2do Parlamento de Mujeres Indígenas por el Buen Vivir: Para fortalecernos y tomar conciencia de quiénes somos

En el marco del 2do Parlamento de Mujeres Indígenas por el Buen Vivir, los medios alternativos que participaron realizando la cobertura conversaron con Evis Millán acerca de la situación que atraviesa la comunidad mapuche Pillán Mahuiza, en el año en que se cumple el vigésimo aniversario de la recuperación del territorio ancestral. Conflictos por el intento de construcción de represas hidroeléctricas; el rol de la mujer en la lucha por la recuperación territorial y el proyecto para la construcción de una Pluriversidad, son algunos de los ejes que atraviesan la entrevista.

-Evis, contanos de dónde venís, la nación a la que pertenecés y cuál es tu relación con el Movimiento.

Mi nombre es Evis, pertenezco a la Comunidad Mapuche Pillán Mahuiza de Corcovado, Chubut, pero actualmente vivo con mi familia en Esquel a 100 kilómetros de la comunidad. Vengo de Chubut y pertenezco al Movimiento de Mujeres Indígenas por el Buen Vivir. En realidad en el Movimiento no tengo un rol específico. En esta oportunidad para venir al Parlamento mi función fue coordinar un poco con las hermanas que vinimos a través de la cordillera y de la comarca.

En este momento vinimos hermanas desde el sur, muchas de ellas también son de otras comunidades cercanas a Esquel. Nos parecía importante participar en este espacio, en el Segundo Parlamento, porque entendemos que es hora de que las mujeres indígenas empecemos a organizarnos, a buscar soluciones para las situaciones que vivimos a diario y, sobre todo, poder conocer la lucha de otras hermanas, ver cómo podemos establecer nuestra identidad. Si bien, a veces participamos en otros espacios que son de mujeres no indígenas, nos parece que hay que empezar a fortalecernos nosotros, sobre todo desde nuestra identidad, empezar a recuperar el conocimiento, el kimün, como le decimos nosotros los mapuches, de nuestros ancestros y eso es sumamente importante para poder empezar realmente a cuidar, resguardar, la naturaleza.

Muchas de nosotras tenemos comunidades, en este caso la comunidad Pillán Mahuiza, que está amenazada por seis represas que se quieren hacer y afectarían no sólo a nuestra comunidad, sino también a otros espacios y comunidades cercanas a Corcovado, porque es un megaproyecto que viene de parte del Gobierno para poder sostener la minerías que necesitan el agua. Entonces, nuestras comunidades se verían afectadas por eso, quedaríamos bajo agua.

En mi comunidad hay un río, Carrenleufú, y tenemos bosques, el cementerio, que ahí está incluso mi mamá, y como comunidad obviamente vamos a seguir resistiendo en el lugar. Estamos en un espacio recuperado, no es que el Gobierno o el Estado nos dió las tierras, sino que las recuperamos hace 20 años. Y con la cuestión de resguardar justamente el lugar, porque me parece que es necesario, porque no es una cuestión solamente de territorio para nosotros, para mi comunidad o mi familia, creemos que es necesario que se resguarde ese espacio de la naturaleza porque también hay un río, y la misma comunidad de Corcovado, el pueblo cercano, viene en el verano y utiliza el río, puede acampar, disfrutar del lugar. Nos parece que esos son espacios abiertos a la comunidad, no queremos privatizarlos como generalmente este sistema nos impone, queremos que a esos espacios los utilice la gente.

-Justamente con respecto al conflicto que mencionabas, ¿cómo es?, ¿en qué estado está y cuál es la situación concreta?

-La represa en realidad es un proyecto que se creó hace ya bastantes años, por un diputado radical, y cuando recuperamos ese territorio, hace 20 años, ya estaba ese proyecto en mente. Después de la recuperación sucedieron varios hechos, hubo un par de amenazas porque obviamente no nos querían en el lugar, y como hubo una resistencia por parte de mi comunidad y otros pobladores cercanos, se hicieron actividades, denuncias y tuvieron que ir hermanos a Buenos Aires para denunciar esto, como que el proyecto se tapó un poco, quedó parado todo, pero ahora este Gobierno está volviendo a insistir en los medios con que van a conseguir las represas. Entonces, estamos muy preocupados, porque hay vecinos cercanos a nuestra comunidad que nos han dicho que han hecho un camino que une el pueblo de Carrenleufú, que es el segundo pueblo que viene después de Corcovado, con otro pueblo más, un camino alternativo.

