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No somos sangre nueva para viejos fracasos: Piñera no, Frei tampoco

Perspectiva Surda en el escenario post-electoral

Las votaciones del domingo 13 de diciembre significaron un punto de inflexión política de tal magnitud que no debiera haber espacio para las ambigüedades ni los silencios de nadie al respecto. Solo el tiempo y un conjunto de acciones políticas decididas permitirán que el potencial político que se expresa en un 20% del electorado que votó por Marco Enríquez-Ominami se desarrolle plenamente. Por el momento, los grupos políticos tradicionales intentan traducir la postura de no negociar propuesta por Marco, que ha logrado romper, con especial eficacia y de manera categórica, las lógicas tradicionales de hacer política a las que nos habíamos estado acostumbrando en nuestro país.

Con una votación importante, pero aún menor a la obtenida por Pinochet en el plebiscito de 1988, la derecha está a pasos de volver a La Moneda después de 20 años, siendo eventualmente este su primer triunfo electoral de carácter presidencial en medio siglo.

Los genes políticos de la derecha han sido –históricamente- regresivos, se trata de algo que entendemos perfectamente: si dependiera de ella, la participación en el sistema político sería aún censitario y las mujeres no tendrían derecho a voto, y un innumberable número de cuestiones de igual o mayor conservadurismo. Por eso el cambio ofertado por Sebastián Piñera es apenas la posibilidad de cambiar a los inquilinos de La Moneda, es un cambio que lógicamente no nos interesa ni convoca. Es el espejismo del cambio a que hacía alusión Marco la noche de las elecciones.

El problema radica en que es precisamente con esa derecha que los gobiernos de la Concertación optaron por construir una gobernabilidad pactada, una democracia de baja intensidad que fue posponiendo las aspiraciones y los sueños de aquel pueblo que con su movilización social creciente en los 80´s posibilitó el ascenso al gobierno del proyecto político concertacionista.

Veinte años y del proyecto político originario de la Concertación queda muy poco, constituyen formalmente una épica olvidada: desde muy temprano renunciaron a concretar las esperanzas de transformación y democratización social de nuestro pueblo. Hoy solo asistimos a la agonía de una forma de gobernabilidad que lubrica las injusticias, que construye decisiones y poder sólo por arriba y nada o muy poco por abajo, que gusta de los simbolismos vacíos, que reivindica una sospechosa forma de republicanismo mientras lo esencial del autoritarismo y la institucionalidad dictatorial se han mantenido intactas.

Luego de varias elecciones presidenciales acudiendo o siendo llamados a la urnas para “frenar a la derecha”, sentimos que esta ocasión es, más que nunca, una convocatoria inútil ante un pueblo que mira con cada vez mayor distancia los llamados de las elites concertacionistas. Nos convocan a frenarla cada cuatro años, y en el intertanto gobiernan con ella, con sus lógicas privatizadoras, excluyentes, antidemocráticas. Esta vez no solo creemos que no hay que acudir a las urnas en auxilio electoral de un proyecto casi muerto, estamos convencidos de que hay que hacer todo lo posible para que la Concertación, tal y como la conocemos hoy, se diluya. Sólo entonces el ciclo político ya reconocidamente agotado por sus propios protagonistas abrirá oportunidades para los más diversos actores que queremos iniciar una nueva etapa política en Chile.

En medio de la pirotecnia de estos días pos-electorales, cruzados de recriminaciones, maniobras y operaciones políticas de todo tipo, a los surdos nos hace sentido este momento como un espacio determinante para la creación política. Se trata de la crisis que había que construir para superar la “democracia antipopular” que veníamos señalando hace ya muchos años. No se trata de una crisis construida desde abajo por una movilización social ascendente ni por grandes procesos de construcción de fuerzas populares, pero sí es el resultado de lentos y subterráneos procesos de corrosión en la legitimidad de esta gobernabilidad tan poco democrática con que las elites chilenas se han vanagloriado en el extranjero. El punto de inflexión histórica al que asistimos nos afirma día a día la certeza de que se trata de un momento político a partir del cual se configurará un mapa político y unos reagrupamientos de fuerzas que marcarán los tiempos venideros, con características imposibles de vislumbrar aún, pero que nos llaman a la esperanza y la acción decidida en ser partes y protagonistas. Son días en que lo muerto no termina de morir y lo nuevo no termina de nacer.

