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Educar en el Siglo XXI: Transformación Educativa

La Educación es un derecho fundamental consagrado en todos los estados que se llamen así mismos democráticos, en la esperanza que exista una base social que sea compuesta justamente por todos y todas. El acceso a este derecho fundamental permitirá que la sociedad mire y construya su cultura, sus espacios sociales y hasta su economía a base de dignidad que radica en la persona. Esto en el ideario.

Centrándonos en el modelo chileno y utilizando este derecho como paradigma de lectura, nos encontramos frente a desigualdades estructurales y funcionales que coartan cualquier construcción de oportunidad real, constituyéndose en una suerte de “guetos educacionales”, que si quisiéramos proyectar a Chile hacia una propuesta como la finlandesa, país con una de los sistemas educativos más democráticos y exitosos de la actualidad, rayaría lo irracional. Porque si en Chile efectivamente la educación fuese un derecho fundamental lo mínimo que tendría que hacerse es “…garantizar igualdad de oportunidades para todos los niños en la educación básica, independiente de su posición social y origen étnico” (Ley de Educación Finlandesa, 1998).

No ahondaremos en otros tópicos del modelo finlandés, como la ausencia de calificaciones numéricas en educación básica o la preparación y valoración de sus maestros, porque si bien son un ideal, cada pueblo construye su realidad en base a su cultura, su sello y su contexto. Mirar el desarrollo de Finlandia, Dinamarca u otro país es para nutrir la cimentación propia que es responsabilidad de cada Estado desde y con su sociedad civil.

Chile desde la Ley Orgánica Constitucional de Enseñanza del año 1990, promulgada por la Dictadura Militar, y a pesar de reformas emblemáticas como la del año 1996, donde se incluían la Jornada Escolar Completa (JEC) o se presentaban programas como Enlaces, posteriormente en el gobierno de Michelle Bachelet por la presión de la “Revolución Pingüina en 2006”, se promulga una remozada Ley General de Educación (LGE) que termina siendo una versión 2.0 de su antecesora, que nunca logró dar en el centro vital de la “Educación como Derecho Fundamental”, ya que tan solo la hizo una optimización de una estructura funcional y certificadora, pero muy distante de ser Educadora.

El seguir haciendo reformas será la estrategia de sastre donde parcharemos y acomodaremos una orgánica que requiere ser radicalmente transformada. El hacer reformas seguirá perpetuando a Chile como un país basado económicamente en la extracción y exportación de materias primas donde el ciudadano común seguirá supeditado a funciones y no a decisiones.

La búsqueda de concretar una “Transformación Educativa” para Chile está enmarcado en elementos de educación permanente, de entrega herramientas que permitan decidir a las personas dentro de estructuras contextualizadas y ecosustentables, donde la preservación de derecho humano y de la tierra sean una acción concreta y no una mera declaración.

“El contenido de las asignaturas es mucho menos importante que el aprendizaje” señala Roger Schank en el texto Aprendizaje Invisible (1) donde se hace un llamado al valor central de la educación, una cambio de procesos de aprendizajes centrados en preguntas del ¿Qué? al ¿Para qué? ¿Con qué? ¿Con quién? Y ¿Cómo aprender?, o ¿se creerá muy normal que el índice de ingesta de medicamentos en los estudiantes crezca de manera brutal? : “Durante el 2012 se diagnosticó a 28.095 estudiantes con TDAH (Trastorno por déficit atencional con hiperactividad). Si el año 2012 se compraron 133.430 cajas de 30 comprimidos, gastándose $196.142.100; en 2011 fueron 174.536 cajas a un costo de $413.650.320.”(2)

Si el modelo educativo actual fuese adecuado ¿Por qué estamos drogando a nuestros niños y niñas para aprender? (3). Los sometemos a estrés de procesos educativos exitistas que merman el desarrollo de una educación cuyo eje debe ser el dar estrategias para aprender durante toda la vida, eso es aprendizaje de calidad. Los buenos resultados son solo una acción que cae por añadidura a procesos maduros y profundos. Tenemos que instalar sistemas educativos serendípicos, colaborativos, inclusivos, de intenciones, transformadores, que generen contextos donde los aprendizajes por accidente están intencionados desde un curriculum para las personas, no contra ellas. Donde se cuide la curiosidad y la colaboración como una máxima nacional de crecimiento armónico y democrático. Donde el ver amanecer, atardecer, anochecer no sean la rutina carcelaria de nuestros estudiantes sino la motivación del que son protagonistas de su historia, knowmads o personas creativas, imaginativas que se adaptan y cooperan entre sí en un tejido social vivo donde la educación es un motor importante y fundamental de dignidad.

Solo así la sociedad del conocimiento y la información será una realidad para todos y todas en nuestro país, y no solamente para un selecto grupo de compatriotas. Esto dejó de ser necesario, es urgente, la dignidad educativa nos urge y es responsabilidad de todos y todas esta cooperación (4).

NOTAS

1) Descargable de la web.

2) http://www.elciudadano.cl/2013/01/03/62341/ritalin-una-sociedad-que-droga-a-sus-ninos/, 6 de mayo 2013

3) El negocio que hay acá es un tema en sí mismo.

4) Neologismo en referencia a una acción colaborativa efectiva.

Por Francisco Guajardo

Fundación Educándonos

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