Nos llama la atención porque ese camino que pasaría por otro lado creo que lo necesitan justamente para que toda la parte donde estamos nosotros quede bajo agua y ese camino se deje de usar. Vemos que están trabajando silenciosamente, muy despacio, tratando desde los municipios decirle a la gente que esto va a traer trabajo, es lo que generalmente hacen, decir que es energía para la comunidad, cuando sabemos que esa energía es para los mineros. Entonces, estamos muy preocupados, pero a la vez estamos seguros de que podemos crear resistencia y que va a haber acompañamiento por parte de las organizaciones y de otras comunidades hermanas.

-¿Cuándo se cumplen los 20 años de la recuperación?

-Ahora en diciembre. Cuando recuperamos la tierra fue un 24 de diciembre, estaba el tema de las fiestas, las navidades, y nosotros estábamos en ese proyecto. Así que, tenemos ganas de en enero de hacer un par de actividades para difundir y que la gente pueda saber que estamos ahí.

Estamos muy contentos de llevar ya 20 años; no fue fácil porque en el transcurso pasaron un montón de cosas, pero estamos ahí. También tenemos el miedo de que el Gobierno nos reconoce como comunidad, de hecho tenemos personalidad jurídica por parte del INAI, pero sabemos que hasta el momento siempre se nos negó, y se nos va a seguir negando el título de propiedad porque estamos en un lugar que justamente ellos necesitan explotar. Primero, para nosotros el temor de que no tengamos nada, ningún título, y que puedan venir a desalojarnos con total impunidad.

-¿Qué edad tenías cuando volvieron al territorio?

-23 años.

 ¿Qué perspectiva tenías en ese momento sobre todo ese proceso?, ¿qué te pasaba?

-Era bastante difícil, porque nosotros con mis hermanas nacimos en ciudades, soy melliza y nacimos en Bahía Blanca, nos criamos en una ciudad grande en donde justamente la gente nos decía que los indígenas no existían y que Bahía se había creado por el puerto con los inmigrantes que llegaban al lugar. Siempre nos negaron nuestra identidad, en las escuelas nos hablaban de otros versos, como que los pueblos indígenas ya habían pasado y no estaban vivos. Entonces, fue todo un proceso que tuvimos que vivir.

Cuando nos fuimos a vivir a Esquel por cuestiones de trabajo de mi papá, que era ferroviario, empezamos a activar de a poco la identidad por medio de mis hermanos, Moira y Mauro, que justo cuando se cumplen los 500 años (del arribo de los conquistadores) ellos deciden empezar a hacer actividades con las comunidades indígenas de ahí. Ahí empezamos a participar, era muy joven, al principio como que acompañaba, me interesaba pero no tenía muy claro realmente cuál era mi identidad.

Cuando Moira decide recuperar las tierras la acompañamos porque sabíamos que ella quería estar ahí en ese espacio. En ese momento fue más un acompañamiento de familia, de una hermana, de estar ahí en ese lugar, pero no me planteaba a futuro si quería ser parte de la comunidad. Hoy en día sí, si bien estoy en Esquel por algunas cuestiones, tengo hijes, una mujer y un varón, que están estudiando en la escuela y en el campo no podrían porque no tendríamos los medios para llevarlos al pueblo más cercano todos los días. Hoy estamos en Esquel porque ellos están estudiando y nosotros con mi marido tenemos trabajo, pero nuestra vida a futuro es poder irnos a vivir al campo, eso es lo que queremos, lo que anhelamos, instalarnos en Pillán Mahuiza con el resto de mi familia.

¿Porqué creés que muchas veces ese proceso de recuperación o defensa territorial sea llevado adelante por las mujeres?

-Sí, generalmente se ha dado esa cuestión. Tal vez, en el caso de Pillán, fue porque Moira en ese momento también tenía hijos, estaba separada, y como que necesitaba buscar una alternativa de vivir sus hijos, y como que eso le generó fuerza a ella, por eso decidió recuperar ese espacio.

Creo que la mujer, sobre todo las mujeres indígenas, crían solas a sus hijos, con mucha fuerza, y eso hace que puedan estar al frente de sus familias, que busquen alternativas. Antiguamente no era así seguramente, había otras posibilidades. Hoy en día como que está todo muy mezclado con esta cuestión de la colonización, entonces lamentablemente la mayoría de los hombres están tan atravesados por la colonización que son machistas, sumamente patriarcales, se manejan de una forma en la que son fácilmente captados por el alcohol, son alcohólicos, consumen drogas, o de repente por el trabajo golondrina se van lejos de su familia y quedan las mujeres a cargo de sus hijos, en las comunidades, cuidando el territorio. Eso hace se genere más fuerza en las mujeres, y son las que generalmente están al frente de las recuperaciones, en las acciones que se hacen, si bien hay algunos hombres, la mayor parte siempre son mujeres.