No vamos a condenar ni vamos a desechar políticamente a quienes crean que votando por Frei en segunda vuelta están haciendo algo por detener la llegada de la derecha a La Moneda. Sólo esperamos que en ese pueblo llano concertacionista y en esas izquierdas, motivadas principalmente por el temor y el rechazo que produce el triunfo de Piñera, se comprenda y se asuma políticamente, que eso supone también mantener a las cúpulas de la Concertación con sus mismos niveles de soberbia, de sordera y ceguera política. Con la champaña en la mano por un quinto gobierno concertacionista no habrá espacios para una autocrítica verdadera, en medio de la fiesta no habrá espacio para la profunda reflexión que debieran tener para superar los tremendos errores y las funestas prácticas que posibilitaron –entre otras cosas- la altísima votación de nuestra candidatura.

Nosotros vamos votar por Marco en segunda vuelta. Vamos a anular o dejar en blanco nuestro voto. Vamos a abstenernos. Vamos a votar por una Asamblea Constituyente. Vamos a votar contra HidroAysen. Vamos a votar para que no se gasten 7.500 millones de pesos en matar perros vagos en todo el país. Vamos a votar por volver a tener un padrón electoral universal, voto de chilenos en el extanjero, y elección directa de autoridades regionales. En definitiva, vamos a usar el voto este 17 de enero para expresar aquellas causas que verdaderamente nos interesan y nos convocan. Estando en libertad de acción, anular, dejar el voto en blanco o abstenerse de votar nos parecen todas alternativas perfectamente válidas políticamente.

A nosotros no nos llega el miedo a perder la pega ni todos los privilegios acumulados en 20 años de gobierno. Que se hagan cargo ellos del descontento y la derrota: los que han hecho de nuestro país uno de los más desiguales del planeta y uno de los más neoliberales del continente, los que han vendido a Chile como un país rico sin hacerse cargo de la desigualdad social o que han pretendido con algunos bonos y prestaciones sociales ocasionales minimizar el horror de la pobreza y la precariedad de vida de millones de chilenas y chilenos. Son ellos los que deberán dar explicaciones, los que deberán someterse al juicio de las mayorías, los que tendrán que emitir sus disculpas y argumentaciones por lo que han hecho estos 20 años. Nosotros, vivimos nuestra vida autónoma y colectivamente seguiremos en lo nuestro, y no pagaremos las culpas ajenas de construir un país hecho a medida de los más reaccionarios.

¿Cuantas veces le dieron audiencia señor sindicalista a Usted que no pertenecía a ningún partido concertacionista?, ¿Cuántas veces respondieron sus cartas vecina?, ¿Qué dijeron los funcionarios de gobierno cuando mataban, torturaban y perseguían a tantas de nuestras compañeros y compañeras estudiantes, trans, mapuche, niños de la calle, deudores habitacionales u obreros forestales?.

Por eso decimos: No votamos por la derecha, pero cómplices del cinismo no somos. Vamos de frente, de cara a los movimientos sociales y desde los movimientos sociales. No administraremos nosotros la culpa política de una coalición y un proyecto político que se cae a pedazos.

Los fantasistas y su nuevo referente político: un opaco salvavidas

Todos los llamados de última hora, desde los más diversos lugares de la geografía política del mundo político, social y cultural que representa la Concertación, son apenas un juego político fantasioso que en caso alguno representa algo más que salvar la urgencia electoral que los apremia y desespera. Han terminado por reconocer el agotamiento del ciclo político que representaban. Han terminado por reconocer que su hegemonía tenía límites. Han terminado por reconocer que solos ya no tienen la suficiente fuerza electoral contra una derecha políticamente alimentada por ellos mismos.

