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Revelan cómo la CIA colaboró en el golpe de Estado contra Jacobo Árbenz

Han pasado 65 años del golpe de Estado organizado por la Agencia Central de Inteligencia contra Juan Jacobo Árbenz Guzmán (1913-1971), el “soldado del pueblo” que llegó a ser presidente de Guatemala (1951-1954), y una nueva página de esta historia ha sido revelada por su hijo Jacobo.

En su relato de cómo la CIA derrocó a su padre, rememora la ofensiva nefasta de la fuerzas de Estados Unidos, apoyadas por varios Gobiernos de Centroamérica y el Caribe, para acabar con el gobierno de Árbenz, un militar acusado de ser comunista y de atacar los intereses de los monopolios fruteros norteamericanos.

Era evidente, el plan de gobierno de Jacobo Árbenz se basaba en objetivos fundamentales: convertir Guatemala de un país dependiente y de economía semicolonial en un país económicamente independiente; transformarlo de un país atrasado y de economía predominantemente feudal en un país moderno y capitalista, algo que trastocó los intereses foráneos.

De acuerdo con la historia escrita, el 27 de junio de 1954 fue derrocado por un golpe de Estado dirigido por el Gobierno de Estados Unidos, con el patrocinio de la United Fruit Company (UFCO) y ejecutado por la CIA mediante la operación PBSUCCESS, que lo sustituyó por una junta militar que finalmente entregó el poder al coronel Carlos Castillo Armas.

En palabras de su hijo Jacobo Árbenz Vilanova, el ataque inició una semana antes, en la noche del 18 de junio de 1954, cuando “casi 500 solados al mando del coronel Carlos Castillo Armas habían cruzado la frontera desde Honduras con un único objetivo: poner fin al gobierno de Árbenz”, recoge la BBC.

Además de estas tropas regulares, diez saboteadores entrenados en Estados Unidos fueron delante explotando los puentes claves y cortando las líneas de telégrafo.

«Recuerdo que me tuve que esconder debajo de la cama durante el bombardeo«, contó Árbenz Vilanova al programa Witness de la BBC.

Los hechos ocurrieron en esa etapa de la vida que forja la personalidad de un hombre, cuando Jacobo apenas tenía siete años de edad y una memoria suficientemente entrenada para recordar la tensión que vivió su familia en medio de este vil ataque de Estados Unidos.

«Mi padre pasaba la mayor parte del tiempo en el Ministerio de Defensa. Recuerdo que lucía muy preocupado, moviéndose de un lado a otro, fumando, tratando de pensar qué hacer después«, explicó.

Árbenz llegó al poder después de ganar las elecciones que se desarrollaron en 1950; fue apoyado y respaldado por los partidos Renovación Nacional y Acción Revolucionaria de la Capital y el partido Integración Nacional de Quetzaltenango, obreros, campesinos, maestros y estudiantes.

Con los enemigos al acecho, mis padres «hicieron lo posible por no preocuparnos, pero pronto nos dimos cuenta de lo serio de la situación y los peligros que corríamos», cuenta Jacobo.

En el panorama internacional, Árbenz era visto como un replicador del ideario comunista de la URSS.

El enemigo común para Estados Unidos

Al inicio de su gobierno, los guatemaltecos parecían condenados a no prosperar. En 1950, el 76 % de los habitantes poseían menos del 10 % de las tierras; mientras que un 22 % solo controlaban el 70 %.

Para entonces, la United Fruit Company era dueña de más del 50 % de las tierras cultivables del país, de las que únicamente cultivaba el 2,6 %; y los campesinos tenían sueldos miserables.

Para dar vuelta a esta situación, “Árbenz dicta una serie de medidas que promueven un cambio social y que llevaron a los guatemaltecos más pobres a sentir que estaban viviendo una época inédita», comenta Roberto García Ferreira, historiador uruguayo y experto en el Golpe de Estado de 1954.

Las medidas, por su puesto, fueron de corte progresista y trataban de solucionar esa situación de atraso que vivía el país, pero las estrategias del nuevo presidente no fueron bien vistas por todos, especialmente por Estados Unidos.

“Una de las primeras medidas que mi padre tomó fue una reforma agraria. A la United Fruits Company, que tenía entonces un enorme poder en Guatemala, no le gustaron los cambios, cuando vieron que les afectaba su monopolio”, apuntó Jacobo.

Entonces, desde Estados Unidos “aprovecharon para tildar a mi padre de comunista, que era algo totalmente falso”.

El plan inmediato de EE. UU. para contrarrestar los esfuerzos de Árbenz fue promover y justificar la idea de una invasión. Para ello, “entrenaron mercenarios en Estados Unidos y también en Honduras”.

Detener el comunismo

El plan inmediato de EE. UU. para contrarrestar los esfuerzos de Árbenz fue promover y justificar la idea de una invasión. Para ello, “entrenaron mercenarios en Estados Unidos y también en Honduras, pero al principio cuando cruzaron hacia Guatemala, el ejército logró repelerlos”.

Acto seguido, los grandes terratenientes locales y la United Fruit Company comenzaron una campaña de deslegitimación contra el gobierno de Árbenz, con el firme propósito de evitar que la idea comunista y progresista se propagara en la región.