¿Cómo fue el proceso de recuperación del territorio?, ¿en manos de quién estaba, cómo se fue desarrollando, qué cambios ven ustedes hoy en ese lugar a 20 años de estar la comunidad viviendo ahí?

-En esa comunidad hay una cuestión para destacar, y es que generalmente las comunidades recuperan territorios que eran antiguamente de sus abuelos, pero en nuestro caso no. Mi papá es de una comunidad de Río Negro pero su papá ya se había ido de su comunidad, como que nunca habían tenido contacto, y mi mamá viene de otra comunidad, de jovencitos ya habían perdido toda su identidad y se habían acostumbrado a las ciudades. De repente, cuando fuimos a vivir a Esquel y Moira decidió recuperar ese espacio, para nosotros fue bastante duro porque no entrábamos dentro de las leyes.

Generalmente el Gobierno te dice que tenés derecho a la tierra de tus ancestros o abuelos, y nosotros recuperamos un sitio que no era supuestamente legal porque no teníamos a nadie viviendo ahí. Pero en ese momento sentimos que era necesario porque también era territorio mapuche, ese lugar también había sido una comunidad que en el ’37 (1937) fue desalojada. Ahí vivían muchas familias mapuche y cuando deciden hacer todo un plan, que se dio en muchas partes de Chubut, sacan a la gente de esa comunidad, les queman las casas, la cosecha y los envían a diferentes partes. Dividen todos los territorios entre algunos terratenientes, 150 hectáreas pasan a manos de la Policía, porque justamente había ayudado con el desalojo y además necesitaban un espacio para cuidar que no volviera la gente a su lugar; levantan una comisaría, que funciona un tiempo y después ya se crea el pueblo Corcovado, la comisaría se traslada ahí y eso queda abandonado.

Ya para esto funcionaba el cementerio y la gente de ahí nos contaba que no podía ir al cementerio porque tenía el cartel de propiedad privada, y la Policía nos los dejaba pasar. Cuando nosotros recuperamos el espacio obviamente se abrió a la comunidad, de hecho uno de los primeros trabajos comunitarios que se hizo fue invitar a la gente que tenía sus seres queridos en el cementerio, entre todos arreglar los alambres, y fue toda una acción comunitaria.

En ese proceso se vivió de todo, hubo gente que estaba a favor nuestro, ex pobladores que no se animaban a volver, porque también dejamos la posibilidad abierta de que si querían volver ahí a vivir pudieran hacerlo. Muchos tenían ese recuerdo lamentable de cómo los habían echado, cómo habían quemado sus casas, no querían saber nada, tenían miedo porque era a la Policía a quien se estaban enfrentando. Sin embargo, algunos apoyaron, otros eran bastante manipulados por los municipios.

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Fueron muchas cosas las que sucedieron, eso más que nada lo tuvo que vivir Moira, que fue la que estuvo más en el lugar con sus hijos. En ese momento yo iba y venía porque estaba en Esquel, no estaba viviendo del todo en la comunidad, ella sí sufrió bastantes amenazas y persecución. Sucedieron cosas, hoy estamos firmes. No vivo en el campo pero también voy a pelear por el territorio; mi hermano Mauro también va y viene, es el lonko de la comunidad. Generalmente tratamos sobre todo de fortalecernos a través de la espiritualidad, se hacen ceremonias. La idea es empezar de a poco a fortalecernos y que podamos en algún momento vivir en el campo con nuestros hijos, sobrinos.

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Si tuvieses que explicarle a una niña, un niñe, con palabras fáciles esta idea del extractivismo, que es una idea incluso para mucha gente adulta también difícil de comprender, ¿cómo lo podrías explicar desde la perspectiva de los pueblos indígenas?

-Es bastante complejo, nos pasa también con la gente ambientalista, que no entienden por qué nosotros luchamos por los territorios y si hay que poner el cuerpo se lo pone. Porque para nosotros en esos espacios hay fuerzas, energías, newen como le decimos nosotros, entonces no es solamente defender el bosque, el arbolito, o el río que no lo contaminen. Ese río tiene vida, tiene newen, es el que cuida el espacio a la vez que genera la armonía en el lugar, y el bosque lo mismo, hablamos del newen, que son protectores. Nuestro pueblo tiene ese conocimiento ancestral de que puede comunicarse a través de las ceremonias con los newen, como que trae todo una energía y a la vez tiene que existir esa armonía con el espacio.

