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Caso Allende: investigación histórica y forense descarta el suicidio

Lo sucedido con el presidente Salvador Allende en su hora final es una historia que parece no encontrar final. Cuando la investigación judicial –Rol 77-2011- sostenida por el ministro Mario Carroza está a un paso de cerrarse “total y definitivamente” declarando el suicidio -restando solo un pronunciamiento de la Corte Suprema que selle la materia- una extensa y rigurosa investigación del periodista de El Ciudadano y corresponsal del semanario Proceso (México) Francisco Marín, y del master en medicina forense Dr. Luis Ravanal, viene a poner en jaque esta construcción.

Ellos escribieron el libro Allende: “Yo no me rendiré”; La investigación histórica y forense que descarta el suicidio (Ceibo), que será lanzado el próximo 9 de septiembre a las 19.00 horas en el Teatro Camilo Henríquez, (Amunátegui 31, Metro Moneda).

La presentación estará a cargo de destacadas personalidades chilenas y extranjera: el doctor Hugo Rodríguez Almada, director del Departamento de Medicina Legal de la Facultad de Medicina de la Universidad de la República (Uruguay); Roberto Celedón, abogado querellante del “Caso Allende”; Nelson Caucoto, emblemático abogado de derechos humanos.

En entrevista con El Ciudadano, Marín dio algunas conclusiones de la citada investigación: “Después de estudiar el expediente completo de la causa; de hacer decenas de entrevistas; de realizar estudios e informes forenses; de leer los libros clásicos sobre esta materia; de investigar lo escrito en diarios y revistas; y de revisar películas conocidas y otras no tanto sobre este tema, los investigadores llegamos a la conclusión que la versión oficial –que Allende suicidó, y lo hizo con el fusil AK-47 que le regalara Fidel Castro- no encuentra ningún sustento en los hechos. Es una fabricación política, comunicacional e histórica realizada por los militares que asaltaron La Moneda. Ellos –agrega el corresponsal- intervinieron el sitio del suceso: se guardaron las armas, balas y vainillas encontradas en torno al cadáver de Allende; ordenaron que la autopsia fuese en el Hospital Militar y no en el Instituto Médico Legal como correspondía, y dispusieron que este procedimiento fuese vigilado por soldados armados con fusiles. Y luego se guardaron y nunca entregaron el informe de autopsia, el acta de análisis hecha por la Policía de Investigaciones incluyendo las cerca de 30 fotos capturadas en el sitio del suceso. Lo propio hicieron con las filmaciones hechas por Canal 13. Y esto ¿Para qué?. Para ocultar lo realmente sucedido. Afortunadamente esta historia permitió que se fueran filtrando y acumulando pruebas que hoy, a 40 años de lo sucedido, nos muestran una realidad que se muestra como irrefutable desde el punto de vista histórico-forense: Allende no se suicidó”, afirma el investigador.

Marín agrega: “La versión dada por el doctor Patricio Guijón el once de septiembre a los agentes del Laboratorio de Policía Técnica de Investigaciones, es totalmente distinta a la emitida nueve días después por el general Ernesto Baeza -en nombre de Guijón- y que se transformaría en la versión oficial. Guijón fue convertido por la Junta Militar en testigo clave sin que siquiera haya presenciado la muerte del Presidente Allende, como lo confirman diversos testimonios”.

El corresponsal de Proceso afirma que los medios de comunicación –que han validado el relato de este médico- han omitido informar las contradicciones de sus declaraciones.

Según se afirma en “Yo no me rendiré” -a cuya maqueta de impresión El Ciudadano tuvo acceso- la foto Nº 1416/73-A, sacada por la Policía de Investigaciones ese 11 de septiembre, pone en evidencia que el cuerpo de Allende fue cambiado de lugar para simular el suicidio.