La reflexiones políticas y las muestras públicas de dolor no son suficientes. Ni todos los argumentos perfectamente calibrados y vertidos en una semana pueden acercarse a la historia que cargamos tras veinte años de gobiernos concertacionistas.

Que las fuerzas políticas de izquierda y progresistas representan un porcentaje electoral superior al de la derecha, no basta, sirve apenas como una manera de reducir y minimizar el potencial del debate que está teniendo curso en estos días. Convocar a que la voluntariosa suma de estas fuerzas detengan a la derecha es tan insuficiente que no tiene mucho sentido entrar a debatir.

Convocar a la fundación de un referente fundado a partir de las izquierdas y el progresismo de la Concertación, del Juntos Podemos y de quienes apostamos a la candidatura de Marco, que incluya a las cúpulas conservadoras de la DC, el PPD, el PS y el PRSD, nos parece casi una pérdida de tiempo. Menos aún si el marco para debatir la forma se establece en medio de una urgencia electoral sin precedentes para la Concertación.

Avanzar en la construcción de un proyecto político autónomo

Para la SurDA es vital hoy no detenerse en ambigüedades ni burocratismos, nos parece políticamente urgente apurar la constitución de las bases fundacionales que permitirán la emergencia de un proyecto político tal y como veníamos anunciando. Este escenario político, altamente complejo, en dónde la derecha está a pocos pasos de hacerse del gobierno, se presenta como la posibilidad más oportuna para iniciar el trabajo de traducir ese 20% electoral en una fuerza política con proyecciones reales de ser gobierno y mayoría en los años venideros.

A quienes creyeron que aquí se abría un espacio políticamente diferente a la que administran los dueños del poder, sigan creyendo, manténganse firmes, estos días serán duros porque ya comienza a oírse que la derecha llegará al gobierno por nuestra culpa cuando en verdad, la derecha no llegó al poder en primera vuelta precisamente por la irrupción y creciente convocatoria de nuestra candidatura. Este mes adicional de campaña para remontar un millón de votos se lo deben –paradójicamente- a la candidatura de Marco, y desde la SurDA sentimos que debiera ser lo único que podrían esperar de nosotros.

Para ver un poco de lo que nos depara el futuro, hay que estar atentos y participar de cada espacio, de cada asamblea, hay que tomarse responsablemente este momento y hay que adueñarse de él tanto como podamos hacerlo. Hay que repartirse, hay que seguir multiplicándose, hay que sumar y no ser sumados. Hoy, como pocas veces antes en estas últimas dos décadas, hay que construirnos la convicción de que otro futuro es posible sólo en la medida en que nos apropiemos del presente, y para eso hay que encarar sin delegaciones ni tardanzas la tarea de reimaginar la política y de comenzar a construir un proyecto político autónomo y libertario. Es el momento de redoblar esfuerzos en hablarles a todas y todos, en convocar a nuestros entornos sin culpas ni ambiguedades: si no es ahora ¿cuándo?.

En muchísimas comunas del país los comandos electorales comienzan a transformarse en asambleas fundacionales y autónomas para generar la unidad que permita nuestra emergencia como nuevo actor político, es el momento y es también el camino. Un masivo encuentro de delegados tuvo cita en Santiago el viernes último y constituye ese gesto el más concreto y prometedor llamado a que lo bueno que traiga el futuro está acá, y se encuentra entre nosotros. Solo hay que precaverse un rato de los cantos de sirena y hay que estar especialmente atentos al accionar de los oportunistas.

Esta vez no se trata del futuro que soñamos, se trata del futuro que hemos decidido construir. La SurDA se suma alegremente y multiplica los esfuerzos para parir un nuevo proyecto político, autónomo y transformador.

Vamos a mirar a nuestro a nuestro pueblo a la cara, expresado de sus movimientos sociales, para decirle que tenemos muy buenas noticias.

Porque no somos sangre nueva para viejos fracasos: Adelante con todas las fuerzas de la historia, y con la esperanza intacta

Coordinación Nacional del Movimiento SurDA
Santiago de Chile de América
Diciembre 19, 2009.

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