Los Gobiernos de la región temían que el ejemplo de Árbenz se extendiera por Centroamérica y el Caribe«, señala García Ferreira.

En el panorama internacional, Árbenz era visto como un replicador del ideario comunista de la URSS. De hecho, se vinculó con el Partido Guatemalteco del Trabajo, que profesaba abiertamente el comunismo. Era el momento de que la CIA entrara en acción para intervenir en Guatemala.

Diseñaron una operación experimental encubierta que denominaron PBSUCCESS y que, según García Ferreira, sería una especie de laboratorio para futuras invasiones estadounidenses en Latinoamérica.

En palabras de su hijo Jacobo Árbenz Vilanova, el ataque inició una semana antes, en la noche del 18 de junio de 1954, cuando “casi 500 solados al mando del coronel Carlos Castillo Armas habían cruzado la frontera desde Honduras con un único objetivo: poner fin al gobierno de Árbenz”.

Golpe consumado

Árbenz Vilanova recuerda claramente los efectos negativos que dejaron la invasión y el golpe de Estado a su padre, un efecto calificado como “desastroso que duró por mucho en nuestra familia, pero también en Guatemala».

Según su relato, “cuando su familia iba a abandonar Guatemala, los militares en el aeropuerto obligaron a su padre a quitarse la ropa para revisarlo. Las cámaras de los medios captaron la humillación, que serían una de las últimas fotos que se publicarían de Árbenz en Guatemala por décadas”.

Historiadores y expertos aseguran que la CIA hizo todo lo que pudo para quitarle legitimidad al expresidente y para perseguirlo por todos lados y presionar a los gobiernos de los países a los que pedía asilo.

El estigma se extendió por nueve países: México, Francia, Suiza, República Checa, Unión Soviética, Uruguay, Cuba, El Salvador y Costa Rica, donde la vida no fue fácil.

“A mis hermanas les afectó mucho y sufrieron mucho lo que pasó. Como resultado, una de ellas se quitó la vida en 1965 y la otra hizo lo mismo en 2004. Mi padre en sus últimos días se volvió un hombre muy amargado, decepcionado, frustrado de que lo que había tratado de hacer por Guatemala se hubiera malentendido», aseveró Jacobo.

Árbenz llegó al poder después de ganar las elecciones que se desarrollaron en 1950; fue apoyado y respaldado por los partidos Renovación Nacional y Acción Revolucionaria de la Capital y el partido Integración Nacional de Quetzaltenango, obreros, campesinos, maestros y estudiantes.

Desclasificado

En 2003, el Departamento de Estado de los Estados Unidos desclasificó una gran cantidad de documentos relacionados con el Gobierno arbencista.

En uno de los documentos se presenta el reporte que la Agencia de Inteligencia Nacional estadounidense hizo del Gobierno guatemalteco en marzo de 1952. Entre las conclusiones principales de dicho documento sobresalen:

Los comunistas ya tenían una fuerte influencia en Guatemala, lo que afectaba los intereses norteamericanos en el país y constituía una potencial amenaza al territorio de los Estados Unidos.

Los agentes estadounidenses no percibían que hubiera una oposición política efectiva contra los asesores del comunismo.

La fuerte influencia comunista y el apoyo de un sentimiento nacionalista permitiría que, aparte de la UFCO, se empezara a presionar a otras compañías estadounidenses.

Con la llegada de Árbenz al poder en Guatemala, la United Fruit Company entró en crisis y preveía perdidas en las grandes operaciones que tenía para ese momento en nueve países de América Latina. Evidentemente, representaba perder el dominio y el monopolio de la producción bananera de Guatemala.

De acuerdo con la enciclopedia libre Wikipedia, “la UFCO se veía amenazada en sus intereses económicos por la reforma agraria de Árbenz, que le quitaba importantes cantidades de tierras ociosas, y el nuevo Código de Trabajo de Guatemala, que ya no le permitía utilizar las fuerzas militares guatemaltecas para contrarrestar las demandas de sus trabajadores”.

Existen múltiples puntos de vista acerca de la razón de la renuncia de Árbenz. Hay quienes señalan que se debió a que el ejército de los Estados Unidos estaba preparando una invasión militar contra Guatemala.

Otros consideran que nadie apoyó el gobierno de Árbenz durante la crisis, y prácticamente acusan a toda Guatemala de pasividad y complicidad con el intento de derrocar el sistema democrático.

En su discurso de renuncia, escrito por José Manuel Fortuny, Árbenz acusó a las fuerzas liberacionistas y a la UFCO de utilizar la excusa del comunismo para atacar Guatemala y realizar ataques de aviadores mercenarios norteamericanos a objetivos civiles y militares.

Luego de exponer estas razones, renunció y cedió el poder al coronel Carlos Enrique Díaz, jefe de las fuerzas armadas de la República, convencido de que iba a garantizar la democracia en Guatemala y que todas las conquistas sociales de la revolución iban a ser mantenidas.

Díaz renunció a la presidencia pocos días después, y el poder terminó en manos del coronel Carlos Castillo Armas.

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