“Ésta foro muestra –según se sostiene en el libro- un cadáver perfectamente alineado y en posición recta, como un tronco caído, lo que no es concordante con un individuo que en vida se pega un tiro de fusil bajo la mandíbula estando sentado, menos aun cuando  ha ocurrido una destrucción masiva del encéfalo, lo que conlleva a una desconexión neurológica absoluta e instantánea, por lo que no cabría esperar que ocurriesen movimientos agónicos y/o reflejos en estas condiciones, que llevasen a las cuatro extremidades a alinearse con el eje principal del cuerpo, y extenderse  totalmente las rodillas en la forma y magnitud que se aprecia en las imágenes y esquemas. Esta evidencia  demuestra claramente que no sólo el arma fue manipulada, sino que también el cadáver, dejándolo  en una posición de arrastre sobre el sofá, por cuanto cuando un cadáver se arrastra por el tronco en posición ventral, las piernas se arrastran detrás de este extendiéndose las rodillas y apoyándose el peso en los talones. Bajo el cuerpo de Allende se observa una frazada con la que casi con certeza fue trasladado una vez muerto”.

Marín dice que existen “cientos de otras pruebas como esta que evidencian lo absurdo e irreal de la tesis del suicidio”, la que según él “sólo pudo y puede sostenerse, gracias al poder de quienes la promovieron desde el mismo 11 de septiembre de 1973, hasta casi imponerla como una verdad incontrovertible”.

El Dr. Luis Ravanal, señaló en el mencionado libro que la investigación judicial “no resolvió la discordancia central que motivó la apertura de la causa: la existencia de un orificio redondeado de salida de proyectil tallado a bisel externo en la parte posterior de la bóveda craneana, que fue descrito en la autopsia de 1973, y que se alinea perfectamente con una lesión en la zona frontal. Este orificio, por sus características, debió ser realizado por un arma de bajo calibre, previo al disparo de fusil que provocó estallido de cráneo”.

Marín agrega en este punto: “Curiosamente uno de los médicos responsables de esta autopsia, el Dr. José Luis Vásquez declaró dos veces en esta causa sin que se le haya preguntado acerca de este orificio, materia que fue obviada en las conclusiones finales de la investigación llevada por el ministro Carroza”.

Los autores señalan que en la autopsia de 2011 “no se pudo determinar cuántos disparos atravesaron el cráneo de Allende ni la trayectoria de éstos, ni el punto de entrada ni el de salida, pues cerca de la mitad de los huesos que componen el cráneo desaparecieron (casi con certeza, con ocasión de la desprolija exhumación realizada en forma previa al funeral oficial del 4 de septiembre de 1990). Sin embargo, se ratificó el suicidio, decisión que no encuentra sustento en los hechos”.

En el contexto de la investigación que da origen a este libro, se realizó un análisis de los últimos antecedentes contenidos en la investigación judicial y médico legal de este caso. Esto permitió alcanzar nuevos hallazgos. El más importante de todos es la detección de altas concentraciones de pólvora en la zona de la frente y periorbitaria izquierda “compatibles con un orificio de entrada de proyectil balístico generado de corta distancia”.  Este hallazgo aparece mencionado en informe químico del Laboratorio de Criminalística Central, Sección Química y Física, de la Policía de Investigaciones de Chile,  denominado “Informe Pericial Químico N° 261 /2011”, realizado el 27 de mayo de 2011. Este orificio de entrada de proyectil podría explicar la existencia del mencionado orificio de salida descrito en 1973.

“¿Quién realizó este disparo? ¿Cómo fue que el magistrado a cargo omitió pronunciarse sobre este hallazgo clave en sus conclusiones finales? Son materias que abordamos en esta investigación, que contiene relatos y testimonios que dan cuenta de una fiera batalla ocurrida al interior de La Moneda después que los militares ya habían entrado y de la que participó el presidente Allende como lo reconoce el propio general Javier Palacios en declaraciones que han sido omitidas por la justicia y por los sostenedores –conscientes o inconscientes- de la historia oficial”, remató Marín.

El Ciudadano

 

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