Entonces, si nosotros no cuidamos el lugar, si permitimos que las empresas vengan a talar los bosques, a hacer represas y encerrar el río, o permitimos a las minerías en las montañas, estamos dejando que maten a todos esos seres, a todos esos elementos, y eso hace que se rompa el equilibrio, crea un desorden y ese desorden no solamente nos enferma físicamente por la contaminación, sino que creemos que eso también nos afecta psíquica, espiritualmente, afecta a nuestro corazón, nuestro espíritu se entristece y eso nos debilita. Entonces, es muy fuerte lo que pasa con las empresas extractivistas, no es solamente que ellos no hagan uso para contaminar, sino que es mucho más profundo, hay un concepto muy fuerte de los pueblos originarios con esa conexión con la naturaleza y con el resguardo de los animales que hay ahí y todos los elementos.

-Hace poco escuchaba una entrevista de una mapuche del lado chileno que planteaba esta cuestión de que si les quitan el territorio, si no tienen territorio, les quitan la cultura, que la persona y el territorio son parte inseparable.

-Sí. A veces tampoco podemos hablar de cosas separadas porque incluso en lo que hacemos en lo cotidiano, muchos somos artesanos, yo por ejemplo hago alfarería y saco la arcilla de Pillán Mahuiza, y si nos sacan el territorio tenemos que terminar comprando arcilla en la ciudad, y ya no es lo mismo la conexión que hacemos con ese material que sacamos del lugar, así lo mismo otras hermanas que hacen otro tipo de artesanías. También, les pasa a las hermanas Qom que han perdido mucho, y el caso de las wichís que ya no pueden generar sus propias vestimentas porque le han arrasado los bosques, los lugares de donde sacaban esa planta. Entonces, cada avance que haga el extractivismo nos va sacando parte de nuestra cultura.

El tema del idioma también, si nos vamos a las ciudades nos cuesta más aprender nuestro propio idioma. Me crié en una ciudad y recién ahora estoy aprendiendo mi idioma, y no es lo mismo estar en un territorio y conectarte con eso, es necesario el territorio.

-¿Nos podrías contar del proyecto que hay en Pillán Mahuiza de construir la Pluriversidad?

-Nuestro proyecto, más que como comunidad Pillán Mahuiza, es desde el Movimiento. Para nosotros es importante empezar a crear espacios de educación autónoma y esta vez tenemos la propuesta de estudiar la Pluriversidad. Decimos Pluriversidad porque entendemos que son necesarias las diversas formas; generalmente esta sociedad se maneja en la universidad que es un conocimiento, para nosotros todas las naciones tienen conocimiento. Nos parece que la Pluriversidad no va a llevar a eso, a entender que hay otras naciones con conocimiento que nos pueden enseñar mucho.

No solamente planteamos que nos va a fortalecer a las mujeres indígenas en general, están las hermanas Qom, Wichí, Mapuche, todas las naciones, también creemos que es necesario abrirlo para las compas no indígenas, para que puedan entender por qué es la lucha de las mujeres, de las diferentes naciones. Esa conexión de aprender ese conocimiento de otras culturas va a enriquecer la diversidad y la educación realmente va a ser diferente. Entonces, la Pluriversidad nos va a llevar a rescatar, fortalecer, a volver a poner en práctica conocimientos que tenían todos los pueblos, y a la vez compartirlos.

¿Ya saben en qué parte del territorio lo van a hacer?

-Por ahora estamos pensando en Pillán Mahuiza, decidiendo bien el lugar. También sabemos que todo eso lleva dinero, lamentablemente se necesita dinero, y estamos viendo cómo podemos generar los recursos para poder construirlo.

¿Pensaron que tenga forma circular o algo de eso?

-La idea es que tratemos de volcar ahí tanto en la forma arquitectónica como en las formas de enseñar no esto de que venga alguien y crea que tenga todo el conocimiento y te enseñe como generalmente se hace en las aulas donde está el profesor o profesora y todos detrás en filita. Nuestra cultura generalmente se manejó de forma circular, por eso cuando nos sentamos lo hacemos de esa forma, porque es necesario vernos a la cara, hablarnos, y al conocimiento tampoco lo tiene una persona, todo el tiempo vamos aprendiendo, hasta las mismas ancianas dicen que siguen aprendiendo, es algo constante. Y esa forma de enseñar también va a ser desde la cultura de nuestros pueblos originarios.

