Corte Suprema anula sentencia y absuelve a condenado por Consejo de Guerra de Punta Arenas en septiembre de 1974

"Creo que este fallo es una ventana necesaria e indispensable contra la impunidad. Esta sentencia me devuelve, en parte, mi dignidad, no solo a mí, también a mis otros compañeros que fueron también condenados por el Consejo de Guerra”, expresó Alejandro Lanfranco Leverton, quien fue sometido a torturas para obtener su confesión.

La Segunda Sala Penal de la Corte Suprema anuló sentencia dictada por un Consejo de Guerra de Punta Arenas que, en septiembre de 1974,  había condenado a Fernando Lanfranco Leverton, ingeniero y músico,  a la pena de cinco años de presidio menor en su grado máximo como autor de delitos contra la Seguridad Interior del Estado y lo absolvió de todos los cargos que se le imputaron tras acreditarse su completa inocencia. 

El fallo fue pronunciado por los ministros Manuel Antonio Valderrama,  Jorge Dahm, la ministra Suplente María Carolina Catepillán y los abogados integrantes Eduardo Morales y Leonor Etcheberry, quienes acogieron el recurso de revisión interpuesto por el abogado Francisco Ugás Tapia, representante del recurrente  Lanfranco Leverton, dirigido a anular las sentencias del Consejo de Guerra llevado a cabo en dicha ciudad y todo su procedimiento. 

«Aparece demostrada la existencia de un método, patrón o sistema general de menoscabo físico o mental y de afrenta a su dignidad, al que fueron sometidos los acusados ante los Consejos de Guerra convocados -dentro de los cuales se encuentran incluidos los impugnantes-, los que fueron cometidos por parte de sus interrogadores, celadores u otros funcionarios que intervinieron en el procedimiento mientras dichos inculpados eran mantenidos detenidos, todo ello con el objeto de obtener su admisión o confesión de los hechos que se les atribuían, así como para que implicaran o imputaran al resto de los procesados en los mismos hechos», afirma el fallo.

La resolución establece que «prescindiendo de esas confesiones y declaraciones no quedan elementos probatorios que permitieran al Consejo de Guerra alcanzar la convicción condenatoria en la sentencia objeto de revisión y, por consiguiente, las circunstancias que se han descubierto, con posterioridad, son de tal naturaleza que permiten establecer claramente la inocencia de los allí condenados».

«En tales condiciones, atendida la finalidad de justicia que justifica el recurso de revisión, se hará lugar a la acción y se declarará que todo lo obrado el proceso impugnado, en relación a los recurrentes de autos, es nulo», concluye.

Por tanto, «se acoge la solicitud de revisión deducida en autos, y se invalida la sentencia del 30 de septiembre de 1974 del Tribunal Militar en Tiempo de Guerra de Punta Arenas, por la cual, se condenó al recurrente. (…) Se absuelve, por haber sido probada su inocencia, a Fernando Alejandro Lanfranco Leverton».

Francisco Ugás,  coordinador jurídico del Estudio Caucoto Abogados,  celebró el fallo manifestando que “en el caso que nos convoca, anular esas sentencias y ese juicio, declarando la absolución de don Fernando por haber sido probada su inocencia, es una medida de justicia y de reparación sustantiva, que apunta a restablecer el buen nombre y la dignidad de una persona injustamente condenada por un espurio consejo de guerra; medida, por cierto, muy necesaria para las personas afectadas y positivamente valoradas por ellas, pese al transcurso del tiempo”.

“Me devolvieron en parte mi dignidad”

El 10 de octubre de 1973 fue detenido desde la sala de clases, y lo trasladaron al regimiento Cochrane. Ahí vivió encierro, golpes, torturas. El 21 de diciembre lo embarcaron rumbo a Isla Dawson, junto a otros 14 jóvenes, todos condenados por el mismo procedimiento militar.

En 1976 partió al exilio en Dublín, Irlanda, país donde estuvo por los siguientes 14 años y donde ejerció la mecánica automotriz, carrera que ha compatibilizado con la música. En julio de 1990 finalmente pudo retornar al país. 

Ad portas de cumplirse 50 años de ocurrido los hechos, Lanfranco agradece la sentencia del máximo tribunal ya que, dice,  le devolvieron su dignidad:

“Lo tomo con tranquilidad. A pesar de todo lo que me pasó y me sigue pasando en la vida, no hay rencores ni ganas de venganzas. Creo que este fallo es una ventana necesaria e indispensable contra la impunidad. Esta sentencia me devuelve, en parte, mi dignidad, no solo a mí, también a mis otros compañeros que fueron también condenados por el Consejo de Guerra”, expresó.

Para Lanfranco se vuelve aún más  relevante la sentencia del tribunal, ya que, según relata, todo se dio en un contexto de irregularidades extremas “me detuvieron y condenaron basados en mentiras y confesiones bajo torturas y creo que lo más importante es mi familia, que conociéndose esto me devuelve la tranquilidad por ellos”. 

La música contra el encierro, tortura y exilio  

Fernando Lanfranco Leverton, junto a otros compañeros de celda compusieron  un trabajo musical que los ayudó a resistir el encierro y las torturas. La pieza artística, conocida como Cantata Latinoamerica Isla Dawson, fue terminada en 1976 cuando estuvieron en la cárcel pública de Punta Arenas, previo al exilio. 

Con el tiempo, el trabajo musical fue rescatado y será revivido el próximo 4 de septiembre en el teatro municipal de Punta Arenas, en Magallanes,  en el contexto de los 50 años del golpe de Estado.

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