciones y colectivos que crean en la importancia de preservar la memoria, defender la diversidad cultural y amplificar historias que en raras ocasiones encuentran espacio en los grandes circuitos audiovisuales
Los fondos recaudados están destinados a cubrir aspectos cruciales como la investigación, los traslados, el equipo técnico, la posproducción y la distribución global de la obra, garantizando que los testimonios recopilados tengan un alcance masivo.
La invitación a participar se extiende más allá de la contribución económica. El equipo hace un llamado a periodistas, centros culturales, festivales de cine, universidades y organizaciones sociales para que se sumen a la red de apoyo difundiendo la campaña y amplificando el mensaje del documental. Cada aporte, sin importar su magnitud, se traduce en un grano de arena para preservar historias familiares que constituyen el patrimonio inmaterial de un pueblo. La campaña no solo busca recursos económicos, sino construir una comunidad internacional comprometida con la memoria como un derecho colectivo.
La existencia misma del documental depende del respaldo activo de una comunidad internacional comprometida con la justicia y la memoria.
Compartir el proyecto, recomendarlo y convocar a instituciones a participar son maneras concretas de tejer una red global de solidaridad. Apoyar esta obra no es solo financiar un filme, sino preservar historias familiares que forman parte del patrimonio cultural de un pueblo e impedir que el silencio sustituya a la memoria.
«Significa demostrar que la solidaridad también puede convertirse en imagen, archivo y testimonio para las generaciones futuras«, destacó Mishka Iturri.