-Yendo más al Parlamento, analizando lo que fue el del año pasado, ¿qué es este Parlamento?

-En este Parlamento hemos crecido bastante, hemos notado que vinieron muchas más hermanas, que esta vez buscaron la manera de llegar. A veces no es fácil porque sabemos que el empobrecimiento es terrible, sobre todo en las comunidades, y en el norte más todavía. Sin embargo, hay hermanas que han buscado la alternativa de gestionar su propio pasaje; nosotras en Esquel estuvimos haciendo tortafritas con las hermanas, comida, tratando de generar diferentes actividades para juntar la plata y poder pagar la traffic. Eso se está viendo, como que ya no tenemos tan metida esta cuestión del asistencialismo que nos metieron, porque fue una cosa que impuso este Gobierno, que si no pertenecemos a tal partido no nos dan tal cosa o tenemos que depender del cargo del intendente. Ahora notamos que hay un poco más de conciencia, que la participación no es para quedar bien con las hermanas mujeres, sino por ellas mismas, para buscar un cambio.

Lo que notamos en este Parlamento es que llegaron muchas más, no esperábamos tantas, creíamos que íbamos a ser menos porque justamente llegar a la Patagonia no es fácil, es más caro que ir a otro lado, y sin embargo llegaron.

Siempre con expectativas, las hermanas siempre están esperando este espacio para poder decir lo que piensan, lo que sienten, lo que están pasando. Ahora vemos también que se están animando a hablar, a contar un poco más lo que les pasa. El años pasado pasaba que les costaba un poco hablar, la mayoría son muy tímidas, y esta vez muchas de ellas han podido hablar y decir lo que piensan, incluso en su idioma, porque también hay una cuestión, sobre todo en la zona del norte, que las hermanas no manejan el idioma castellano o lo manejan muy poquito, entonces como hablan su idioma no se animan a hablar. Esta vez han decidido hablar en su idioma y que otra hermana traduzca, y eso para nosotras es cada vez más fuerte y más fortalecedor.

-¿Cuál es la perspectiva a futuro de esto?

-Creo que son varias. En sí, el Parlamento es para fortalecernos, para que podamos tomar conciencia de quiénes somos. La idea es que las hermanas que vengan, sobre todo de las ciudades, empiecen a fortalecerse y ellas mismas el día de mañana decidan irse a vivir al campo, si tienen que recuperar la tierra que lo hagan, que no sigan en las ciudades insertadas en la pobreza, en la falta de conocimiento, sino que decidan buscar otra alternativa. Más que nada eso es poder empoderarnos como mujeres indígenas, alcanzar derechos.

-Me llamó la atención el hecho de que participaran hermanas de otros países también. Lo que se ve es un crecimiento no solamente dentro de las fronteras, en un punto está adquiriendo una forma más continental, rompiendo esta idea de las fronteras nacionales.

-Porque justamente cuando empezamos a hablar de naciones hay una cuestión muy clara, creemos que los Estados han impuesto fronteras. En el caso de la cultura mapuche, de hecho vino la machi Ingrid, ella vive del otro lado de la cordillera, que llamamos “Ngulumapu”, con mapuches pero del otro lado de la cordillera. Entonces, creemos que no hay fronteras y que la situación que viven ellas la vivimos nosotros y debemos buscar alternativas, soluciones. Lo mismo que las hermanas del norte, las hermanas Kolla, en Bolivia hay hermanas Aymara que también están de este lado. Esto de no seguir creyendo que las fronteras nos pueden limitar, somos naciones, somos pueblos.

A la vez, también tuvimos este año la participación de una compañera que nos contó un poco sobre las mujeres palestina, que eso también está bueno porque si bien no es de este lado del continente, entendemos que la lucha de ellas está muy fuerte, y esa lucha a nosotras nos ayuda para conocer, para fortalecernos y saber que no estamos solas, que somos muchas las que estamos tratando de cambiar esta cuestión de los derechos como mujeres. Se está dando algo amplio, abierto para todas.

Por Antonela Di Candia y Noralí Aguirre Martí*, Resumen Latinoamericano, 24 de julio de 2019.

*La entrevista fue realizada de forma conjunta entre Resumen Latinoamericano, AnRed, Revista Cítrica y Latfem.

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