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Democráticamente No

Siempre me ha llamado la atención el especial cuidado que demuestra el abanico de manifestantes del librepensamiento al referirse a la Democracia. Agudas y punzantes críticas sociales, desde sus variadas tribunas y colores, jamás le atacan, apenas si la rozan etiquetándola de “falsa democracia”, e incluso otorgándole las comillas (“democracia”) que sugieren que no es lo que es, o mejor aún, que no es lo que debiese ser.

Me llama la atención puesto que la reverencia que se le dirige, protegiendo el concepto como si fuese la panacea o algún otro ideal definitivo, la comparten adherentes de uno y otro lado. Los encarnecidos luchadores sociales (incluso los teóricos-teóricos) y también los políticos: todos dicen desear lo mismo e imaginan coloridos futuros posibles donde el ejercicio de la democracia sea íntegro, pleno, etc.

En este sentido la democracia se aparece como un estado en construcción, algo que nunca está completo y que siempre está en vías de realizarse, algo que por azares de la mística ideológica no puede ser aprehendido ni clasificado. Créeme (créenos, sugieren los slogans), la democracia no es así como la estás viendo, mejorará y entonces va a ser.

Sin embargo, la democracia sucede y es. Ni falsa ni entre comillas: sucede transparente y diáfana en su monstruosidad de dinosaurio varado. Y es, todo el rato, este sistema económico político en el cual un puñado de malandras juega un ajedrez de oro con peones de plástico pareado, donde la Libertad es una carnada mal travestida maloliente de cosmética. Toda la vil bufonería de participar del juego apenas decidiendo el cariz de la sonrisa de un negrero u otro.

Apenas las suficientes migajas de participación para asegurar la ejecución de la democracia en su espectacular integridad moral: votar como la consolidación del mejor y único sistema posible de administrar la vida; votar como la gran fiesta de los números anónimos que sustentan las fortunazas de los mismos apellidos de todas las democracias del mundo. Votar como privilegio democrático, tu parte de la torta.

Trataba yo de entrar una vez a un bar en X. La cantidad de policías aumenta cada vez más en X, así como en Y, en Z y en *. Uniformes y armas por todas partes, desplegadas con toda la chabacanería parafernálica de la espectacularidad sudaca. Mi comentario en voz alta, de que a lo mejor no hace bien (suavizo mis términos) para la vida misma tanta tantita represión, no le gustó nada al gorila de la puerta. Se acomoda el silabario y me pregunta enchuchado que qué prefiero: los pacos en la calle o los milicos en la calle. Y no me permite rehusar la pregunta.

A qué voy con esto. ¿Es esta realmente toda la opción de mundos posibles que tenemos? ¿Nada más que imaginar? El gorila (me divierte representármelo así) me hacía escoger entre las aparentemente enemistadas democracia y dictadura, ¿qué podría elegir yo? En estos términos, democracia, claro. Los pacos, claro. Ve tú a aconsejarle romanticismos ideológicos al guardia del bar de X.

Entonces… ¿no creo yo en la democracia? Claro que no. Nadie cree en la democracia, a todos les retuerce la tripa la payasadita ésta. Las abuelas de todo el mundo democratizado saben que votan por el menos malo y que aún así se van de pérdida. Las chicas y chicos de todo el globo mercantilizado NO votan, y no lo harán. Ni ahora cuando la derecha tiró al siniestro sr. Burns de candidato, y todos le temen y seguro que gana. Porque de eso es lo que estamos hablando: poder y ganar. A [email protected] las huinchas.

Sólo a los teóricos del otro lado de la muralla del VIP les resulta negocio creer o decir que creen en la democracia. A [email protected] que no vivimos de teorías, que buscamos sensaciones y somos tan comunes en común, nadie nos vende que la democracia vaya a ser alguna vez mejor (pero de veras mejor) de lo que ya sabemos que es. Y a lo mejor no quisiéramos que mejorara, tampoco. Encaprichados como lo es la vida loca, a lo mejor imaginamos muchas otras cosas, cualquier otra cosa que no fuera el discursito éste y la infamia. Está así pintada la chancha y así no la queremos. Punto.

Como en tantos otros casos, intuyo que habrá un problema de términos. Invito a [email protected] [email protected] que conscientemente, altruista y esperanzadamente creen que la democracia no es como la están jugando los políticos desde que la inventaron y que tienen muchas ideas desinteresadas y positivas, a que se busquen un término que no esté ya tan charqueado (de sangre y lágrimas, digo). Así esto no mejora. Búscate un político demócrata pa tu campaña y Subverso te lo funa al instante.

Consigamos mejores palabras para piropear nuestras realidades ideales y posibles. ¿Mejores palabras? Al menos es un paso. A la democracia lo que es de la democracia: putas armas dinero merca poder y caca. Desde esta trinchera semántica, una palabra menos en el imaginario de bolsillo, toda una realidad ninguneada que bien puede irse a casa a mirarse el ombligo. Basta ya de Democracia, a mejorar la Vida.

por Cometa Ludo

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